La Invitada CAPÍTULO 9
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CAPÍTULO 9

JAVIER

La invitación

Cuando ya pasan las tres de la tarde, y todo mi servicio se ha ido, aprovecho para subir a la planta de traumatología y preguntar por la chica que atropellé ayer.

Siento cierta zozobra por si alguien se entera de lo que ha pasado.

Soy el jefe de prevención y mi objetivo principal es evitar que tengan lugar los accidentes, en cambio ayer fui el causante de uno en el que casi pierde la vida una mujer.

Pregunto en el control de enfermería por la mujer que han trasladado desde el hospital Clínico para valorar si la tienen que operar.

Toñi, una de las enfermeras de toda la vida, me indica que está en la habitación catorce, que en breve se marchará porque le han dado el alta.

Le doy las gracias y me dirijo hacia allí con una gran sensación de alivio.

Si le han dado el alta es que no estaba tan mal, y eso implica que no voy a tener problemas.

Doy un par de golpecitos en la puerta donde está ingresada Ana García.

⸺¿Se puede?

Entro sin esperar una respuesta, como es habitual en los hospitales. Veo a la mujer a la que atropellé ayer tumbada en la cama, está mirando hacia la ventana. Mi teléfono móvil empieza a vibrar, pero no me molesto en mirar quién es.

⸺¿Ana?

La mujer de pelo rubio oscuro y ojos verdes se gira hacia mí. Tiene la mirada empañada, se esfuerza por sonreír. Debe rondar los treinta y largos.

⸺Hola, ¿qué haces tú aquí? ⸺pregunta con sorpresa.

⸺Trabajo aquí, y he oído que te habían trasladado desde el Clínico, así que me ha parecido buena idea venir a ver qué tal estabas.

Asiente con una sonrisa que se antoja más triste que alegre.

⸺Hace un rato ha venido un médico a darme el alta, al parecer solo ha sido el golpe, eso sí, un golpe bastante fuerte.

Me ha dicho que guarde reposo relativo durante unos días hasta que se reabsorba el hematoma que se me ha hecho dentro del hueso, que evite andar demasiado, que tenga la pierna en alto el mayor tiempo posible.

Que hay casos en los que la fractura se produce días después si no voy con cuidado, incluso podría tener lugar un trombo o algo así que podría derivar en algo más grave, no recuerdo bien esa parte, está todo en el informe ⸺dice mirando hacia un papel que hay sobre la mesa que hay en el lado derecho de la cama.

⸺Bueno, menos mal que no hay fractura y que no hay que operar, eso siempre complica las cosas, ya verás como en unos días estás mucho mejor.

⸺Eso espero.

⸺Seguro que sí.

Ana asiente de nuevo con un halo de gran tristeza, es como si estuviese a punto de romper a llorar.

⸺Verás, Ana, quería volverte a pedir disculpas por lo de ayer, no sé cómo no te vi, jamás me había pasado algo semejante, y como ya te dije, si puedo hacer algo para compensarte, para ayudarte, será un placer.

Ella se queda mirándome sin decir nada. Un par de lágrimas recorren sus mejillas. Sus verdes ojos están envueltos por un irregular círculo rojo. Solo espero que no me quiera denunciar ni nada de eso, porque el atropello fue en un paso de peatones en el que ella tenía claramente preferencia.

⸺Ana, ¿está todo bien?

Las lágrimas siguen brotando de sus ojos en medio de un estremecedor silencio. Es como si tuviese miedo a llorar en voz alta. Niega con la cabeza.

⸺¿Qué te ocurre, Ana? ¿Es por el golpe? ¿Tienes mucho dolor? Puedo llamar a la enfermera para que revise tu medicación.

Vuelve a negar mientras las lágrimas siguen brotando como de un manantial. Nunca he llevado bien que la gente llore. Remueve algo en mi interior que no me hace sentir bien.

⸺No, no es eso. No es por el dolor, es por…

Ahora sí, rompe a llorar de un modo que hace que tiemble todo su cuerpo.

Durante unos segundos me asusto, no sé qué le ocurre, pero parece muy afectada.

Instintivamente miro hacia detrás para comprobar que he cerrado la puerta al entrar.

Lo último que me apetece es que se monte una escena en plan drama con todas las enfermeras de la planta siendo testigos de que soy un atropellador de peatones.

⸺Tal vez pueda echarte una mano si me cuentas qué te pasa.

Ella asiente mientras trata de serenarse, después habla de forma entrecortada.

⸺Ayer cuando me atropellaste me dirigía a una entrevista de trabajo muy importante, solo quedábamos dos candidatas, yo y otra chica, pero un par de personas de confianza me habían dicho que el puesto era mío, pero al no acudir a la entrevista final, y no haber dado señales de vida…

le han dado el puesto a la otra chica ⸺Ana vuelve a romper a llorar y yo siento cómo la piel de la nuca se me eriza.

Se tapa la cara y cabecea hacia ambos lados.

