CAPÍTULO 12
LORENA
El incidente
Me tengo que encerrar un rato en el cuarto para controlar el acceso de ansiedad que me ha generado toda esta historia del accidente de Javier y su invitada.
Sé que me está mintiendo, puedo sentirlo desde alguna parte de mi subconsciente.
Hay algo en toda esta historia que no termina de encajar.
Pero no sé qué es. A lo mejor es solo mi inseguridad, o mi tendencia a pensar mal.
Pero esa chica, Ana, hay algo en ella que tampoco me ha gustado nada, pero no sabría decir qué es.
Me encuentro demasiado cansada y ofuscada para pensar con claridad.
Necesito encontrarme a mí misma de una vez.
Porque voy camino de perder el control, y no quiero que eso pase otra vez.
Cuando salgo del cuarto escucho cómo Javier termina de darle indicaciones a Ana acerca de la casa y, más concretamente, de la buhardilla donde va a instalarla.
Me fastidia que la haya instalado justo en ese espacio de la casa, él siempre dijo que era su santuario, su lugar sagrado, el sitio donde daba rienda suelta a su afición por tocar la guitarra.
Una de las cosas que me conquistó de él era su pasión por la creatividad, sus ideas propias y genuinas.
Decía que todos éramos creadores, que estábamos hechos a imagen y semejanza del universo, y que todo el mundo teníamos la obligación existencial de crear algo, de contribuir a que este mundo fuese un poco mejor, un poco más completo.
Pero Javier ya hace tiempo que no sube a la buhardilla a crear nada, desde que cogió ese estúpido cargo, parece que ya no sea el mismo de siempre.
Lo veo bajar las escaleras a buen ritmo. Está contento.
⸺Javier, ¿te importa si hablamos un momento a solas?
⸺Claro, cariño, dime.
⸺Mejor en el cuarto, por favor.
Noto cómo me tiembla un poco la voz. Odio cuando me pasa eso.
Javier asiente con una sonrisa torcida. Está claro que está nervioso.
Antes era muy perceptiva y sensitiva con estas cosas, pero últimamente también fallo.
Hay muchas cosas que no están bien en mi vida.
La crisis de los cuarenta me está afectando de un modo muy dramático.
Antes de cerrar la puerta del cuarto, escucho cómo Martina cambia de canal constantemente, está en el piso de abajo, en el salón de la casa, sigo pensando en lo que ha pasado esta mañana.
⸺Dime, cariño, ¿qué ocurre?
Antes de decir nada, miro a Javier a los ojos. Los ojos nunca mienten.
⸺Javier, necesito que me mires a los ojos y me digas que no hay nada entre tú y esa mujer que acabas de instalar en nuestra casa sin ni siquiera avisar.
Los ojos de Javier se abren de par en par. No sé si eso es buena o mala señal. Antes sí lo sabía.
⸺¿Qué? Pero, ¿qué dices? ¡Por supuesto que no!
Solo hay lo que te acabo de contar, nada más.
Sé que es una historia un poco rara, no te voy a mentir, yo también dudaría, pero te juro por mi vida que ayer fue la primera vez que vi a esa mujer, no la conozco absolutamente de nada.
Lo que sí sé es que la atropellé, y que me siento muy mal porque por mi culpa no llegó a una entrevista de trabajo, ha perdido el puesto al que optaba, y ahora encima no podía volver a casa y no tenía dónde quedarse aquí hasta que la inflamación de su pierna baje, ¿qué hubieras hecho tú en mi lugar?
Noto cómo la presión en mi pecho desciende un poco.
Parece que está siendo bastante sincero, a pesar de que siga sin hacerme ni pizca de gracia que una mujer más joven y atractiva que yo se aloje en esta casa.
Si esto hubiese pasado hace cuatro o cinco años, cuando yo me encontraba en plena forma, aún, pero ahora…
⸺Está bien, Javier, perdóname por dudar de ti, no estoy en mi mejor momento y, en fin, no soportaría que me fueses infiel, eso lo sabes, ¿verdad?
Javier entrecierra los ojos y asiente.
⸺Lo sé, cariño, y no quiero que te preocupes, por favor, estate tranquila y disfruta, tenemos todo lo que habíamos deseado, no nos hace falta nada, solo saber disfrutar del momento, ¿vale? No desperdiciemos la vida inventando preocupaciones.
Lleno mi pecho de aire y dejo que las palabras de Javier lleguen a mí. Lo cierto es que tiene razón. Lo tenemos todo, y, sin embargo…
⸺Te echo de menos, Javier.
Javier me acaricia la barbilla y dejo que por un momento se me olvide todo. Eso es otra de las cosas que me enamoraron de él. Sabía cómo hacer que todos mis problemas pasaran a un segundo plano como por arte de magia. Sabía cómo llegar a mí. Ahora rara vez lo hace.
⸺Estoy aquí, Lorena, no me he ido a ningún sitio.
⸺Ya, pero, últimamente…
⸺Últimamente nada, disfrutemos del momento y nada más, ¿vale?
⸺Vale.
⸺Voy a pegarme una ducha, si quieres podemos hacer algo más tarde, los cuatro juntos, ¿qué opinas?
La conversación con Javier hace que la ansiedad se diluya por completo. Ahora mismo ya no existe.
⸺Opino que a las niñas les encantará que vayamos a cenar y después a jugar un rato a la bolera.
⸺Pues no se hable más, ya tenemos plan familiar. Si no te importa, envío unos cuantos correos, me ducho, y ya soy todo tuyo.
Asiento mientras dejo que Javier me dé un tierno beso en la frente.
Cuando pone rumbo hacia la puerta de la habitación me digo que debería contarle el incidente con Martina de esta mañana, pero por alguna razón no lo hago, prefiero guardarme esa información para mí.
Si la cosa se repite, o va a más, entonces se lo contaré.
Cuando salgo de mi habitación escucho cómo Ana canturrea alegremente una canción desde su nueva habitación, el santuario de mi marido.
Se me vuelve a erizar la piel de todo el cuerpo y tengo que hacer un gran esfuerzo por centrarme en lo que me acaba de decir Javier, que todo está bien, que solo tenemos que preocuparnos por disfrutar del momento.
Ojalá todo fuese tan sencillo como eso.