CAPÍTULO 40
LORENA
Es una criminal muy peligrosa
⸺¿Qué? De ninguna manera voy a permitir eso. Por encima de mi cadáver va a volver Ana a casa.
⸺Pero ¿se puede saber qué te pasa con Ana, Lorena?
⸺¿Qué me pasa? ¿Hace falta que te lo vuelva a repetir?
Desde que ha llegado no ha dejado de hacerse la buena y de intentar ganarse a las niñas y a ti, cosa que le ha resultado facilísimo, porque habéis caído en su juego y en sus encantos a la mínima de cambio, no me esperaba esto de ti, Javier, no imaginas lo mucho que me estás decepcionando.
⸺Pero ¿tú te estás oyendo, Lorena?
⸺Sí, me estoy oyendo perfectamente, quien me parece que no se entera de nada eres tú.
Te ha comido la cabeza y no te has dado ni cuenta, qué decepción más grande, Javier, te creía con más personalidad y más inteligencia, pero veo que en el fondo eres como todos los demás y que dejas de pensar en cuanto ves un par de piernas.
⸺Lorena, no te permito que me sigas hablando en ese tono, te pido que me respetes.
⸺¿Que te respete? ¿Me estás respetando tú a mí?
⸺Sí, por supuesto que sí.
⸺Y una mierda, si me respetases no tontearías con ella ni le ofrecerías nuestra casa.
⸺Lorena, me parece que ves fantasmas donde no los hay, y que solo ves cosas malas, cosas que solo están en tu cabeza. Yo no he tonteado con ella.
⸺¿Cosas que solo están en mi cabeza? ¿Pero tú de qué coño vas? ¿Me estás llamando loca?
⸺No, Lorena, y te voy a pedir que te tranquilices y que no me grites.
Cierro los ojos y cojo aire para no romper a gritar como nunca lo he hecho.
Martina y Natalia me miran horrorizadas desde el sofá.
Lo están oyendo todo, y lo peor es que me miran como si verdaderamente estuviese loca.
Percibo mi propio olor corporal, huelo mal.
Odio cuando Javier me pide que no le grite cuando todavía no le he gritado.
⸺Mira, Javier, creo que ya he tenido bastante paciencia esta semana. Yo no me merezco esto. Te pongas como te pongas, Ana no se va a quedar en nuestra casa, no va a dormir bajo el mismo techo que mis hijas ni un solo día más, entre otras cosas, porque es peligrosa.
⸺¿Peligrosa Ana? ¿En serio? De verdad, Lorena, esto ya es demasiado, pero si Ana es todo dulzura, ¿tú la has visto con las niñas?
⸺Lo que he visto es que guarda una pistola en la buhardilla, eso es lo que he visto. Es una criminal, Javier, es peligrosa, y te juro por mi vida que no va a volver a entrar en mi casa.
Javier suspira al otro lado de la línea. Tarda en responder.
⸺Lorena, ¿qué pistola? ¿De qué pistola hablas?
⸺Joder, Javier, pues de una pistola como otra cualquiera, no soy experta en armas.
Javier vuelve a suspirar y a coger aire. El muy cabrón se debe estar diciendo que la ha cagado pero bien. Y también que va a tener que ir olvidándose de esa zorra psicópata de Ana.
⸺¿Puedes decirme dónde encontraste la pistola y por qué no me habías dicho antes nada?
⸺La encontré ayer, oculta bajo uno de los cajones de la mesilla de noche que hay en la buhardilla, y no te había dicho nada porque estaba tan sumamente en shock que no tuve fuerzas ni ánimos para decírtelo, y porque tenía más que claro que hoy Ana se largaba.
Así que no lo consideré ni urgente ni necesario.
⸺Lorena, ¿puedo saber qué hacías ayer en la buhardilla? ¿Espías a Ana? ¿Es eso?
⸺¿Qué? ¿Pero de qué vas? ¿Es que ahora no puedo entrar en mi propia casa?
⸺Sí, claro que puedes, pero te recuerdo que la buhardilla era mi santuario, y que ahora hay allí durmiendo una persona que me parece que también merece algo de intimidad.
⸺Dios, Javier, esto ya es demasiado, ¿pero tú eres gilipollas o qué te pasa?
