La Invitada CAPÍTULO 42
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CAPÍTULO 42

LORENA

Déjate llevar

No debería haberme ido de viaje, ahora mismo debería estar en casa, controlando todo lo que pasa. No me fío de Ana, y no me fío de Javier.

Diga lo que diga mi marido, y por mucho que esa pistola que hay en su santuario finalmente no fuese suya, eso no cambia las cosas. Esa chica me sigue dando muy mala espina, y he decidido que esto debe terminar ya.

El viaje con Carlos a Santander no está yendo mal, tiene una conversación mucho más interesante y entretenida de lo que esperaba.

Y desde que soy jefa, me trata mejor, me da la impresión de que ya no me mira tanto las piernas ni el culo, aun así, tengo serias sospechas de que no le importaría que pasase algo entre nosotros.

Durante la mañana nos reunimos con algunos altos cargos de otras comunidades autónomas.

Tomamos café y hablamos de los mismos problemas que tenemos nosotros, pero en otros lugares.

Yo me siento un poco impostara, porque aquí la gente habla con una propiedad y una seguridad de la que yo no me siento propietaria.

Además, no puedo quitarme de la cabeza lo que pasó ayer, lo que está pasando toda la semana con nuestra invitada.

A veces tengo la impresión de que me estoy volviendo loca.

De que, como dijo Javier, solo veo cosas malas en las personas.

⸺Te noto un poco dispersa, ¿todo bien? ⸺dice Carlos cuando nos tomamos un rato para comer.

⸺Sí, todo bien, es solo que tengo esa sensación de que se me ha olvidado algo importante en casa.

Carlos sonríe con educación. Usa un perfume amaderado, varonil, caro. Levanta la mano para llamar a la camarera de falda ultracorta y pestañas postizas.

⸺Conozco esa sensación, de hecho, la llevo sufriendo a diario, ¿sabes a qué se debe?

⸺¿Yo? ¿Que si sé a qué se debe esa sensación?

⸺Sí.

⸺No, no lo sé.

La camarera llega a nuestra mesa.

⸺¿Ya saben qué van a tomar? ⸺pregunta mirando a Carlos, que es quien la ha llamado.

⸺Para mí un menú del día, de primero ensalada mixta y de segundo la carrillera.

⸺¿Y para beber?

⸺Una cerveza, por favor, la que sea, pero que esté muy fría.

⸺Eso está hecho, a mí también me gustan frías, ¿y para usted?

⸺dice la joven camarera mirándome a mí. Veo cómo Carlos le mira de reojo las piernas.

Con ella no se ha podido contener. Por lo que veo no es solo una cuestión de que le gusten las mujeres más jóvenes que él, a lo mejor es que lo que más le pone es la posición de superioridad frente a ellas.

⸺Yo querré croquetas de primero y la merluza de segundo, para beber una copa de vino blanco, por favor.

La chica cierra la libreta y se marcha dejando un ligero aroma a tabaco. Eso me recuerda otra vez a Ana, ¿cómo se le ocurre fumar a escondidas en mi casa? Odio el tabaco.

⸺Volviendo a esa sensación en la que piensas que te has olvidado de algo, creo que suele pasar cuando tienes muchas cosas en la cabeza y también preocupaciones de más.

Es la forma con la que tu subconsciente te dice que tienes que parar.

Que estás queriendo abarcar más cosas de las que puedes soportar.

⸺Vaya, ¿y dices que tú sufres esa sensación a diario?

Carlos sonríe desde la experiencia, sin soberbia. Cada día que pasa me sorprende para mejor.

⸺Así es, sufro a diario el precio de querer hacer demasiado, esa es una de las razones por las que te he hecho jefa, para quitarme tareas y responsabilidades de encima, saber delegar es de las cosas más difíciles que hay en esta vida, al menos para las personas como nosotros, que quieren controlarlo todo.

La camarera trae nuestras bebidas y yo casi recojo mi copa al vuelo. Lo cierto es que necesito un par de buenos tragos para olvidarme un poco de todo. Estar junto a Carlos está pasando de ser algo tenso, a ser agradable.

⸺Pues creo que has dado en el clavo en todo, yo hace tiempo que me encuentro muy saturada, en casa, con las niñas, en el trabajo, a veces tengo la sensación de que me va a estallar la cabeza de tanta presión.

⸺Tienes que aprender a relajarte un poco más, y a disfrutar, en esta vida no todo son obligaciones, ni responsabilidades, en esta vida hemos venido a pasarlo bien, no a sufrir, eso yo lo tengo claro.

⸺Ojalá fuese tan fácil.

⸺Tú aún eres joven, y ahora estás en una fase complicada, pero con el paso de los días lo verás de otra manera, y el nuevo puesto también te va a dar seguridad. Tengo grandes planes para ti, Lorena. Dime, qué tal van las cosas en casa, me refiero con tu marido.

Miro a Carlos a los ojos, y él sonríe de forma desenfadada. Mi cara debe ser un poema. Lo que ha dicho de los planes has sonado como demasiado bien, nombrar a mi marido, como demasiado mal.

⸺Bien, ¿por qué lo dices?

⸺Vamos, Lorena, que somos adultos, y compañeros, y espero que también amigos.

