La Invitada CAPÍTULO 24 #2
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CAPÍTULO 24 #2

Con la primera cerveza se me terminan de olvidar las paranoias y los pensamientos negativos, sobre todo, cuando esa cerveza hace que entremos en la fase de chismorreos de trabajo.

David me cuenta, entre otras habladurías, que Verónica está fatal, que va diciendo que está pensando en algo turbio para joderle bien la vida al tipo casado con el que estaba liada.

Por un lado, me alegra saber que Verónica sufre, que llora, que lo pasa mal.

Y lo cierto es que pienso todo eso porque tras mi conversación con mi jefe del pasado lunes se me metió en la cabeza que ella había estado hablando mal de mí a mis espaldas, sin embargo, después ha resultado que Carlos me ha propuesto un ascenso, así que, ¿habló realmente mal de mí Verónica?

¿O fue solo una paranoia mía más? Por otra parte, hay algo en esa parte vengativa de Verónica que también me atrae, si ese hombre la ha dejado preñada, y ahora se desentiende de ella, merece un escarmiento.

Uno bueno. De todas formas, ¿qué esperaba esa niñata liándose con un hombre casado?

Que se joda, esa la verdad, que se joda, así, sin más.

Que se hubiese buscado a uno soltero. Quien más pena me da de todo este asunto es la mujer de ese hombre, pobrecita, las cosas que pasan a sus espaldas.

Yo no sé de qué sería capaz si a mí me pasara algo así, creo que enloquecería a un nivel imposible de imaginar.

Tras esa primera cerveza, me llega un nuevo mensaje de Javier en el que me pregunta si estoy bien, que no sabe nada de mí.

Respiro aliviada pensando que me echa de menos.

Le respondo que estaré en casa para cenar.

A levantar la vista veo que aterrizan dos nuevas cervezas en la mesa.

David me sonríe de una forma tan sincera y tan plena que cada vez me es más complicado no sonreírle y mirarlo a él también.

Se cuela en mi cabeza el comentario de Carlos acerca de él, aquello de que pronto ya no estará con nosotros, aquello de que no es de fiar.

De pronto quiero saber más de él, qué ocurrió realmente con su mujer, por qué lo dejaron.

⸺Bueno, al final, cuando una relación se acaba, siempre tiendes a pensar que la culpa es de la otra persona, pero cuando pasa el tiempo asumes que no fue exactamente así, que la culpa no fue solo de esa persona, sino compartida.

Tardas un poco más en asumir que la relación terminó, simplemente, porque llegó a su fin.

Tardo unos segundos en responder y me sorprendo a mí misma acariciándome un mechón de pelo como hacía cuando era una adolescente. Así es como me está haciendo sentir David, como una adolescente a la que le pone nerviosa que la miren, pero que la pone aún más que no lo hagan.

⸺Tienes una forma de ver las cosas muy tranquilizadora, David.

⸺¿Tranquilizadora? ¿Qué tiene de tranquilo que te dejen por otra persona?

Se me escapa una carcajada. La segunda cerveza se me está empezando a subir a la cabeza y me río de casi todo.

⸺Qué tonto, lo que quería decir es que le quitas dramatismo a las cosas, tengo mucho que aprender de ti.

⸺Sí, eso es cierto, tienes mucho que aprender y yo mucho que enseñarte, si me acompañas a casa podemos empezar incluso hoy.

El descarado comentario de David hace que rompa a reír como hacía tiempo que no lo hacía. Menos mal que ya había terminado de tragar la cerveza, de lo contrario le habría mojado toda la cara.

⸺Por Dios, David, que estoy casada.

⸺Ya lo sé, solo quería enseñarte mi casa, ¿qué te has pensado?

Niego con la cabeza dejando que la risa me contagie por completo.

⸺Nada, solo pienso que tengo dos hijas que atender y que en casa me esperan para cenar.

⸺Por supuesto, princesa, no la quisiera importunar. Por cierto, todavía no me has dado la opinión sobre el coche que me voy a comprar, ¿te lo puedo enseñar?

Miro el reloj, son las nueve y media, las niñas deben estar preocupadas.

⸺Vale, va, pero sé rápido, que me tengo que marchar ya.

⸺Seré tan rápido como la luz con la que me iluminas cada vez que me miras ⸺dice David mientras saca su teléfono móvil. Yo lo miro embelesada. Creo que debería irme ya, y creo que no debería quedar más con él. Esto no es la solución a mis problemas. Esto me parece que solo los aumenta.

David se pone a mi lado para enseñarme las fotos de su futuro nuevo coche. Se pega lo suficientemente a mí como para que pueda oler lo que hay bajo el agradable perfume que lleva, es decir, su verdadero olor corporal, que es precisamente de lo que más me atrae en un hombre.

Apenas presto atención a las fotografías, pero le digo que me gusta mucho, que ha hecho una gran elección. Él me responde que en cuanto le den las llaves tengo que aceptar que me lleve a dar un paseo. Yo le digo que vale.

Me acompaña al coche y al ir a darnos dos besos para despedirnos prácticamente nos rozamos los labios. No sé si lo ha hecho a propósito, o ha sido mi subconsciente quien ha provocado esa casi colisión. El caso es que yo lo he notado, y él también. Ninguno de los dos hace mención.

Mientras abro la puerta de mi coche recuerdo de nuevo la conversación con Carlos, y de pronto me pregunto si no debería decirle algo a David, sino debería advertirle de que pretenden echarlo, más aún sabiendo que se va a comprar un coche nuevo.

¿Qué pensaría de mí si se entera de que yo ya sabía que lo iban a tirar y no le dije nada?

⸺David, espera un momento.

A unos cuantos metros de distancia, y bajo la cálida luz de una farola, David se da la vuelta.

⸺¿Qué se te ha olvidado, princesa? ⸺pregunta sonriendo.

Y yo tardo un par de segundos en responder, en tomar una decisión.

⸺Nada, nos vemos mañana.

Él también tarda un par de segundos en responder que invierte en mirarme más profundamente que nunca.

⸺Claro, nos vemos mañana, que descanses, guapa.

Durante el camino a casa no hago otra cosa que preguntarme qué estoy haciendo. Que tengo que parar esta situación ahora que estoy a tiempo.

Hago varios de los ejercicios que me ha enseñado Andrea. Me sientan bastante bien. Cuando aparco el coche son más de las diez y media, he perdido la noción del tiempo por completo.

Al entrar en casa lo encuentro todo muy silencioso. Veo a Javier recogiendo los platos de la mesa de la cocina. No veo a Natalia, no veo a Martina, y no veo a Ana.

⸺¿Y las niñas?

⸺En la cama, se ha hecho un poco tarde y se estaban durmiendo en la silla.

Siento una especie de mareo que está a punto de tirarme al suelo. ¿En serio ya están en la cama? ¿Por qué no me han esperado?

⸺¿Y Ana? ⸺pregunto sin esconder la mueca que me está agrietando toda la cara.

⸺Ha subido a leerle un cuento a Martina, no podía dormirse y se ha ofrecido para intentar dormirla mientras yo recogía.