CAPÍTULO 17
JAVIER
La vida es para los que se arriesgan
Antes de salir del trabajo, me hago el ánimo y le escribo un mensaje a Cristina, siguiendo las sabias indicaciones de Reme, la otra administrativa.
Como es habitual en ella, me lee enseguida, pero tarda en responder.
Me pone muy nervioso la gente que hace eso, meditar una respuesta de forma tan calculada.
Es como si estuviese midiendo milimétricamente cada palabra para dar justo en el centro de la diana.
Le resta naturalidad, y eso, muchas veces, atrae la falsedad.
Tras unos cuantos mensajes en los que Cristina no para de insinuar que está mal por mi culpa y que está pensando en denunciarme por acoso y en cogerse una baja de larga duración, finalmente consigo hacer que se abra un poco y me cuente lo verdaderamente malo que le está pasando en su vida: su relación fallida.
Y es ahí donde encuentro un lugar para posicionarme y hacerme fuerte.
Es ahí donde me encuentro realmente cómodo: ejerciendo el rol de “salvador”.
El mismo que adopté cuando conocí a Lorena, o con Verónica, o todos los días en mi trabajo cuando viene a verme gente con problemas, o, más recientemente, con Ana, la invitada que tenemos en casa a quien atropellé y ahora he de compensar.
Tras un rato en el que le muestro a Cristina mi cara más cercana y comprensiva, terminamos quedando para charlar tranquilamente en otro momento, yo decido traspasar la línea de lo profesional y le propongo si quiere que quedemos en persona, a lo mejor le viene bien que le dé un poco el aire.
Cuando estás atravesando problemas personales, y más concretamente un divorcio, viene bien cambiar de ambiente, lo sé por experiencia propia.
Mi primer matrimonio también terminó de un modo un poco dramático que estuvo a punto de hundirme en un oscuro pozo.
Cristina me dice que vale, que ya quedaremos en persona cuando esté un poco mejor, que todavía está un poco floja por la discusión que tuvo conmigo un par de días antes.
Yo le digo que no hay prisa, me disculpo otra vez, que se tome su tiempo.
Ella termina la conversación dándome las gracias.
Y yo respiro aliviado pensando que uno de mis últimos problemas ya está medio arreglado.
Tal y como me había propuesto, salgo antes del trabajo para sorpresa de todos.
Reme es la primera que me mira con esa cara de sabiduría, sé que está pensando que “algo me pasa”.
Pero dos de las médicas del servicio, Rocío y Silvia, también se miran el reloj de sus muñecas cuando me ven salir frente a ellas.
Cuando llego a casa no son ni las tres, creo que no he llegado nunca tan pronto.
Y lo que escucho de fondo me llena de alegría.
Me remueve las células de todo el cuerpo.
Son de nuevo los acordes de una de mis guitarras.
La acústica. Los acordes son de Smells Like Teen Spirits, de Nirvana , suenan asombrosamente bien. Ana está subiendo el nivel.
Subo a la buhardilla avisando de mi llegada.
Cuando llego a mi santuario veo que Ana sigue tocando a pesar de mi presencia.
Tiene su ondulado pelo todavía más brillante que esta mañana.
Huele asombrosamente bien. Se ha puesto unos shorts blancos de Lorena que hacía siglos que no se los veía puestos.
También se ha puesto una camiseta de tirantes color negra que Lorena tampoco se pone desde hace por los menos un par de años.
No sé cómo ha encontrado esas prendas, lo que sí sé es que le quedan de perlas.
Espero a que termine de tocar el mítico tema de Nirvana para darle mi enhorabuena.
⸺Vaya, tocas realmente bien la guitarra, Ana.
Ella se sonroja ligeramente y el tono de su piel se vuelve de un tono rojo atardecer.
⸺Qué va, si no ha sido nada. Seguro que tú tocas mucho mejor.
⸺No te creas, tengo varias guitarras, pero hace bastante que no toco ninguna.
⸺¿Y eso? Pero si aquí arriba tienes casi un estudio de grabación. No creo que Abbey Road fuese mucho mejor cuando empezó.
⸺Qué exagerada eres, qué más quisiera yo.
⸺¿Cuáles son tus referentes?
De pronto me incomoda un poco decepcionarla. Así que pienso en algunos grupos que, según lo que le he oído tocar, le puedan impresionar.
⸺Bueno, me gusta escuchar de todo, sobre todo de formaciones anteriores a los dos mil. Led Zeppelin, Deep Purple, ZZTop, los Rolling, The Cure, Fleetwood Mac, Yes, los Beatles, los Beach Boys, y un sin fin más de los que podríamos hablar horas y horas sin parar.
⸺Vaya, has nombrado a los mejores, a veces tengo la impresión de que ya no volveremos a ver grupos como esos.
