CAPÍTULO 22
LORENA
Ya no me quiere
Me paso toda la mañana pensando en si Ana habrá acompañado a Javier a dejar a mis hijas al colegio.
Espero que mi marido haya tenido la suficiente inteligencia para esquivar esa situación, para no permitir que esa mujer vaya con él a dejar a mis hijas al colegio.
Antes no tenía problemas para ver y anteponerse a esas situaciones, sabía leer y prever perfectamente cuándo una determinada situación me podía hacer sentir mal o, directamente, hacerme daño, pero últimamente es como si hubiese perdido esa maravillosa habilidad de la que tanto me enamoré o, a lo mejor, es que todos mis miedos y sospechas, son ciertas: ya no me quiere y le da igual lo que yo piense o sienta.
Me noto muy tensionada, el no haber dormido apenas nada tampoco ayuda, ni tan siquiera los continuos comentarios de David me sirven hoy.
Llamo a mi psicóloga, a quien hacía meses que no llamaba, le digo que es una urgencia, que necesito verla, y me da cita para hoy a las siete de la tarde.
Llevada por una necesidad obsesiva por encontrarme mejor de lo que estoy de la forma más rápida posible, a continuación, llamo a mi fisioterapeuta, a quien también hace unos meses que no llamo y a quien también le digo que es una urgencia.
Consigo que me de cita para las cinco. Respiro con alivio pensando que ya tengo la tarde medio arreglada.
Comeré algo ligero como hice ayer y antes del fisio iré otra vez al gimnasio.
No voy a permitir que ni Javier, ni Ana, ni nadie, me aparten de mis propósitos y objetivos.
Me voy a poner en forma, voy a volver a ser esa mujer segura de sí misma, con ilusión, sonriente, con ganas de vivir la vida.
Y que se gusta cuando se mira al espejo.
Carlos vuelve a llamarme para que acuda a su despacho cuando ya queda poco para que termine el día.
No me gusta. Me intento arreglar un poco el pelo y me retoco el maquillaje para taparme un poco las ojeras que arrastro desde primera hora de la mañana.
Percibo algo de mal olor que proviene de alguna parte de mi cuerpo, pero no tengo tiempo de arreglar eso, solo espero que no se acerque demasiado a mí.
Lo último que necesito es que el idiota de mi jefe piense que tengo verdaderos problemas en casa, como ya insinuó al preguntarme por ese tema hace unos días.
No hay nada más triste que una mujer de mediana edad desesperada y acabada.
Y para colmo, también maloliente. Es como la rendición y el fracaso ante un modelo y un estilo de vida que te viene grande, para el que no eres lo suficiente buena.
⸺¿Qué tal estás, Lorena?
⸺Bien, gracias.
Carlos me aguanta la mirada durante unos segundos. Odio cuando hace eso. Me siento. Me fijo en el orden que siempre hay en su mesa.
⸺¿Y en casa qué tal?
Miro hacia un lado y otro buscando algún objeto con el que focalizar mi mente y mi mirada. Nunca me he sentido cómoda cuando alguien me interroga, cuando alguien me hace preguntas personales. No me gusta hablar de mí.
⸺En casa también bien.
Carlos junta la punta de los dedos de una mano con los de la otra, formando una especie de rombo. Se reclina un poco hacia atrás presionando el respaldo de su majestuosa silla con la espalda.
⸺¿Y en el trabajo qué tal? ⸺Sonríe.
⸺Muy bien, la mayoría de expedientes que tengo sobre mi mesa están ya al día.
⸺¿Sí? Qué buena noticia. ¿Dirías entonces que tienes tu trabajo controlado?
No sé si Carlos es o no un buen jefe, pero como experto en hacerte sentir incómoda, en que te lo cuestiones absolutamente todo, es un auténtico maestro.
⸺Sí, diría que sí.
⸺Eso está muy bien, es una buena noticia que tengas ese autoconcepto tan positivo acerca de tu desempeño en tu trabajo. ¿Y qué tal con tus compañeras y compañeros?
⸺¿A qué se refiere?
⸺¿Estás a gusto con ellos?
