La Invitada CAPÍTULO 41
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CAPÍTULO 41

JAVIER

Una noche para recordar

Lo peor de todo es que cuando Lorena parte hacia Santander en ese viaje con su jefe debido a un nuevo cargo del cual, por cierto, ni me había hablado, me siento extraña y preocupantemente bien.

Sé que está mal, que no debería alegrarme el hecho de que mi mujer vaya a estar como quien dice un par de días fuera, pero lo cierto es que estoy feliz, y las niñas también lo están.

Durante la mañana le pregunto a Ana varias veces que como se encuentra.

Ella incluso bromea con que parezco su padre.

Me dice que está bien, que no me preocupe, pero que estará mejor si puedo volver antes a casa, está un poco dolorida y ha tenido varias veces una especie de calambres en manos y pies y tiene un poco de miedo a estar sola.

Miro la hora, es la una del mediodía, no es una hora a la que se pueda salir sin dar una explicación.

Así que me invento que me duele un poco la cabeza y salgo del trabajo.

Reme me recuerda que tenía un par de reuniones bastante importantes a última hora, me pregunta que qué hace con ellas.

Yo le digo que busque otra fecha, en esta etapa de mi vida me está empezando a resbalar bastante este tipo de cosas.

⸺¿Javier? ¿Eres tú?

Escucho la voz de Ana bajar por las escaleras con su habitual tono dulce y acogedor.

⸺Claro que soy yo, ¿quién va a ser? ¿El lobo feroz?

⸺Qué tonto. Escucha, ¿me harías un favor?

⸺Claro, dime.

⸺Quería darme un baño, pero me da un poco de miedo marearme o algo, ¿te importaría subir y quedarte en el cuarto por si me entra un desmayo o vuelvo a quedarme paralizada? Ayer lo pasé tan sumamente mal que hasta que se me pase un poco el miedo prefiero no hacer algunas cosas solas, no sea el caso.

⸺Por supuesto, Ana, solo faltaba, subo en un minuto.

Abro la nevera y me saco la cerveza. En mi cabeza se reproduce la imagen de Ana desnuda, metiéndose en la bañera con sumo cuidado, en el baño de mi santuario.

Tiene razón Lorena, toda la razón. Esto no está bien.

Subiré, me sentaré en el sillón de lectura del cuarto y esperaré a que salga de la bañera mientras hablamos de la música de los setenta o de los ochenta.

⸺Vaya, tú sí que sabes ⸺dice Ana mirando la cerveza que tengo en la mano con una sonrisa en la cara.

Yo la miro y le sigo el juego, no sé qué me pasa con ella, pero me es imposible permanecer impasible.

⸺Perdón, qué maleducado soy, no te he ofrecido, ¿te traigo una?

⸺De momento me vale con que compartamos esa, si a ti no te importa, claro.

⸺Para nada ⸺digo tendiéndoles la cerveza de Alhambra verde a Ana, que está a un metro de mí con el cuerpo únicamente tapado por la toalla que lleva enrollada entre los pechos y los muslos.

Coge la cerveza y le da un largo y sensual trago. El cuello de la botella, como ya hizo la otra vez, permanece en el interior de sus labios durante más tiempo del que debiera. Después me devuelve la cerveza y se queda mirándome a los ojos, también durante más tiempo del que debiera.

⸺Entro en la bañera, ¿vale?

⸺Claro, yo esperaré aquí fuera.

⸺Gracias, Javier, no tardaré demasiado. Si no te importa, dejaré la puerta del baño entornada, por si tengo que llamarte o algo, así me oirás mejor.

⸺Me parece perfecto.

Ana se pierde por el interior del baño, dejando la puerta medio abierta. Se escucha cómo abre el grifo de la ducha. Un potente haz de luz ilumina un amplio triángulo del suelo de mi buhardilla.

Cierro los ojos para evitar pensar en el cuerpo de Ana, pero me resulta bastante complicado. Me pregunto qué estoy haciendo, que Lorena, tal y como ella dijo, no se merece esto.

⸺¿Por qué no pones algo de música, Javier?

⸺Claro, ¿te apetece algo en especial?

⸺Que elijas la que a ti te apetezca.

⸺Hecho.

Busco entre mis vinilos, a los que encuentro bastante revueltos y fuera del sitio, y me decanto por algo de Fleetwood Mac .

De este grupo no he hablado con Ana, y durante muchísimos años fue uno de mis favoritos.

Es el álbum Rumors , considerado uno de los cien mejores de la historia.

Pongo directamente el tema de Dreams, y con los primeros acordes mi vista se pierde un poco por mi santuario, el mismo lugar por el que ayer Lorena estuvo husmeando.

Veo ropa tirada por el suelo. Tanto ropa interior como ropa de calle.

La cama deshecha y libros y revistas mías apiladas por el suelo.

También está movido el sillón de lectura.

Ana lo ha colocado junto a la ventana que da a la calle.

No me desagrada la nueva ubicación. Mis guitarras también están todas fuera de su lugar habitual, colgadas en la pared.

Sonrío pensando en que la presencia de Ana en este cuarto le ha dado un toque juvenil que me trae muy buenos recuerdos.

Solo le ha faltado poner pósteres de Iron Maiden o Bon Jovi en las paredes.

