La Invitada CAPÍTULO 39
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CAPÍTULO 39

JAVIER

Tengo que aprender a decir que no

Tras una tarde llena de preocupación, afortunadamente las pruebas revelan que no existe lesión. O al menos no una lesión medular, que era lo que al principio se había temido.

Todo ha quedado más o menos en un susto.

Un susto para el que los médicos han recomendado otra semana de reposo.

⸺Lo mejor será que me busque algo, Javier, o que busque alguna opción económica con la que volver a Francia.

⸺¿Volver a Francia? Eso sería poco menos que temerario, Ana, ya has oído a los médicos, tienes varias contusiones en la espalda, concretamente en las vértebras, aparte del golpe de la pierna, que te ha empeorado.

Has sufrido un shock neurológico que te ha tenido varias horas sin poder moverte, también tienes un golpe la cabeza.

Todavía no tienes ni un tratamiento a seguir porque estás pendiente de evolución.

¿No te das cuenta de lo que peligroso que es que viajes ahora, Ana? ¿Qué importa esperar unos días más?

Ella me mira desde sus ojos color de miel. Está triste. Gira su cabeza hacia la ventana. Está lloviendo. A pesar de los golpes y contusiones que presenta en la cara, codos y piernas, sigue conservando el brillo en los rizos de su pelo. Sigue estando guapa.

⸺Tienes razón, Javier, pero no puedo quedarme en tu casa, bastante has hecho ya, no quiero seguir abusando de tu hospitalidad, buscaré otro sitio donde quedarme. Si conoces a alguien que alquile una habitación económica, o que incluso me deje pagárselo a plazos o algo, te lo agradeceré.

Durante una fracción de segundo me digo que tiene razón.

Que, a pesar de que me agrada su presencia y su compañía, si quiero conservar mi matrimonio, debería ayudarla a buscar otra cosa y olvidarme definitivamente de ella, pero mi parte salvadora, mi parte responsable, me plantea si he saldado realmente la deuda que contraje con ella en el momento en el que la atropellé yendo en mi coche con una mujer que no era Lorena.

⸺No vas a buscar ningún sitio, Ana, te quedas en casa, solo faltaba.

Ella me mira con una sonrisa triste y dulce.

⸺Eres un ángel, Javier, qué suerte tiene Lorena de tener un hombre como tú, ya te lo dije.

Te parecerá una tontería, pero hoy entiendo un poco mejor que ayer aquello que decías del matrimonio.

En momentos como este, tener a alguien a tu lado que te recoja al caer, no tiene precio.

Creo que a partir de hoy voy a reconsiderar muy seriamente mis creencias y mis propósitos de vida.

A lo mejor no es tan buena idea vivir sola.

⸺Tú nunca estarás sola, Ana, eres una chica encantadora que desprende un magnetismo especial. Solo hay que ver a las niñas, apenas te conocen y no pueden vivir sin ti. Siempre vas a tener gente a tu alrededor que esté deseando que estés a su lado.

Mi comentario le arranca una bonita sonrisa, pero acto seguido la tristeza vuelve a nublar sus ojos. Niega.

⸺Creo que no es buena idea que me quede en tu casa, y creo que en el fondo tú también piensas lo mismo.

⸺¿Cómo? ¿Por qué dices eso? ¿Por qué piensas que no es buena idea?

⸺Javier, si hace falta que te lo diga con palabras bien claras, te lo digo, pienso que no es una buena idea porque no creo que a Lorena le haga especial gracia que me quede en casa otra semana.

⸺¿Por qué dices eso?

Ana vuelve a sonreír.

⸺Javier, que no soy una cría, ni tú tampoco, se ve a la legua que Lorena no me traga, no le gusta mi presencia.

Que yo esté en tu casa solo va a traerte problemas.

Creo que es una mujer que solo ve las cosas malas de la vida, y esas cosas malas, generalmente, están solo en su cabeza.

No quiero meterte cosas raras en la cabeza, la realidad es que tampoco soy quién, pero creo que Lorena esconde mucha inseguridad dentro, mucho resentimiento y alguna que otra cosa más que ya descubrirás algún día por ti mismo.

Y todo eso hace que vea la vida como una competición, como un lugar hostil en el que todo el mundo es el enemigo.

No sé si me apetece tener que aguantar sus miradas y sus comentarios o sus gritos cada vez que intento hacerte la vida un poco más fácil, o a las niñas, cada vez que intento aportar algo bueno a vuestras vidas.

Creo que no está bien hacerle sentir mal a la gente por hacer cosas buenas, eso no está bien, Javier.

Ana vuelve a desviar su vista hacia la levanta.

Un par de lágrimas resbalan por sus mejillas enrojecidas.

No quiere llorar, pero le cuesta sostener la pena que tiene dentro.

Igual que me ha pasado con Verónica, o con Cristina, por citar solo alguno de los casos más recientes, mi problema es que no sé quitarme ciertos problemas de encima.

No sé solucionar las cosas que tienen que ver lo emocional y sentimental.

Algún día tendré que aprender a decir que no.

⸺Te vas a quedar en casa, Ana, y piense lo que piense Lorena, se tendrá que aguantar, no hay más. Eres mi invitada, punto final.

Algún día tendré que aprender a decir que no, pero ese día no será hoy.