⸺Sí, bastante a gusto, también es verdad que no suelo relacionarme demasiado con el resto, siempre he priorizado el trabajo a las relaciones, podría decirse que no he intimado demasiado con nadie, así que no tengo nada malo que decir de ninguno de ellos o de ellas.
⸺¿Y dirías que son buenos como trabajadores o que son malos?
No sé dónde quiere ir a parar, lo que sí tengo claro es que me está intentado pillar por algún lado. De entre las preguntas que me está haciendo, hay al menos una que es una trampa.
⸺Supongo que como en todos sitios, hay algunos mejores y otros no tan buenos.
Carlos asiente. Deshace el rombo que tenía hecho con los dedos y ahora los entrelaza y apoya las manos sobre la bonita mesa. Su cara dibuja una sutil sonrisa con parsimonia, da la impresión de que controla hasta el más mínimo detalle de todo cuanto ocurre en su despacho, incluidas sus expresiones.
⸺Sabes, siempre he pensado que todas las personas tienen algo bueno que ofrecer, y que cuando ese algo se ha cumplido, es decir, cuando ya se ha dado, entonces ya no es necesario que siga dándolo, porque ya no es necesario. ¿Me entiendes?
Noto cómo la puta ansiedad vuelve a mí con fuerza. ¿Este hijo de puta me está echando?
⸺Creo que no te sigo, Carlos, quizá, si hablases un poco más claro…
⸺Claro que me has entendido, Lorena, y además perfectamente, tú eres una chica lista, lo supe desde el primer día que te vi, y créeme, tengo un ojo casi diabólico para las personas, fíjate que mi mujer dice que le doy incluso un poco de miedo, porque a veces no sabe cómo puedo saber ciertas cosas de las personas.
Asiento dejando que hable y me suelte la chapa. Trato de controlar mi ansiedad, pero ahora son mis ojos los que noto inquietos, yendo de aquí para allá. Prosigue.
⸺Así que, lo que yo creo, y como yo lo veo, es que tú ya has dado todo lo que tenías que dar en este puesto, Lorena, y por mucho que sigas insistiendo, ya no vas a poder dar más, porque ya lo has dado, es así de sencillo. ¿Lo entiendes ahora mejor?
⸺Sí, Carlos, lo entiendo perfectamente, pero no estoy de acuerdo. Y creo que estás cometiendo un error.
⸺Bueno, el hecho de que estés de acuerdo o no, no es opinable, aunque eres libre de expresar lo que piensas, faltaría más, pero yo soy el jefe aquí, y yo soy quien toma las decisiones y vela para que todo esto siga funcionando, qué digo funcionado, para que funcione cada día mejor.
Ahora se me junta el movimiento incontrolado de ojos, la ansiedad y las palpitaciones tras el pecho. Siento que voy a explotar, y que huelo todavía peor.
⸺¿Ya has terminado? ¿Puedo levantarme ya?
Carlos me mira desde su jodida atalaya, está disfrutando de esto.
Es un auténtico cabrón y pagará por esto cuando esté un poco mejor.
Antes de que me responda, me levanto sin más, necesito salir de aquí, necesito escapar, igual que he hecho esta mañana de mi casa.
Yo no me merezco esto. Me parece que he sido mucho más competente que el resto de mis compañeros, es todo muy injusto como para que mi dignidad lo pueda soportar.
⸺¿Qué estás haciendo, Lorena? Vuelve a sentarte, haz el favor.
Yergo la postura intentando mirar a mi jefe a los ojos, pero me cuesta horrores, ahora mismo me siento demasiado humillada y ninguneada como para tener que soportar una última mirada de superioridad.
⸺¿Para qué quieres que me siente?
⸺Aún no he terminado.
⸺Ya me lo has dejado muy claro.
⸺Pues me temo que no tan claro, debo estar poco lúcido esta mañana, porque me parece que no has entendido nada.
⸺¿El qué no he entendido? ¿Que me acabas de echar?
Carlos me sonríe con suficiencia.
⸺No quiero que sigas en el puesto que estás, eso es cierto, pero la razón es porque quiero que estés en otro puesto distinto, uno que esté a tu altura.
