La Invitada CAPÍTULO 27
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CAPÍTULO 27

JAVIER

La crisis de pareja

La propuesta culinaria de Lorena es un surtido de tacos que no sé cómo se las ingenia para que no tengan nada que envidiarles a los que te pueden servir en el mejor restaurante mexicano al que yo haya podido ir, algo que, antes de estar con Lorena, solía hacer.

No sé cómo es posible que pueda ser siempre tan certera y precisa en cuanto a mis gustos y preferencias se refiere.

Me da miedo hasta pensarlo, pero Ana parece una especie de alma gemela, es como una versión de mí mismo en femenino.

Mientras preparamos la comida nos tomamos una cerveza y escuchamos algunas de las canciones de las que hemos estado hablando durante la mañana.

Todo fluye a las mil maravillas. Solo nos falta coger cada uno una guitarra y nos ponernos a cantar en dúo.

Ella se ha puesto otro de los vestidos que se compró un par de días antes, es un poco más corto que el que llevaba ayer.

No me gusta la parte de mí en la que mis ojos se dejan llevar por las piernas femeninas, pero es algo que no puedo evitar.

Y las piernas de Ana están perfectamente torneadas.

Me pregunto qué tipo de deporte hará para mantenerse así.

A pesar de llevar el aparatoso vendaje en la pierna, Ana se las arregla para deslizarse por la cocina con más agilidad que yo. Tiene una energía y unas ganas por hacer cosas que contagia todo aquello que toca. Es un como un espíritu de vida que emana una vitalidad difícil de igualar.

Ha vuelto a ponerse el perfume de Lorena, el que le regalé hace un par de años, y eso es algo que, por una parte, no entiendo y, por otra, me recuerda a ella, a mi mujer, concretamente a cuando tenemos sexo.

Es uno de eso perfumes con exquisitas notas cítricas y dulces que resultan muy sensuales.

Es uno de esos perfumes que las mujeres suelen ponerse en ocasiones especiales, no todos los días.

Al menos Lorena así lo hacía. Me planteo decirle algo al respecto, pero finalmente no lo hago, bastante tiene ya con no poder estar en su casa con sus cosas como para que ahora llegue yo con estas chorradas.

⸺No dejas de sorprenderme, Ana, estos son los mejores tacos que he probado en mi vida.

⸺Qué adulador eres, tampoco para tanto.

⸺No, en serio, lo son, y lo más sorprendente es que los has preparado súper rápido y con lo que había en la cocina.

Increíble, es increíble ⸺digo rematando mi segundo taco.

Ella sonríe. Le da un diminuto mordisco a su taco y me fijo en sus manos, concretamente en sus uñas.

Se las ha pintado. Las tiene muy bonitas, muy bien recortadas, a la altura de la yema de los dedos.

Lo que me resulta más llamativo es el color.

Es de un blanco nuclear que me resulta familiar.

Creo recordar que Lorena se las pintó así una noche que fuimos al teatro y después a cenar. Fue una noche muy bonita.

⸺Bueno, hago lo que puedo, ya que estoy aquí de okupa, al menos intento contribuir al hogar con aquello que se me da bien y que está a mi alcance.

Mis padres me enseñaron que hay que saber ser agradecida, hoy en día muy poca gente lo es, todo el mundo se cree con derecho a todo, no piensan que para que unos reciban, otros tienen que dar.

Asiento mientras saco otra cerveza de la nevera.

⸺¿A medias? ⸺digo alzándola en alto y pensando que hay que recoger a las niñas.

⸺Perfecto.

La abro y, cuando voy a sacar dos vasos, Ana dice:

⸺A mí no me saques vaso, si no te importa, prefiero beber directamente del botellín, llámame maniática, pero me da que me sabe mejor.

⸺Qué va, de maniática nada, a mí también me gusta más beber directamente de la botella.

⸺Pues por mí no hay problema en que bebamos los dos de ella.

Tardo medio segundo en asentir, es el tiempo que a mi cerebro le cuesta procesar el hecho de que los dos compartamos una botella que durante los próximos minutos va a pasar de mis labios a los de ella y viceversa.

No es algo que haga habitualmente con una mujer distinta a la mujer con la que estoy casado.

⸺Así que arriesgas tu pierna cada día en cocinar unos platos maravillosos porque te sientes una okupa.

Ana sonríe y se le forman dos pequeñas arrugas entre las mejillas y la nariz que resultaran encantadoras. Se sonroja un poco.

