La Invitada CAPÍTULO 29
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CAPÍTULO 29

JAVIER

Una reacción corporal

⸺¿Te pido otra cerveza, Javier? ⸺pregunta Ana, con el camarero, libreta en mano, ya a su lado.

Miro el teléfono móvil. Son las seis de la tarde. Sin noticias de Lorena. Esto está empezando a ser un poco preocupante.

⸺Vale.

⸺¿Has visto qué bueno es el bajo?

⸺Sí, es realmente bueno, aunque el batería tampoco está mal.

⸺No, no está nada mal ⸺dice Ana con cierta picardía en la voz. Desde la comida de este mediodía la veo un poco desinhibida, como si estuviese empezando a mostrar una cara hasta ahora desconocida.

⸺¿Nosotras también podemos repetir consumición? Mamá nunca nos deja ⸺dice Natalia mirando a Ana a los ojos.

⸺Por supuesto que sí, pedir lo que queráis, que hoy es viernes, acaba de empezar el fin de semana, y eso hay que celebrarlo.

Las niñas sonríen con alegría, yo en cambio siento una pequeña punzada en el pecho. Ana no debería haber respondido eso, decidir eso me corresponde a mí.

⸺¿Todo bien, Javier?

⸺Sí, sí, todo bien.

⸺Es por Lorena, ¿verdad?

⸺¿Cómo dices?

⸺Estás preocupado por ella, por vosotros, ¿me equivoco?

Miro a las niñas, que están escuchándolo todo.

⸺No, qué va, es que…

⸺¿Por qué mamá nunca está en casa, papá? ⸺pregunta Martina desde la más pura inocencia, pero, a su vez, acogiéndose a las insinuaciones de Ana.

⸺¿Por qué dices eso? Claro que está en casa, lo que ocurre es que últimamente está teniendo mucho trabajo, nada más.

Veo cómo de reojo Ana se cruza un poco de brazos y tuerce un poco la cabeza. Hace una graciosa mueca con los labios, arqueándolos hacia abajo, dando a entender que no debería estar mintiéndole a Martina.

Llegan las cervezas y las niñas aprovechan para pedir sus bebidas, un par de zumos, uno de melocotón para Martina y uno de piña para Natalia.

El conjunto de música empieza a tocar la mítica canción de Chris Isaac, Wicked Games , y, como era de esperar, la reacción de Ana no se hace esperar.

Se lleva las manos a la boca y su cara dibuja la viva imagen del éxtasis.

⸺Dios mío, adoro esta canción. No sé la de veces que la habré tocado, cantado y bailado.

⸺Sí, la verdad es que es única.

⸺¿Única? Es la mejor balada de la historia, yo no sé tú, pero yo necesito bailar esta canción, espero no caerme ⸺dice Ana poniéndose en pie y cojeando más de lo normal.

Las niñas se ríen y disfrutan de la espontaneidad de Ana, que empieza a balancear su cuerpo con sutileza.

⸺Javier, si ves que me voy a caer, cógeme, por favor ⸺dice mirándome con las mejillas completamente encendidas.

⸺¿Por qué no bailas con ella, papá? Así seguro que no se cae ⸺dice Natalia.

⸺¿Bailar yo? Para nada, odio bailar.

Ana me mira con atrevimiento y con el dedo índice me pide que me acerque a ella. Yo estoy muerto de vergüenza.

⸺Venga, papá, no seas aburrido, ya te pareces a mamá ⸺dice de nuevo Natalia. Eso me duele en el orgullo por alguna razón que no soy capaz de entender.

⸺Eso, Javier, no seas aburrido, baila conmigo, aunque solo sea para impedir que me caiga al suelo ⸺dice Ana, uniéndose a la petición de Natalia y gestualizando mucho con sus palabras. No sé cómo lo hace, pero hay algo en ella que consigue me atrae de un modo que no comprendo.

⸺Bueno, pero advierto que soy completamente nulo bailando.

⸺Las baladas como esta no se bailan, se sienten ⸺dice Ana mirándome con sensualidad.

Me levanto y me acerco a ella sintiendo arrepentimiento y culpa por lo que estoy haciendo.

Soy un hombre casado, mi anterior matrimonio, precisamente, no terminó muy bien, no quiero que al segundo le pase lo mismo.

Pero cuando pego mi cuerpo al de Ana, que rápidamente pasa sus brazos por detrás de la parte alta de mi espalda, me olvido de todo durante un instante.

Y me dejo llevar. No sé el tiempo que hacía que no bailaba así con nadie.

Durante el siguiente minuto dejo que mi cuerpo se balancee junto al de Ana al son de los hipnóticos acordes de Wicked Games .

Ella ha pegado su nariz a mi cuello y noto su cálida respiración alterando las células de mi ser.

Es algo que no puedo evitar. Si la canción no termina pronto, me temo que tendré que separarme de ella para que no note la reacción corporal que yo ya empiezo a notar.

Cuando las notas empiezan a decaer, noto cómo acerca sus turgentes labios hasta mi oreja y, con un cálido susurro, me dice:

⸺Qué suerte tiene Lorena de tener a un hombre como tú, Javier, eres muy especial, no me extraña que una chica como Verónica te quiera follar ⸺Tras esas palabras que aumentan aun más si cabe mi emergente reacción corporal, me da un par de tiernos besos en el cuello que hacen que se me nuble la vista por completo.

No puedo decir ni hacer nada porque la canción se acaba.

Cuando volvemos a sentarnos en la mesa, estoy sin palabras. No sé qué ha pasado, ni si realmente ha pasado lo que creo que ha pasado, pero tengo la impresión de que acabo de vivir el momento más excitante y erótico de por los menos los últimos diez años.

Salimos del bar y las niñas y Ana proponen ir a jugar a los bolos, al cine, a cenar, pero yo ejerzo de aguafiestas y les digo que hay que ir a casa, que Lorena ya debe de haber llegado y estará esperándonos.