Hace unos días te dije que tengo un ojo muy agudo con las personas, no sé, es mirarlas de cerca y sé lo que les pasa.

A ti te preocupa algo, y no de ahora, si no de hace más días.

Ese algo tiene que ver, en parte, con tu marido.

Me quedo pensando en la elocuencia de Carlos. Y en su agudeza. Está claro que algo ha visto. Me pregunto el qué.

⸺¿Y qué crees que me preocupa?

⸺Ya no sabes si tu marido te quiere como te quería, tampoco sabes si tú lo quieres a él como lo querías. Estás empezando a pensar que a lo mejor no es la persona con la que creías que estarías toda la vida. Y eso da vértigo, a veces también da un poco de miedo.

Le doy un fuerte trago a la copa de vino, prácticamente me la termino. Me pregunto qué responder. Es como si acabase de tener acceso a una parte de mí que ni yo misma veo.

Niego un poco con la cabeza antes de hablar.

⸺No sé qué decir, Carlos, pero sí, tienes razón, para qué mentir, Javier y yo no estamos bien, y tú lo has definido a la perfección.

Creo que yo a él ya no le intereso como le interesaba, pero es que al revés pasa lo mismo.

Es una situación difícil, muy difícil, no sé si lo sabes, pero él no es mi primer marido, a veces me pregunto si soy yo el problema.

Carlos niega dándole un aire de tranquilidad a su gesto.

Y es que eso es lo que precisamente necesito.

Que alguien me dé un poco de paz y tranquilidad, solo eso.

Le da un buen trago a la cerveza y levanta la mano, le hace un gesto a la camarera para que sirva otra ronda de las mismas bebidas.

Yo lo agradezco. Se nota que Carlos tiene tablas para moverse en cualquier lugar y con cualquier persona.

A pesar de la diferencia de edad con la chica que nos está atendiendo, y también de la evidente diferencia de clase social, parece entenderse a la perfección con ella.

⸺En primer lugar, y para tu tranquilidad, te diré que no tienes nada por lo que preocuparte, porque lo que te está pasando es exactamente lo mismo que le ha pasado a todo el mundo antes o después, todo el mundo que ha tenido una relación de larga duración, claro está.

Lo que ocurre es que la gente rara vez habla. Aunque tú tienes una ventaja.

⸺¿Sí? Pues dime cuál, porque yo ahora mismo estoy muy perdida.

⸺No solo estás siendo consciente de lo que te sucede, también te estás atreviendo a verbalizarlo, y a contarlo, eso te pone en una posición privilegiada para afrontarlo, y superarlo.

Me termino la copa de vino y apenas un instante después llega nuestra camarera y deja las nuevas bebidas sobre la mesa. Mira a Carlos de un modo que se me antoja libidinoso. Él a ella en cambio ya no la mira, me mira solo a mí.

⸺¿Y cómo se supone que lo tengo que afrontar y superar?

Carlos vuelve a sonreír.

⸺¿De verdad lo quieres oír?

⸺Claro.

⸺Pues es tan sencillo como dejarte llevar.

Olvídate de las obligaciones y los deberes, y solo siente, y después haz.

Nuestra parte racional solo supone un cinco por cien de nuestra mente, de quiénes somos, de lo que somos en realidad, el resto es todo subconsciente.

En cambio, nos empeñamos en obedecer diariamente a ese cinco por cien de la razón, obviando el resto de lo que somos.

Es como si nuestra conciencia tuviera esclavizado a nuestro subconsciente, que es la parte de nosotros que siente, que disfruta, que goza.

Cuando trato de responder me doy cuenta de dos cosas: una, estoy empezando a estar un poco mareada, y dos, no sé cómo lo está haciendo Carlos, pero también me estoy empezando a encontrar un poco excitada.

⸺No sé si te estoy terminando de seguir, Carlos, pero lo que me aconsejas es que me deje llevar, pero en qué en sentido.

⸺En el sentido de que estar toda la vida con una persona es antinatural, en que tienes que salir, disfrutar más, hacer lo que te pida el cuerpo. Las responsabilidades y las obligaciones están muy bien, pero hay que saber dejarlas a un lado de vez en cuando.

⸺¿Tú lo haces?

⸺Por supuesto que lo hago.

Vuelve a sonreír de ese modo con el que entremezcla la seguridad y su juego de seducción.

⸺A ver si te sigo, Carlos, ¿me estás queriendo decir que tenga una aventura con alguien?

Se encoge de hombros. La camera llega con los primeros platos. Los deja en la mesa. Se marcha dejando un rastro de perfume, se debe haber rociado en el baño.

⸺Te estoy queriendo decir que le hagas un poco más de caso a tu cuerpo de vez en cuando y menos a tu cerebro, si eso implica tener una o varias aventuras, tenlas, si eso implica irte de viaje sola de vez en cuando, hazlo. Hay que dejar salir lo que llevas dentro de vez en cuando, a eso me refiero.

Asiento mientras digiero las sinceras y crudas palabras de Carlos, me imaginaba que él no era el rey de la fidelidad, pero no que fuese a ser tan explícito al exponer su forma de pensar.

Después me digo que tal vez tenga razón, y lo que he de hacer de una vez es dejar salir lo que tengo dentro.