⸺Bueno, eso y que también disfruto haciendo cosas creativas, te confieso que se me da fatal estar sin hacer nada. Ojalá pudiese tirarme en el sofá a ver el móvil de vez en cuando, como hace todo el mundo.

Sí, como hace Lorena todos los días.

⸺Creo que los móviles no nos han mejorado como sociedad, todo lo contrario, nos ha empeorado, no te sientas mal por no haber caído en esa trampa que solo sirve para idiotizarnos.

Sigue centrándote en tu parte creativa, yo siempre he pensado que todos tenemos algo que crear, y que lo debemos crear, es como nuestro propósito vital.

Somos creadores, pero me temo que el modelo de vida en el que estamos instalados no quiere que lo seamos, nos quiere más bien adormecidos.

Ana me sostiene la mirada durante un par de segundos.

Sonríe. Le da un trago al botellín, que también alarga un poco más de lo normal.

Cuando separa el cuello de la botella de sus labios, le resbala una gota de cerveza por la barbilla, que recoge con la yema de su dedo índice y se la lleva al interior de la boca.

Desvío mi mirada porque tengo la impresión de que a cada minuto que pasa, me resulta más sensual, y eso no está bien.

⸺¿Te importa si te pregunto algo, Javier?

⸺Para nada, pregunta lo que quieras.

⸺Si ves que es demasiada indiscreción me lo dices con total naturalidad.

⸺Hecho.

⸺¿Qué tal está Lorena? ¿Está todo bien con ella?

La pregunta me coge desprevenido. Hablar de mi mujer no entraba en mis planes ahora. Ana nota algo, porque desvía la mirada hacia su plato para no ver mi expresión de sorpresa.

⸺Bueno, Lorena no está lo que se dice en su mejor momento.

Yo creo que está en una de esas crisis de los cuarenta, últimamente parece que todo le molesta, incluidas las niñas, que siempre habían sido para ella un motivo de alegría.

Siempre está cansada, o estresada, o con algo importantísimo e irrenunciable que hacer, y siempre tiene el grito en la boca, eso es algo que me molesta especialmente ⸺Me encojo de hombros y noto cómo mi expresión supura algo de pena⸺. Por lo demás, todo bien.

⸺Vaya, no debe ser fácil, pero ten paciencia con ella, seguro que se le pasa. Porque imagino que antes no era así, ¿no?

⸺¿A qué te refieres?

⸺A que supongo que antes era más divertida, aventurera, alocada, creativa, esas cosas que tanto te pegan.

Me quedo pensando un poco en las palabras de Ana. Reflexiono durante un breve instante. Cojo aire.

⸺Lo cierto es que Lorena nunca ha sido así como dices, tampoco como es ahora, digamos que antes era igual que es ahora, pero más relajada, menos tensa.

Ana asiente y ahora es ella la que me mira con algo de pena, es como si me estuviese diciendo: ¿qué haces casado con esa mujer?

⸺¿Y tú cómo lo llevas?

⸺¿El qué?

⸺Su crisis, vuestra crisis de pareja.

La aseveración de Ana me coge un poco desprevenido. Hasta el momento yo no lo había visto así, pero es evidente que para ella sí estamos en crisis. Odio esa palabra y todo lo que conlleva.

⸺Bueno, no voy a mentirte, yo tampoco he estado en mi mejor momento últimamente, de ahí los cambios que te he dicho que estoy introduciendo en mi vida, así que podría decirse que estoy en el camino de arreglar las cosas, o al menos las cosas que a mí me tocan.

Y en cuanto nosotros como pareja, es verdad que no estamos en nuestro mejor momento, pero tampoco estamos tan mal como ha podido parecer estos días que tú has estado presente.

⸺¿Crees que mi presencia ha podido tener algo que ver?

La respuesta a esa pregunta la tengo clara, la cuestión, ¿respondo con sinceridad o con una media verdad?

⸺Pienso que cuando alguien no está bien ve fantasmas en todos lados, en ese sentido, sí, no te voy a mentir, tu presencia ha podido contribuir, pero ni por un momento vuelvas a insinuar que te marchas, tú te quedas hasta que te den el alta, solo faltaba.

Ana llena su pecho de aire y después le da un nuevo trago a su cerveza. Alarga su respuesta.

⸺¿Te puedo preguntar una última cosa?

Claro que puede, qué remedio, aunque atisbo otra pregunta incómoda.

⸺Sí, pregunta.

