CAPÍTULO 10
LORENA
Todo se viene abajo
De camino a casa trato de mantener mi cabeza en calma. Me repito una y otra vez que todo está bien, aunque en el fondo sepa que no lo está.
Todavía no sé qué le ha podido pasar a Martina para que se haya peleado de esa forma, ella nunca ha sido una niña agresiva, y tampoco nos ha querido decir qué le han hecho exactamente los dos niños a los que le ha dado varias patadas y les ha tirado del pelo.
Uno de ellos todavía sangraba por la nariz cuando he llegado.
Miro por el espejo retrovisor la angelical imagen de la pequeña familia.
Ahora con la mirada perdida y el pelo encrespado.
Le he pedido a Noelia, la mamá de una de las mejores amigas de mi hija mayor, Natalia, si podía llevársela a comer a casa y después a la extraescolar de gimnasia deportiva, a la que también va su hija, Vega.
Así tengo algo más de margen para reflexionar, estar un poco más con Martina y, si Javier llega a una hora decente, hablar con él para comentarle lo que ha pasado.
La jefa de estudios me ha preguntado lo típico, si está todo bien en casa, si estamos teniendo problemas, si Martina ha podido ser testigo de escenas de violencia doméstica. Todo demasiado incómodo para ser cierto.
Luego ha sacado el tema de las pantallas.
Me ha fastidiado especialmente que diese por supuesto que mis hijas ven la tele todos los días.
A ver, es cierto, la ven, pero controlo bastante el contenido al que tienen acceso y limito bastante el tiempo máximo diario.
Me ha hecho sentir mal, esa es la verdad.
⸺¿Todo bien, Martina?
Martina no solo tiene la mirada perdida, también está más callada de lo normal. Es como cuando atraviesa un proceso gripal, luego se pasa un par de días sin apenas decir nada. Ahora está igual.
Se encoge de hombros. Asiente. La veo un poco triste. Es como si todavía estuviese asimilando lo que pasado, como si ella fuese la primera decepcionada con su propio comportamiento.
⸺Todo bien, mamá.
Pero no lo está. No todo está bien. Me llega una notificación al teléfono móvil.
Es David. Me pregunta qué tal está mi hija, también quiere saber si está todo bien.
En el fondo, a todos nos perturba la incomodidad, la falta de tranquilidad, es como si nos hubiésemos vuelto alérgicos a cualquier tipo de disconfort.
Le contestaré más tarde. Estaba pasando un rato muy agradable y divertido con él que de pronto también me hace sentir mal, como si le hubiese sido infiel a Javier, también eso es una perturbación porque me hace recordar cuánto tiempo hace que mi marido y yo no nos divertimos juntos.
Cómo han cambiado nuestras vidas en los últimos años, pero, sobre todo, en los últimos meses.
⸺Vamos a parar un momento en Mercadona, ¿vale?
Martina continúa un poco ausente. Mis palabras parece que le resbalen.
⸺Martina, ¿me has escuchado?
⸺Qué.
⸺Te decía que vamos a parar un momento en Mercadona.
Asiente sin decir nada. Muy raro viniendo de la persona más expresiva de la casa.
Cuando estoy aparcando recuerdo otra de las preguntas que me han hecho, en esta ocasión, ha sido la orientadora del centro, es decir, la psicóloga de toda la vida que ahora la llaman de otra forma.
⸺¿Es propicia su hija a las explosiones de violencia o a la ira?
⸺¿Propicia a la violencia? ¿En qué sentido?
⸺En el sentido de golpear o iniciar un conflicto ante un detonante aparentemente mínimo .
⸺No, la verdad es que no. De hecho, es la primera vez que sucede algo así.
⸺¿Y qué me dice de usted o de su marido?
⸺¿Qué?
⸺Que si usted o su marido han tenido episodios similares alguna vez.
A veces hay un rasgo hereditario de la personalidad que nos hacen más propensos a la violencia, a reaccionar mal, no lo digo como algo malo, es algo así como un pronto muy malo.
Lo comento porque si esos dos chicos no le han hecho como quien dice nada, y se confirma que su reacción ha sido del todo desproporcionada, no estaría de más buscar la causa.
A lo mejor es un episodio aislado, es lo más probable, peor a lo mejor no.
Si sabemos un poco acerca del origen de este episodio, podremos trabajar sobre él para que no vuelva a ocurrir.
⸺Pues no, ni mi marido ni yo somos personas violentas, tampoco mi otra hija, Natalia, no sé muy bien lo que está queriendo decir, la verdad, pero me está haciendo sentir un poco mal.
Y no vuelva a insinuar que mi hija ha reaccionado de forma desproporcionada, a lo mejor lo que deberían estar haciendo es investigar un poco más sobre esos dos niños, porque es posible que no sean tan inocentes como usted cree.
Lo que iban a ser cuatro cosas, terminando convirtiéndose en un carro casi lleno. Al menos parece que Martina está un poco más animada. ¿Cómo se supone que debo tomarme este incidente? ¿Ahora resulta que es mi hija una niña violenta por naturaleza? ¿Es eso lo que insinuaba la orientadora?
Cuando llegamos a casa veo que Javier ya ha llegado, algo raro e inusual en él. Pero más raro e inusual es que no está solo, está con una mujer más joven que él.