⸺¡Me encanta esta canción! ¡Adoro Fleetwood! ⸺dice Ana levantando la voz para que pueda escucharla desde el baño. Sonrío. Me alegra haber acertado.

⸺Sí, son geniales, tenían un sello propio muy particular. Y la voz de Stevie Nicks es tan melódica.

⸺Totalmente, ¿sabías que le escribió esta canción a Lindsey, guitarrista de la banda, cuando se separó de él?

Vuelvo a sonreír. Jamás en la vida pensé que conocería a una chica que supiese tanto de música y, concretamente, tanto sobre esos detalles que a la mayoría de la gente no suelen importarles.

⸺Sí, de hecho, prácticamente todo el álbum está compuesto por reproches que se lanzaban entre las parejas que se habían formado en la banda.

Fue un periodo muy caótico a nivel emocional en el que se produjeron divorcios, separaciones, infidelidades varias, todo ello en el seno de la banda. De todo eso salió una obra maestra.

Durante unos segundos Ana no dice nada. Solo escucho el agua correr y los pequeños ruidos que hace su cuerpo cuando se mueve por el interior de la bañera.

⸺¿Te importa que le de otro trago a la cerveza?

Su pregunta viene cargada de otra pregunta, una que me hago a mí mismo, ¿cómo le doy la cerveza sin ver su cuerpo desnudo en el interior de la bañera?

⸺Por supuesto que no, te la acerco ⸺digo mientras pienso cómo dársela sin verla.

Me acerco hasta la puerta, controlo un poco la respiración, después entro tapándome los ojos con una mano.

⸺Vaya, Javier, qué considerado eres, la mayoría de los chicos que conozco hubiesen aprovechado para verme desnuda ⸺dice Ana en tono gracioso.

⸺Bueno, yo no soy como la mayoría.

⸺De eso ya me he dado cuenta, ya ⸺dice Ana mientras noto cómo su mano mojada roza la mía para coger la cerveza.

El tiempo que tarda en beber y devolverme la cerveza se me hace eterno, después vuelvo a salir del baño poniendo cuidado en no caer.

Tras un par de canciones más. Escucho cómo Ana cierra el grifo de la bañera.

⸺¿Te apetece algo especial para comer, Javier?

⸺Pues la verdad es que no lo había pensado, lo que tengo claro es que tú no vas a cocinar hoy en el estado en el que te encuentras.

⸺Tampoco tendría ningún problema.

⸺Ni se te ocurra, ¿te parece si pedimos algo?

⸺Vale, ¿una hamburguesa?

⸺Hecho.

Bajo hasta la planta baja para buscar el móvil y hacer el pedido. Me noto un poco nervioso. Estar tan cerca de Ana, y en la situación en la que ella estaba, han hecho que subieran mis pulsaciones. Hago el pedido y me abro otra cerveza.

⸺¿Javier?

⸺Sí, dime, Ana.

⸺¿Te importaría subir otra vez, por favor?

⸺Claro, voy.

Subo las escaleras hasta mi santuario con la cerveza en la mano. Todavía se escucha a Fleetwood Mac.

Cuando llego a la buhardilla me encuentro a Ana fumando un cigarro junto a la ventana, tiene la toalla enrollada en el cuerpo. Me quedo en silencio durante un par de segundos.

⸺No sabía que fumases.

⸺Fumo a veces, no te importa, ¿verdad?

La verdad es que sí me importa, aunque no demasiado. El problema es si se entera Lorena.

⸺Claro, no te preocupes.

⸺¿Quieres uno?

⸺Pues la verdad es que lo dejé hace bastante tiempo.

⸺Vamos, por uno no te va a pasar nada, así recuerdas los viejos tiempos.

Hay algo en Ana, aparte de toda esa dulzura que muestra por las niñas, que parece que me esté invitando a ir por el mal camino, por el lado mano.

⸺De acuerdo.

Ana sonríe satisfecha y me da un cigarro, incluso se toma la molestia de encendérmelo ella.

⸺Te quería pedir otro favor, Javier, si es abusar demasiado, dímelo, por favor.

⸺Tranquila, dime, qué necesitas.

Ella tuerce un poco el cuello y me sonríe de esa forma tan sensual.

⸺Aunque no lo parezca tengo aún bastante dolor en la espalda, en la cabeza y en las piernas, ¿te importaría ayudarme a recoger un poco todo este desastre?

Lo cierto es que sí hay bastante desastre.

⸺Para nada, sin problema.

⸺Joder, Javier, eres un auténtico ángel, si ya me echaras un cable para vestirme te lo agradecería el resto de mi vida.

Le doy una calada al cigarro y noto algo de mareo. No sé lo que estoy haciendo. Pero tengo que parar esto. Aunque no sé si quiero hacerlo.

Primero recojo las cosas de Ana de la buhardilla, siguiendo sus indicaciones.

Eso incluye tener que coger, entre otras cosas, su ropa interior.

Después la ayudo a vestirse, tal y como me ha pedido.

Y me entra una excitación tan grande que estoy a punto de desmayarme.

Ahora sí, la he visto desnuda, y tiene un cuerpo impresionante.

Solo con que Lorena se enterase de esto, ya sería motivo suficiente para ponerme de patitas en la calle.

Afortunadamente, después de esto, las provocaciones de Ana paran. Aunque me temo que no serán las últimas, más si cabe mientras Lorena no está en casa.