⸺Bueno, puede que sí, puede que no, sabes, hay mucha gente como tú o como yo que adoramos esa música, tal vez alguien en algún lugar, con nuestros mismos gustos, esté creando en estos momentos su propia banda musical.
Ana me mira con fascinación. Me tiende la guitarra que ella tenía en la mano.
⸺Ahora tú.
Cojo mi acústica y noto la calidez de las manos de Ana en las partes por las que las sostenía, que contrastan con el frío del resto de materiales de mi guitarra.
Durante unos segundos me asalta una mezcla entre vergüenza y miedo escénico, lo cierto es que hace tiempo que no subo aquí a tocar, aunque también es cierto que he tocado tantas veces que no debería por qué fallar precisamente ahora.
Cierro los ojos y dejo que sea la música la que llegue a mí y no yo a ella.
Así es como debe concebirse el arte. Somos nosotros quienes estamos a su servicio, y no al revés.
Pongo una mano sobre los trastes y la otra sobre las cuerdas y los primeros acordes de Yesterday , de los Beatles, inundan todos los rincones de mi santuario.
Cuentan que Paul McCartney soñó con la melodía completa mientras dormía.
Despertó tan fascinado y conmovido que pensó que se trataba de una canción que había escuchado en algún sitio, que no acababa de componer sin ser consciente una de las canciones más aclamadas de todos los tiempos.
Cuando termino, Ana me contempla embelesada.
Aplaude con verdadera admiración y yo me siento tan sumamente bien que decido continuar con algo más arriesgado, Brothers in Arms , de Dire Straits.
Nadie se atreve con la guitarra de Mark Knopfler, pero hoy me siento un aventurero. La vida es para el que se arriesga.
⸺Dios mío, Javier, ¿cómo puedes tocar así de bien?
⸺Venga ya, tú tampoco lo haces nada mal.
⸺¿Estás de broma? ¿Eres músico profesional o algo?
⸺No, qué va, pero sí…
⸺Pero nada, estás jugándole una mala pasada al universo privándole de tu música.
⸺Qué exagerada, por cierto, ¿has comido? ⸺digo cambiando de tema para rebajar un poco la emoción del momento.
⸺No, pero he preparado algo durante la mañana, ¿tú has comido?
⸺Pues no, tampoco he comido.
⸺Pues si quieres te acompaño.
⸺Faltaría más, después de haber sido tú la que has estado cocinando.
Bajamos a la cocina, Ana baja las escaleras a la pata coja sin ningún tipo de esfuerzo, está realmente en forma. Se me abren los ojos de par en par cuando veo que lo que ha preparado es una fideuá de carne asombrosa. Adoro la fideuá.
⸺Creo que es la fideuá más deliciosa que he comido en mi vida. Y todos estos ingredientes, ¿estaban en mi nevera?
Ana sonríe y asiente. De nuevo sus mejillas se visten de un tono rojizo muy cálido y acogedor, dan ganas de acariciarla.
Mi móvil vibra en el bolsillo de mi pantalón.
Es Lorena. Me dice en un tono muy seco que hoy tengo que ir yo a recoger a las niñas, que salen a las cinco, que ella tiene gimnasio.
⸺¿Todo bien? ⸺pregunta Ana, que está sentada frente a mí y da la impresión de que me lea la mente.
⸺Sí, todo bien, Lorena me acaba de decir que tengo que ir a recoger a las niñas al colegio.
⸺¿A qué hora salen?
⸺A las cinco.
Ana se mira el reloj de pulsera. Es analógico, con la esfera bastante pequeña y de un tono dorado. Es muy ella, diferente a lo que se lleva hoy en día.
⸺Falta media hora, ¿te da tiempo?
⸺Sí, sí, es solo que… en fin, no lo tenía previsto.
⸺Bueno, la vida es una improvisación, a veces hay que dejarse llevar, ¿te importa si te acompaño? Así me da un poco el aire.
Me quedo pensando durante un largo segundo. La vida es para los que se arriesga.
⸺Claro, por qué no, seguro que a las niñas les alegras, les has caído muy bien.
⸺¿Tú crees?
⸺Estoy completamente seguro de ello. Si quieres también podemos aprovechar para ir a comprar algo de ropa, decías que necesitabas algunas cosas, ¿no?
La expresión de Ana se expande.
⸺Me parece una idea maravillosa, y sí, no es plan de ir siempre vestida con la ropa de Lorena, a algunas mujeres no les hace mucha gracia que toquen sus cosas.
En unos quince minutos hemos terminado de recoger la cocina y ponemos rumbo a por las niñas sin parar de hablar de lo mucho que amamos el arte y la música. Cuando llegamos al colegio, como yo había predicho, a las niñas les encanta ver a Ana.