CAPÍTULO 19
JAVIER
Estás prohibido
Cuando empecé a salir con Lorena me advirtió que tenía mucho genio, y es cierto que alguna que otra vez he podido comprobar que algo de cierto había en ello, pero el grito que acabamos de escuchar ahora mismo es con mucho la mayor manifestación de rabia y de dolor que he presenciado nunca.
Durante unos cuantos segundos nadie nos atrevemos a decir nada.
Las niñas se han quedado petrificadas, y yo siento verdadero pavor por lo que debo de haber hecho mal.
Ana es la que, con mucha, conserva más la calma.
Normal, ella está aquí de paso, es como una espectadora que está presenciando en primera fila la descomposición de una familia.
Me acerco a Lorena con sumo cuidado, como si estuviese frente a una peligrosa psicópata. Tiene un par de bolsas en cada mano que deja caer al suelo. Me mira fijamente.
⸺Cariño, ¿qué ocurre? ¿Qué te pasa?
A un metro de mi mujer puedo ver con todo detalle cómo le tiemblan los labios y los ojos.
Es como si fuese a resquebrajarse desde dentro.
Lo cierto es que da un poco de miedo. Parece que va a volver a estallar en otro descomunal grito, pero finalmente no lo hace, pasa frente a mí esquivándome como si yo fuese un tronco de madera ardiendo y se apresura a subir las escaleras de casa como si le fuese la vida en ello.
Tanto las niñas como Ana me miran buscando una explicación ante semejante reacción.
Martina, de hecho, se acerca a mí y me abraza, como buscando un consuelo de algo que no entiende pero que la ha llenado de miedo. Me mira a los ojos y verbaliza lo que todos pensamos:
⸺¿Qué le pasa a mamá?
Yo cojo algo de aire para impulsar a mi respuesta de algo de lógica y calma. Tardo un par de segundos en responder.
⸺Debe de haber tenido un día duro de trabajo, voy a ver si necesita algo, ¿de acuerdo?
Martina asiente. Miro a Natalia, que está cruzada de brazos, a su lado está Ana, a quien parece que se ha acercado instintivamente, como buscando el refugio de otra figura materna distinta a la madre con la que últimamente tan mal se lleva.
⸺¿Te puedo ayudar con algo, Javier? ⸺pregunta Ana cuando estoy junto al pie de la escalera.
Eso mismo me pregunto yo, ¿me puede ayudar con algo? De pronto me siento un poco cansado. Cansado de todo.
⸺Gracias, Ana, no hace falta. Voy a ver si Lorena necesita algo.
⸺Puedo ir preparándoles la cena a las niñas, si te parece bien.
Miro la hora. Son casi las ocho y media. Y las niñas suelen cenar sobre las nueve.
⸺¿No te importa?
⸺¿Importarme? Para nada, adoro cocinar.
⸺Pues a mí no me gusta en absoluto, la cocina te toca a ti, así que si lo que estás buscando es una cocinera, puedes ir buscándote a otra, porque yo no soy de esas.
⸺Yo no busco ninguna cocinera, Lorena, solo digo que a veces podríamos intercambiar los roles. Que, si lo pruebas, a lo mejor termina gustándote, aunque sea un poco.
⸺Yo no tengo nada que probar, yo sé perfectamente lo que me gusta, a lo mejor el que no lo tienes claro eres tú. ¿Y lo de los roles? ¿De qué roles me hablas?
⸺Me refiero a quién hace qué en la casa.
⸺Explícate.
⸺Yo me canso de cocinar todos los días, y supongo que tú también te cansarás, por ejemplo, de tener siempre la ropa a punto para las niñas. Podríamos intercambiar las tareas de vez en cuando, por variar más que nada.
⸺¿Por variar?
⸺Sí, Lorena, variar, hacer siempre lo mismo, cansa.
⸺Te cansará a ti, porque a mí no, y ni se te ocurra poner tus manos en la ropa de las niñas, eso es cosa mía, igual que la cocina es cosa tuya. Y no hay más que hablar.
⸺¿Podemos hablar un momento, Lorena?
Lorena camina de un lado a otro de la habitación mientras respira el escaso aire que hay dentro de una bolsa de plástico, que se hincha y se arruga cada vez que inspira y expira.
Me mira de reojo con el rostro congestionado.
No sé bien qué le pasa, pero parece al borde del colapso.
Intento acercarme a ella, establecer contacto, cuando estiro mi mano derecha para rozar uno de sus hombros, se aparta como si yo fuese el mismo demonio.
⸺Lorena, si no me explicas qué te pasa, no puedo ayudarte, y te aseguro que es lo que más quiero en este preciso momento.
Inspira y expira de nuevo mientras se sienta en el borde de la cama. Deja la bolsa a un lado. Se le han formado dos surcos con forma de arco a ambos lados de la boca. Parece el muñeco de un ventrílocuo. Le tiembla un poco la mandíbula inferior cuando articula la primera palabra.