⸺Por favor, Lorena, no me insultes y no me grites. Yo no te estoy gritando. Ya te he dicho un millón de veces que no lo soporto.
⸺Pues yo sí te grito a ti, ¿qué pasa? Porque eres idiota y un cabrón de mierda que lo único que quiere es follarse a otra.
⸺¿Follarme a otra? Pero ¿de qué hablas?
⸺Joder, te digo que he encontrado una pistola en casa entre las cosas de nuestra jodida invitada y lo único que se te ocurre decir es que por qué he entrado en la buhardilla de mi propia casa, ¿cómo no quieres que grite? ¿Qué tipo de locura es esta?
⸺Lorena, tranquilízate de una vez. La pistola de la que hablas es mía, ¿vale? Y precisamente estaba guardada ahí porque la buhardilla era mi lugar privado de la casa, ¿de acuerdo?
Tengo que sentarme en una silla para no irme al suelo. No entiendo nada. Al final, entre unas cosas y otras, me van a romper de verdad.
⸺Javier, ¿cómo que la pistola es tuya? ¿Desde cuándo tienes una pistola? ¿Y la guardas en casa, así, sin más?
⸺Lorena, esa pistola la tengo desde hace muchísimos años, y la guardo ahí porque ni es una pistola de verdad, ni está cargada.
Es una pistola de balines que usaba para ir a practicar tiro olímpico cuando mi padre estaba con vida.
Tiene mucho valor sentimental para mí, me recuerda a una de las pocas cosas que compartía con él.
Nunca te conté nada porque me hace sentir un poco triste, me hace revivir la prematura muerte de mi padre y el escaso tiempo que pasé junto a él.
Lo poco que me ha contado Javier de su padre desde que estamos juntos es precisamente eso, que no fue un padre muy presente y que, cuando quiso serlo, falleció de un repentino infarto de corazón.
⸺No sabía nada, Javier, lo siento.
⸺No pasa nada, debería habértelo contado hace mucho tiempo, eso me recuerda que todavía hay muchas cosas que tendríamos que compartir el uno con el otro, a mí al menos me gustaría saberlo todo de ti.
Desde luego, cuando Javier quiere, puede ser el hombre más maravilloso y encantador del mundo.
⸺Y a mí también de ti. Perdona por cómo te he estado hablando.
⸺No te preocupes, no pasa nada, lo cierto es que lo entiendo, yo también hubiese entrado en locura si hubiese encontrado una pistola en tu mesilla de noche.
Tengo que templarme como sea. Pero no sé si voy a poder. Todo iba bien hasta hace unos días, o al menos eso creía.
⸺De todos modos, te pido perdón, últimamente estoy muy nerviosa y tengo muy poca paciencia, no sé qué me pasa.
⸺Estás perdonada, mi vida, y lo que te pasa es que te hace faltar descansar más, y disfrutar más, ¿qué te parece si el viernes nos vamos tú y yo a cenar y después a bailar? Cuando empezamos a salir lo hicimos algunas veces y fue divertido.
⸺Ojalá fuera tan sencillo.
⸺Es sencillo.
⸺¿Y las niñas? ¿Qué hacemos con ellas?
⸺Con Ana, ya que se queda en casa, que haga un poco de canguro, seguro que a ella no le importa, y a las niñas menos aún. Que, ¿entonces reservo para el viernes en un sitio bueno?
Esto no va a terminar nunca. Al revés, me temo que solo va a ir a peor.
⸺Vale, Javier, reserva en un sitio bueno. ¿Cuánto tardas en venir? Las niñas preguntaban por ti.
⸺No creo que demasiado. En un rato pasará el médico y, si no hay cambios de última hora, le darán el alta a Ana e iremos para casa. Te quiero mucho, mi vida, mil gracias por tu comprensión. Enseguida te veo.
Veo cómo las niñas me miran ilusionadas, no sé si lo estaban escuchando todo o solo lo han intuido por mis palabras, el caso es que deben estar pensando que va a volver Ana. Si me niego ahora, sin la baza de la pistola como respaldo, seré la mala de la historia hasta el fin de los tiempos.
Soy incapaz de decir nada más, el hecho de que no me niegue no significa que esté con fuerzas para asentir. Cuelgo el teléfono. No lo voy a soportar. Todo se va a estropear. Y lo peor de todo es que mañana me voy de viaje.