CAPÍTULO 21
JAVIER
Debería hacer caso a mi subconsciente
Llego al trabajo sintiéndome como hacía mucho tiempo que no me sentía. Me siento joven otra vez, con energía, con ilusión, con ganas de enfrentarme a un nuevo día.
En el servicio parece que todo el mundo no solo aprecia mis cambios, sino que le gustan.
Es como si, al sentirme mejor, la gente también me tratara mejor.
En mi cabeza han vuelto las melodías, hacía mucho tiempo que no las tenía.
Antes recuerdo que veía canciones en todas partes, el ritmo de todo cuanto me rodeaba, pero en algún momento del camino perdí la brújula con la que dirigía mi vida y ahora siento que he estado deambulando sin rumbo fijo.
Pero ya he vuelto a encontrar el camino, y ahora es cuestión de recuperar el tiempo perdido.
Recibo un mensaje de Cristina en el que pone simplemente dice: “Buenos días”.
Y nada más. Junto con las personas que tardan mucho en responder, está el acto de escribir sin nada que decir, o mejor dicho, diciendo nada.
Cristina es experta en ambas cosas. Francamente, no me extraña que el marido se haya ido con otra.
Me odio por pensar así, la infidelidad está mal, es un acto muy egoísta que no piensa en el daño que le puedas hacer a los demás.
Le respondo con otro “buenos días”, al que le ha añado un “¿qué tal estás?”.
Eso da pie a que Cristina responda otra vez.
¿Qué se supone que debía hacer yo? Si alguien te da los buenos días, aunque sea por mensaje, se ha de responder, y más aún teniendo en cuenta nuestro incidente de hace unos días.
Los tres puntos que indican que está escribiendo parpadean en la pantalla de mi teléfono durante unos tres o cuatro minutos.
Me pregunto si estará escribiendo un manifiesto, o el relato completo de lo que han sido sus treinta y dos años de vida, desde su nacimiento hasta ahora.
Cuando los tres puntos desaparecen llega un mensaje tan escueto como cargado de información.
De mal cuerpo. “Regular. Por no decir mal. Al final creo que me voy a coger la baja. Tengo mucha ansiedad. No he dormido en toda la noche. Así no puedo ir a trabajar”.
Respiro hondo mientras pienso qué responder.
Tengo que conseguir que Cristina no se coja la baja.
Es cierto que, desde un plano profesional, y siendo francos, lo ideal sería que se la cogiera, o mejor, que decidiese cambiar de trabajo.
No aporta mucho, aparte de los continuos problemas que genera, así que, pensando en términos de productividad, es una trabajadora nefasta.
Pero muchos amigos en el sindicato, tiene mucha facilidad para el llanto, y a menudo, a la gente le ablanda el llanto de otra persona.
Si empieza a decir por ahí que está de baja, entre otras cosas, porque su jefe la acosa y es un gilipollas, estoy perdido.
Le respondo nuevamente desde mi cara de salvador, mi cara más comprensiva y más humana. Cristina vuelve a abrirme su corazón, sus sentimientos, y yo vuelvo a decirle que necesita despejarse, salir por ahí, quedar con alguien, que le dé un poco el aire.
⸺Claro, salir por ahí, quedar con alguien, lo dices como si fuera fácil.
⸺Es fácil.
⸺Será para ti. La mayoría de mis amigas tienen hijos pequeños y generalmente nunca tienen tiempo.
Luego están las amigas que hice a través del hijo de puta de mi futuro ex, a esas, por razones obvias, no las quiero ver.
Quitando de eso, creo que solo me quedan un par más, pero tienen la sensibilidad en el culo y cuando quedo con ellas vuelvo peor.
Ahora soy yo el que somete a Cristina a un par de minutos de espera bajo la presencia de los tres puntos parpadeantes. Desde alguna parte de mi subconsciente puedo percibir que intentando arreglar un error, estoy a punto de cometer otro error.
⸺Seguro que hay alguien más en quien no has pensado y que ese alguien es la persona ideal. Muchas veces, las personas de quienes menos esperas, son las que más te dan.
⸺Nada, Javier, no insistas, tengo que empezar a asumir que mi vida es una mierda y ya está. Estoy más sola que la una. Lo que no sé es qué sigo haciendo aquí, no le importo a nadie.
⸺No digas tonterías, Cristina, haz el favor, y por supuesto que le importas a mucha gente.
⸺¿Sí? ¿A quién?
⸺Pues seguro que a muchísima más gente de la que te crees. A mí, sin ir más lejos, me importas.
⸺No te burles de mí, Javier, por favor, que me mientan y que se rían de mí es lo último que ahora necesito.
⸺No te estoy mintiendo ni me estoy burlando de ti, Cristina, te estoy diciendo la verdad.
⸺Déjalo, anda, Javier, ya veré lo que hago, te agradezco que intentes animarme. Voy a ver si llamo al médico de cabecera y adelanto mi cita de mañana a hoy, y que me dé ya la baja.
Entrecierro los ojos antes de responder. Mi subconsciente me está diciendo que no lo haga, que no cometa el error.
⸺¿Y si nos tomamos algo y me cuentas mejor en persona como te sientes?
Cristina tarda un par de minutos es responder.
⸺Javier, tú no tienes tiempo, tienes mucho trabajo y muchas obligaciones familiares. Déjalo, anda.
⸺Para un café claro que tengo tiempo, faltaría más, mira, ¿cómo lo tienes a mediodía?
⸺¿A mediodía?
⸺Sí, a mediodía, llevo unos días saliendo un poco antes, yo también iba muy estresado y estoy introduciendo cambios en mi vida.
⸺Pues a mediodía bien, como el resto del día, sin nada que hacer.
⸺Pues no se hable más, quedamos sobre las tres menos cuarto y nos tomamos algo, ¿vale?
Cristina tarda un minuto en responder un sencillo “vale”. No sé por qué narices he hecho lo que he hecho, pero me parece que puede ser un error.
Durante el resto de la mañana me planteo varias veces escribirle a Lorena, pero me da miedo a que empiece con un discurso victimista. Ya he gastado bastante energía con Cristina, mi papel de “salvador” cada día tiene menos aguante.
Veo que quien me ha escrito es Ana, me pregunta si puede afinar un poco otra de mis guitarras, la eléctrica.
Le respondo que, sin problemas, que coja lo que quiera, que está en su casa.
Luego me dice que, si no me importa que ponga una lavadora, así lava su ropa sucia y la que le cogió prestada a Lorena, yo le digo que por supuesto.
Me sorprendo a mí mismo sonriendo mientras me escribo mensajes con Ana.
Transmite una energía y una forma de enfrentarse a la vida que me da mucha calma y paz, que me hace sentir muy bien.
Finalmente me dice que le ha gustado mucho acompañarme a dejar a las niñas en el colegio y que no tiene ningún inconveniente en ir también a recogerlas, tal y como ellas han insistido que haga.
Que incluso después, podemos ir al cine a ver la última comedia familiar de Santiago Segura.
No sé cómo le sentará a Lorena una respuesta afirmativa a lo que propone Ana, pero sí sé que a mí me apetece el plan, y que llevo mucho tiempo viviendo por y para los demás, así que le responde que vale. Después le preguntaré a Lorena si se quiere apuntar, pensar en eso me hace sentir menos mal.
La mañana se me pasa volando pensando en la agradable tarde que me espera. Cuando me doy cuenta ya es la hora de mi extraña quedada con Cristina, así salgo pintando antes de hora por segundo día consecutivo.