⸺Necesito que me expliques qué narices hacía Ana con mi ropa.
Medito la respuesta durante un par de segundos sin desviar la mirada de los ojos de Lorena, cuyas pupilas parecen revolotear como dos abejorros que buscan a alguien a quien picar.
⸺¿En serio te has puesto así por eso?
⸺No empiezas con esa mierda, Javier.
⸺¿Que no empiece con qué?
⸺Con quitarle peso a mis sentimientos. Explícame en qué momento se ha puesto Ana mi ropa.
Vuelvo a tomarme el tiempo necesario para emitir la respuesta correcta, con Lorena se cumple aquello de cualquier cosa que digas o hagas podrá ser utilizado en tu contra.
⸺Me ha preguntado por alguna tienda de ropa cerca de casa, yo le he dicho que no conocía a ninguna, pero que podía coger algo tuyo hasta que pudiese ir a comprar algo de ropa.
Lorena me mira como si estuviese haciendo un esfuerzo sobre humano por que su rostro no se descompusiera en cien mil pedazos.
⸺¿Que tú le has dicho que podía ponerse mi ropa?
⸺Sí, yo, ¿qué problema hay?
⸺Sabes de sobra lo mucho que cuido mi ropa, y que odio que toquen mis cosas, ¿me quieres decir que no has pensado ni por un momento que una mujer a la que no conozco de nada tocara y se pusiera mi ropa no podía suponer un motivo de enfado para mí?
Cojo aire y lo suelto despacio. Aunque la montaña sigue escarpada, ya tengo donde apoyar las manos y los pies. Ya tengo lo que se dice dónde agarrarme. Ya hay diálogo. Y ahí siempre gano.
⸺Pues si te digo la verdad, no, no lo he pensado, Lorena, ¿crees que le hubiese dado permiso de haber pensado durante medio segundo que eso podría hacer enfadar a mi mujer?
⸺Pues no lo sé, la verdad.
⸺Pues yo sí lo sé, Lorena, y te pido perdón, soy plenamente consciente de que ha sido un gran error, pero también quiero que sepas que lo he hecho desde la grandísima confianza que tenemos.
Te parecerá una tontería, pero darle a Ana permiso para que cogiese algo de tu ropa me ha sentir muchísimo orgullo por la relación que tenemos.
Por lo nuestro. Me ha hecho recordar lo mucho que te amo y que te quiero. Lo especial que es esto.
Lorena entrecierra los ojos. Se tapa la cara con las dos manos. Cabecea hacia ambos lados. Ahora sí la tengo.
⸺No entiendo nada, Javier, no sé qué tiene que ver una cosa con la otra, explícate.
Me acerco un poco más a ella.
⸺Lorena, la mayoría de relaciones que conozco hoy en día son relaciones de mierda. La gente se ha vuelto una egoísta de mucho cuidado, vive en pareja, pero es como si fuesen compañeros de piso, o muchas veces ni eso. Comparten techo y poco más. En cambio tú y yo…
⸺Tú y yo, ¿qué?
⸺Tú y yo somos de verdad, Lorena, lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, por eso le he dado permiso a Ana, como si tú le das permiso a ella o a quien sea para que coja cualquiera de mis cosas.
Lorena vuelve a cabecear. Los surcos que enmarcan su boca se empiezan a difuminar. Ya no parece tanto el muñeco de un ventrílocuo. Ahora se parece más a una muñeca vieja de porcelana.
⸺Estoy muy cansada, Javier, y no sé si lo que me estás diciendo es de verdad o te lo acabas de inventar, pero te suplico que no vuelvas a hacer nada semejante, ¿vale?
Me saco de la chistera la mejor de mis sonrisas.
⸺Vale, cariño, ¿me dejas darte un abrazo?
Ella asiente son el rostro ya completamente relajado.
⸺Ten un poco de paciencia conmigo, Javier, estoy pasando una mala racha y no me encuentro muy bien ⸺dice Lorena con el rostro apoyado entre mi hombro y mi cuello.
⸺Contigo tengo toda la paciencia del mundo, cariño, y no te preocupes por nada, anda, todo está bien, y todo va a ir a mejor.
⸺¿De verdad?
⸺No te quepa la menor duda. Y ahora, si te parece, bajemos a cenar.
⸺Deben pensar que su madre se ha vuelto loca.
⸺Para nada, y está bien que vean que no siempre es todo de color de rosa, a veces estamos mejor, y a veces estamos peor.
⸺Gracias, Javier.
⸺¿Por?
⸺Por no hacerme sentir que estoy loca.
⸺Eso nunca, mi vida.
Mientras bajamos las escaleras nos llega el fabuloso olor de la cena que ha preparado Ana con ayuda de las niñas, no sé lo que es, pero tiene pinta de ser una auténtica delicia.
Cuando Lorena recorre con la mirada el menú que nuestra invitada ha preparado en tiempo récord, me vuelve a acuchillar con la mirada.