De pronto vuelvo a sentir la ansiedad tras de mí, pero ahora es distinta. No la siento como una amenaza. Aunque todavía presiento que hay trampa, tal vez me quiera de chica de la limpieza.
⸺¿Otro distinto?
⸺Sí, quiero que seas la jefa de una unidad y que dirijas una sección, que tengas a tu cargo a un equipo de personas. Y ahora, ¿te quieres volver a sentar, Lorena, por favor?
Dejo escapar una pequeña sonrisa que emerge desde lo más profundo y oculto que hay en mí.
Obedezco y vuelvo a tomar asiento. Me pregunto cómo no he podido ver que no me estaba echando, ¿tan mal estoy que ya no sé cómo interpretar la realidad?
¿Y si también me he estado equivocando con Javier y con Ana?
⸺Disculpa mi comportamiento, Carlos, últimamente he estado un poco estresada y me he precipitado pensando que me estabas echando.
⸺No te preocupes, lo entiendo perfectamente, yo también he pasado por situaciones así, en la vida hay tres o cuatro grandes crisis, todos pasamos por ellas.
Mira, ahora me esperan en una reunión bastante importante que creo que se alargará más allá de las tres del mediodía, y mañana viernes también tengo la agenda horrible, pero necesito que hablemos de tu nuevo puesto lo ante posible, quisiera que empezaras la semana que viene, ¿qué tal lo tienes mañana viernes para comer?
Así podemos hablar en un sitio tranquilo y alejado de oídos curiosos, ya sabes cómo son estas cosas, hay quien que no lleva bien que otras personas se lleven el ascenso que ellos desean.
Pienso durante dos segundos si Carlos podría haber sido capaz de montar todo este teatro con la única intención de llevarme por ahí a comer y quién sabe qué más, pero me digo que no puede ser capaz de algo así, de llegar a ese extremo.
⸺Mañana para comer me viene perfecto, Carlos, y muchas gracias por pensar en mí para el puesto, es todo un honor.
⸺Gracias a ti por tu trabajo, Lorena. Ve pensando en cuatro o cinco personas que te gustaría tener en tu equipo, y mañana las ponemos en común, a ver si estamos en la misma sintonía.
Asiento y me doy la vuelta para salir, antes de abrir la puerta, Carlos me dice:
⸺Ah, solo una cosa, no sé si lo conoces, pero hay un tal David en esta planta que no me hace ni pizca de gracia, lo digo porque ni se te ocurra elegir a ese como candidato, tampoco creo que dure mucho con nosotros.
Vuelvo a asentir mientras salgo de su despacho con muy mal cuerpo. ¿Está hablando del mismo David? ¿De mi amigo David?
Precisamente me encuentro con él justo cuando estoy a punto de entrar en mi despacho. Me recibe con una de sus habituales sonrisas.
⸺Sé que me vas a decir que no, pero lo tengo que intentar igual, ¿dejarías que te invitase hoy a comer?
Prometo que será una comida puramente informal.
Que no diré lo maravillosa que eres y que no insistiré para ir a tomar nada después.
Solo te quiero enseñar el nuevo local que he conocido justo aquí al ladito, hacen unas tapas increíbles.
Ah, y si no te importa me gustaría que me dieses tu opinión acerca del coche que me voy a comprar, estoy a punto de dar la señal y no sé si estoy cometiendo una locura o qué.
⸺Lo siento, David, pero hoy no puedo, disculpa, tengo bastante trabajo ⸺digo evitando mirarlo a los ojos y encerrándome en el despacho.
Cuando estoy a solas, me quedo mirando fijamente el pomo de la puerta durante unos minutos.
Deseando que David dé unos golecitos y luego entre, así tendré la excusa perfecta para disculparme.
Luego paso a desear que no lo haga, que no entre, si el jefe dice que no es de fiar, y me relaciona con él, ¿qué pensará entonces Carlos de mí? ¿Y qué pasará con mi nuevo puesto?
Espero a que sean las tres del mediodía para salir pitando rumbo al gimnasio y evitar tener que hablar o ver a nadie más antes de mi tarde de relax.