⸺Perdón por ser tan preguntona, pero es que siempre he sido muy curiosa, ya sabes, como antes, si no quieres no respondas.

⸺Venga, dispara ya.

⸺Allá voy. El día que me atropellaste ibas con una mujer en el coche que no era Lorena, me comentaste que te hiciese el favor de comentar nada al respecto, ¿quién era?

Tengo que rematar lo que queda de la cerveza para responder bien a eso.

⸺Bueno, era una amiga, solo eso.

⸺¿Una amiga, y ya está? ⸺La pregunta de Ana va cargada de picardía y doble sentido.

⸺Sí, y ya está.

⸺¿Y Lorena la conoce?

Me quedo mirándola con incomodad.

⸺Bueno, podría decirse que sí, pero no sabe que somos amigos.

⸺Ah, entonces es una amiga secreta que tu mujer conoce y de quien crees que podría tener celos, ¿he acertado?

No puedo evitar sonreír ante la agudeza y la forma de plantear las cosas de Ana.

⸺Justo en el blanco.

⸺Venga, y ahora dime la verdad, prometo no juzgarte, ¿estás liado con ella?

Desmiento antes de responder.

⸺No, para nada, es solo una amiga a quien quise ayudar, pero entre ella y yo no ha habido nada más.

⸺¿Seguro?

⸺Completamente.

⸺Bueno, entiendo que te dé cierto reparo contármelo, pero te puedo asegurar que soy mucho más abierta de lo que puedas imaginar, de hecho, siempre he pensado que el matrimonio es una de las mayores mentiras que nos han contado, es completamente antinatural.

Todo el mundo nos sentimos atraídos por más de una persona a lo largo de nuestras vidas, ¿por qué atarnos a una para siempre?

Cabeceo mientras trato de responder a todo por orden y sin meter demasiado la pata. Suena la alarma de mi teléfono móvil. Hay que ir a recoger a las niñas.

⸺Con relación a Verónica, que así es como se llama la chica con la que estaba, en serio, sé que es difícil de creer, pero solo somos amigos.

⸺Pues era muy mona, aunque la verdad es que no termina de pegarte mucho, a pesar de que tú a ella sí le atraes, y mucho.

Sonrío con cierto orgullo. Soy idiota.

⸺Y con relación a lo del matrimonio, bueno, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.

⸺Ah, ¿sí? ¿Tiene cosas buenas? Cuenta, cuenta ⸺dice Ana con una sonrisa muy juvenil.

⸺Qué mala eres, claro que las tiene, lo que ocurre es que no siempre son visibles, pero podría decirse que estar casado te da la tranquilidad suficiente para que te puedas centrar en otras cosas de la vida distintas al acto de buscar pareja. Al menos yo lo veo así.

⸺Pues yo lo que creo es que el matrimonio es como una vasija muy pequeña que no puede contener todo lo que las dos personas son individualmente, es como una jaula que te impide volar, que te impide crecer, que te impide ser.

En definitiva, es un auténtico royo ⸺Ahora es Ana quien se encoge de hombros y me mira con compasión⸺.

Pero es solo mi opinión. Hay que ir ya a por las niñas, ¿no?

Si quieres seguimos en otro momento con la conversación, a lo mejor terminas convenciéndome de que el matrimonio sí es una buena opción.

Me quedo meditando lo que ha dicho. Tiene gran parte de razón.

⸺Sí, vamos a por las niñas.

De camino al coche empieza a sonar el móvil de Ana. Instintivamente giro la cabeza hacia ella y veo de reojo que en la pantalla pone “número oculto”. Tarda un poco en responder, finalmente lo hace con algo de nerviosismo.

⸺¿Diga?

No puedo escuchar bien quién hay al otro lado de la línea, pero es alguien que está bastante alterado, porque se le escucha un poco desde donde yo estoy.

⸺Disculpe, pero se ha equivocado.

Antes de que Ana cuelgue me parece escuchar las palabras “dinero”, “piso”, “embargo” y, por último, “policía”.

⸺¿Quién era? ⸺pregunto mientras me pongo el cinturón de seguridad.

⸺Alguien que se había equivocado ⸺dice Ana, que he visto cómo apagaba su teléfono móvil con disimulo⸺. Arranca, anda, que las niñas ya deben estar esperándonos.

Las últimas palabras de Ana dan la impresión de que ya habla como si ella fuera su nueva madre. Qué tontería, pero, aun así, siento un pequeño escalofrío que me sacudo haciendo un par de círculos con los hombros y pisando el acelerador a fondo del MG.