⸺Ostras, Ana, no sabes cuánto lo siento, ¿y no hay manera de que vuelvan a entrevistarte? ¿Les has dicho que no pudiste ir porque tuviste un accidente?

⸺Claro que se lo he dicho, pero tenían mucha urgencia por cubrir ese puesto, era uno muy importante, y cuando les he dicho que estaba ingresada mis opciones todavía se han reducido más. No sé qué voy a hacer ahora.

Y yo no sé ni dónde mirar, si yo no la hubiera atropellado…

⸺No sé qué decir, Ana, lo siento muchísimo.

⸺El problema es que, además, ahora no tengo dónde quedarme.

⸺¿Cómo? ¿Y eso por qué?

⸺Yo estoy viviendo en el norte de Francia, vine ayer para la entrevista y tenía el billete de vuelta para ayer por la noche, el problema es que el médico que me ha visto me ha recomendado que lo ideal es que espere unos días hasta hacer un viaje así, el vuelo son casi tres horas y los aviones no son lo que se dice muy amplios.

Un pequeño golpe ahora mismo podría complicar las cosas.

Así que me ha dicho que lo ideal es que me quede unos días en algún sitio hasta que el hematoma óseo se haya reabsorbido, pero lo triste es que ahora mismo tengo la cuenta a cero y no puedo pagarme un hotel… no sé qué voy a hacer.

Internamente hago cuentas sobre cuánto debe costar un hotel en régimen de pensión completa en Valencia durante una semana, ¿mil euros en el mejor de los casos?

Yo ahora mismo tampoco puedo disponer de ese dinero, así tranquilamente, Lorena y yo acabamos de cambiar el coche y nos hemos quedado como quien dice a cero.

De fondo escucho a una de las enfermeras de la planta decirle a alguien que espere un momento, después abre la puerta de la habitación sin ni siquiera dar los dos golpecitos de rigor.

Es nuevamente Toñi. Tiene el pelo muy corto, se ha hecho unas mechas color rojizo que, lejos de darle un aire más juvenil, le dan un aire todavía mayor.

⸺Hola, Ana, afuera hay dos policías que han venido a hablar contigo, dicen que les faltan un par de detalles para poder cerrar el atestado de ayer, me preguntan que si pasan.

Trago saliva a duras penas. La sangre se me hiela.

¿Qué se supone que les va a decir Ana cuando entren?

¿Y qué le dirán ellos? ¿Qué me denuncie?

¿Que si ha perdido el trabajo es por culpa mía y ahora incluso podría pedirme una indemnización?

Trato de adelantarme y evitar todo eso de la única manera que se me ocurre.

Porque lo peor de todo es que si esto de la denuncia prospera, tal vez mi mayor problema no sea precisamente eso, sino que al final Lorena se enterará de que yo no iba solo en ese coche.

⸺Dígales que enseguida los atiendo ⸺dice Ana secándose las lágrimas.

En cuanto la enfermera sale de la habitación, digo algo que ni calibro ni pienso razonadamente.

⸺Te propongo algo ⸺digo sintiendo cómo las palabras que voy a decir se atropellan para llegar hasta la puerta de mi garganta. Ana me mira con los ojos enrojecidos.

⸺¿El qué?

⸺Vente a mi casa.

⸺¿Cómo?

⸺Sí, a mi casa. Vivimos en un adosado bastante amplio y puedes usar la buhardilla si lo deseas, antes la utilizaba yo para tocar la guitarra, pero últimamente solo es el cuarto de los trastos.

Lo único que hay dos niñas de seis y ocho años que siempre están discutiendo, por lo demás, somos una familia bastante normal.

Veo cómo Ana digiere lo que le acabo de decir. Calibra una respuesta.

⸺No sé qué decir…

⸺Pues di que sí, no te costará dinero y yo me sentiré mejor después del despiste de ayer, ya verás como incluso te lo pasas hasta bien.

Ana sonríe levemente. Se encoge de hombros.

⸺Mentiría si te dijera tengo muchas más opciones, me da un poco de vergüenza.

⸺Pues fuera esa vergüenza, bajo a mi servicio a coger mis cosas y subo a por ti, ¿puedes estar lista en media hora?

Ana sonríe de nuevo, veo algo de emoción en sus ojos. No le parece tan mala idea.

⸺Sí, puedo estar lista, pero, ¿y tu mujer y tus hijas?

⸺Qué ocurre con ellas.

⸺¿No les molestaré?

⸺No, para nada, son muy hospitalarias, ya lo verás.

⸺Bueno pues, en ese caso…

⸺En media hora nos vamos, atiende a esos policías, yo vuelvo enseguida.

Veo cómo Ana llena su pecho de renovado optimismo. Asiente y se atusa un poco el pelo rubio. Sonríe. Ya no llora.

Cuando salgo de allí y me cruzo con los dos policías bajo instintivamente la mirada. De camino a mi servicio pienso cómo contarle a Ana de la forma más elegante e inocente posible que la mujer que ayer iba conmigo en el coche no es mi mujer, pero no solo eso, no puede hablar de ella.