CAPÍTULO 31
JAVIER
Todo se complica
⸺Dime, Lorena, ¿qué ocurre?
Hemos subido a nuestro cuarto ante las miradas de circunstancia de Ana y las niñas. Lorena ha cerrado la puerta con pestillo.
⸺¿Qué ocurre? ¿Tú te crees que yo soy idiota? ¿Que no me doy cuenta de lo que está pasando?
⸺Lorena, ¿de qué estás hablando? Y por favor, no levantes, ya sabes que las niñas no llevan nada bien que discutamos.
Lorena entrecierra los ojos. Los párpados le tiemblan. La mandíbula se le tensa. No sé en qué momento se ha vuelto así.
⸺Javier, te lo voy a pedir por última, no me trates como si fuese estúpida, ni me mientas, por favor, cuando empezamos a salir te pedí expresamente que no lo hicieras, que no me mintieras, ¿no lo recuerdas?
⸺Tranquila, Lorena, yo no soy ningún mentiroso, además, si te sirve de algo, se me da fatal mentir, si lo hiciese, te darías cuenta enseguida. Puedes estar tranquila.
⸺Gracias, Javier, sé que soy un poco pesada e insistente con algunas cosas, pero es porque sé perfectamente el daño que hacen las mentiras a las parejas, y no quiero volver a caer en errores del pasado.
⸺Lo entiendo perfectamente, Lorena, no te preocupes, anda, disfruta.
⸺Gracias.
⸺Sí, claro que lo recuerdo.
⸺¿Y bien? ¿Por qué lo haces? Sabes que no lo soporto.
⸺Te he dicho que no te estoy mintiendo, Lorena.
Lorena vuelve a cerrar los ojos y se tapa la cara con las dos manos. Niega con la cabeza. Solloza. Está a punto de romper a llorar. Me mira con los globos oculares inundados por pequeños capilares.
⸺Javier, por favor, ¿me puedes explicar qué está pasando aquí?
⸺¿Qué está pasando con qué?
⸺Con Ana.
Durante medio segundo soy acribillado por imágenes que me hacen tambalearme.
En esas imágenes se ve a Ana bailando conmigo, comiendo conmigo, oliendo al perfume de mi mujer.
También veo a Ana asomando la cabeza por la cortina del probador de la tienda de ropa interior preguntándome si le estará mejor el color rojo o el negro.
⸺Con Ana no hay absolutamente nada, Lorena, es solo una chica a la que atropellé accidentalmente y a la que invité a que se quedara en nuestra casa porque no tenía donde quedarse y yo era el principal responsable de su situación.
No sé qué más puedo decirte. Está siendo muy amable intentando contribuir en la casa, desahogándonos de algunas tareas del hogar y, de paso, jugando un poco con las niñas. ¿Por qué se te ha cruzado tanto?
Lorena vuelve a taparse la cara con ambas manos. Camina hacia un lado y otro de la habitación. Está muy nerviosa. Nunca la había visto así.
⸺¿Es que no te das cuenta de lo que está intentando?
⸺¿Qué está intentando? Dímelo tú.
⸺Suplantarme, ocupar mi lugar, ganarse tu favor y simpatía y el de las niñas. Eso es lo que está intentando.
No puedo evitar que se me escape una pequeña risa.
⸺¿Se puede saber de qué cojones te ríes, Javier?
⸺Por favor, Lorena, bajo un poco la voz.
Perdón por reírme, es que, ¿no te das cuenta de lo absurdo que suena todo?
¿Cómo va a pretender una mujer a la que acabamos de conocer suplantarte y ganarse mi favor y el de las niñas?
El hecho de que esté aquí ahora ha sido algo puramente casual, ¿crees que la gente va por ahí intentando suplantar a otras personas a las que acaba de conocer después haber sido atropelladas y haberse quedado sin trabajo?
¿Crees que eso realmente posible? ¿Qué es lo que te pasa en realidad?
Veo cómo Lorena me mira muy fijamente a los ojos. Se lleva una mano a la toalla con la que cubre su cuerpo. Se la arremete un poco más para que no se le caiga. Desprende un poco de olor a alcohol. Sus ojos se mueven compulsivamente mente de un extremo a otro de mi cara. No la reconozco.
⸺Lorena, te pido por favor que te alteres por lo que te voy a decir, pero ¿has estado bebiendo?
⸺Pero ¿cómo te atreves a preguntarme semejante cosa?
⸺Hueles un poco a alcohol, Lorena, no son imaginaciones mías, si te quieres te acercas a tus hijas y les preguntamos si ellas también lo huelen, así salimos de duda.
Los ojos de Lorena se empañan. Está a punto de echarse a llorar.
⸺No me esperaba esto de ti, Javier, creía que tú eres distinto.
⸺Y lo soy, Lorena, aquí no está pasando nada, me parece que estás sacando las cosas completamente de quicio, últimamente has estado muy estresada, te haces cargo de muchas cosas, no duermes bien, no descansas, y es posible que eso te esté haciendo ver cosas que no existen.
⸺Ah, ¿y cómo explicas que Ana se haya puesto el perfume que tú me regalaste hace dos años? ¿O que se haya pintado las uñas con el mismo blanco que yo también me he puesto en alguna ocasión especial?
Me quedo pensando en las dotes investigadoras de Lorena y en que en eso tiene razón. La cuestión es, ¿por qué le da tanta importancia?
⸺Mira, Lorena, desconozco si se ha puesto tu perfume o si se ha pintado las uñas con tus pinturas, pero lo que sí tengo claro es que aquí nadie está intentando suplantar a nadie, de todos modos, si tanto te está incomodando, ahora mismo le digo que tiene que marcharse.
Y lo cierto es que, a pesar de que la compañía de Ana me agrada, no me apetece nada alargar esto más. La situación está empezando a ser tremendamente incómoda.
⸺Javier ⸺dice Ana cuando estoy despasando el pestillo.
⸺Qué.
⸺¿Qué le vas a decir a Ana?
Abro mis brazos hacia ambos lados.
⸺Pues la verdad, Ana, que no la soportas. Tú misma me has dicho un millón de veces que no hay que mentir ⸺Me doy la vuelta para salir.
⸺Javier, espera.
⸺Qué quieres ahora.
⸺Si le dices eso voy a quedar como la mala. Las niñas me van a odiar.
⸺¿Y entonces? ¿Qué le digo? Dímelo tú.
Veo cómo la expresión de Lorena se retuerce, se tensa, evalúa, piensa.
⸺¿Era el lunes cuando tenía que ir a la revisión médica?
⸺Sí.
⸺¿Y si está bien le darán el alta y se irá a su casa?
⸺Sí.
Lorena se cruza de brazos.
⸺No le digas nada de momento, pero, por favor, reduce el contacto con ella a lo mínimo indispensable, te lo pido por favor.
⸺Claro, Lorena, tú mandas.
Ahora sí, salgo de la habitación. Necesito algo de aire.
La conversación con Lorena ha sido tensa y molesta.
Escucho las risas de las niñas y de Ana que ascienden desde de la planta baja.
También huele a algo que se me antoja delicioso.
Francamente, no te tengo fuerzas ni me apetece subirme al carro de las elucubraciones de Lorena, pero tengo claro que, en estos momentos, y por triste que parezca, prefiero estar con Ana que con ella.
Mientras bajo las escaleras recibo un mensaje en mi teléfono móvil. Es de Cristina. Y es uno de sus típicos mensajes, solo pone: “hola”.