La Invitada CAPÍTULO 38
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CAPÍTULO 38

LORENA

Por encima de mi cadáver

El nuevo puesto también conlleva un nuevo despacho, y además bastante grande.

Lo cierto es que todavía no me lo termino de creer.

Hace unos días pensaba que me iban a echar, después que solo me estaban tomando el pelo para acostarse conmigo, pero ahora estoy empezando a creerme que todo esto es de verdad.

Que soy jefa, tengo gente a mi cargo, incluso voy a tener que hacer viajes de vez en cuando.

Sin ir más lejos, mañana es el primero. Carlos me ha dicho que tenemos que ir a Santander a presentar una jornada sobre eficiencia energética y las nuevas ayudas del gobierno para el fomento de las energías renovables.

Sentar las bases de lo que es mi nuevo equipo, cuáles son nuestros primeros objetivos y cómo será la dinámica de trabajo han sido los primeros puntos que hemos tratado.

Entre eso y la mudanza de despacho, casi se ha ido toda la mañana.

Verónica, aparte de llegar tarde y con cara de circunstancias, ha estado bastante comedida.

Quiero pensar que el hecho de que yo vaya a ser su jefa ha tenido algo que ver.

Ahora estoy por encima de ella, y si es medianamente inteligente, cosa que estoy empezando a pensar que sí lo es, habrá pensado que le conviene tenerme contenta, y eso pasa por empezar a mirarme mejor y borrar de su cara esa expresión de amargada.

Ha habido un par de veces en los que ha tratado de dar su opinión y he de reconocer que ni la he escuchado, como si su opinión no valiera. Eso me ha hecho sentir bien, como si ahora estuviese en posesión de un gran poder que he de aprender a calibrar y usar bien.

Incluso Carlos parece que me trata ahora de otra forma.

Y eso que él sigue siendo mi jefe y que mantenerme en mi cargo depende exclusivamente de él y en cualquier momento podría revocarlo.

Pero me he dado cuenta de una cosa, las personas como él, que tienen un cargo jerárquico, tratan a las personas de un modo u otro en función de si también tiene un cargo o no.

Yo ahora tengo un cargo, y automáticamente él me trata de un modo distinto.

Llena de ilusión, y sin tiempo para pensar en el incidente de Martina de esta mañana, salgo del trabajo como si fuese una mujer nueva.

Más segura de mi misma, con menos preocupaciones y miedos.

Vuelvo a sentirme fuerte, valiosa, incluso atractiva.

He visto cómo me miraban algunos compañeras y compañeros.

De pronto he dejado de ser invisible para mucha gente.

Recojo a las niñas del colegio con la vista puesta en empezar una nueva etapa de cero, sin malos royos con Javier ni con las niñas.

Voy a tomarme las cosas de otro modo, sin un día cenamos pizza pues cenamos pizza.

O comida congelada. O si la ropa no está impecable tampoco pasa nada.

Debo aprender a soltar, a no querer tenerlo todo controlado.

Hay que confiar en que las cosas pasan por alguna razón, y no tener siempre los malos pensamientos en la cabeza.

Las niñas me preguntan si Ana ya se habrá ido a su casa, y yo les respondo que probablemente. Les propongo un plan divertido para esta tarde, improvisemos, hagamos alguna locura, pero ellas me responden que prefieren ir a casa, así se podrán despedir de Ana.

A pesar de que no se hayan animado con mi plan, no me vengo abajo, ya lo harán, la vida está llena de oportunidades, cada día puede ser un nuevo comienzo si tú quieres que lo sea.

Entramos en casa y las niñas gritan el nombre de Ana, después el de Javier. Son las cinco y cuarto de la tarde. Es raro que no estén en casa, pero sería todavía más raro que Ana se hubiese ido ya a Francia y Javier no me hubiese dicho nada.

Llamo a mi marido al teléfono y no me lo coge. Las niñas, como su excepcional habilidad para detectar variaciones y anomalías en los estados emocionales de la gente, perciben mi nerviosismo y eso hace que se pongan un poco nerviosas.

Vuelvo a llamar a Javier y, ahora sí, coge el teléfono.

⸺Javier, las niñas y yo ya estamos en casa, ¿todo bien?

⸺No, la verdad es que no, ha habido un accidente, Lorena.

⸺¿Qué? Pero ¿estás bien?

⸺Sí, sí, yo estoy bien, es Ana.

⸺¿Ana? ¿Qué le ha pasado?

La expresión de las niñas, al oír mis palabras, se convierte en la viva imagen del temor y la preocupación. A mis palabras se le debe de haber unido mi cara, que está empezando a percibir que algo malo pasa.

⸺Todavía es pronto para saberlo, pero esta mañana Ana se ha caído por las escaleras de nuestra casa, le están haciendo pruebas, y aun no saben lo que tiene, pero no puede mover las piernas.

Como si de una pesadilla se tratara, abro y cierro los ojos, como tratando de despertar. No lo consigo. Lo único que sé es que Ana no se ha ido a Francia. Pero tengo claro que eso no va a suponer que se quede ni un solo día más en mi casa. Por encima de mi cadáver.