CAPÍTULO 7
JAVIER
Todo se complica
Hoy me he levantado con el firme propósito de cambiar.
Cambiar de hábitos, rutinas, comportamientos, incluso de trabajo.
Solo eso, cambiar para mejorar. Porque noto cómo mi vida se descontrola más cada día.
Es como si fuese a bordo de un tren de alta velocidad del cual me es imposible bajar.
Pero lo he de hacer, porque me estoy empezando a encontrar mal de verdad.
Estoy empezando a sentir que si no bajo, el tren descarrilará.
La buena energía y los buenos propósitos con los que me he levantado desaparecen casi de golpe cuando paso junto a la zona de las administrativas y veo que la silla donde se sienta Cristina está vacía. Eludo hacer preguntas, simplemente doy los buenos días.
Normalmente soy el primero en llegar, el exceso de estrés me empuja normalmente fuera del sueño y después del interior de mi propia casa, pero la noche con Lorena me ayudó a diluir parte de ese estrés que, lo cual ha hecho que hoy fuese más relajado, incluso me he tomado un café antes de salir de casa.
Así que cuando he llegado ya estaba aquí Reme, la otra administrativa, y también Sandra, una de las enfermeras.
No ser el primero hace que esa necesidad por tener las cosas bajo control aumente un poco.
Enciendo el ordenador y recoloco los botes de bolis, la grapadora, el taco de pósits, los clips y las bandejas de plástico donde dejo todos los expedientes que aun no se han resuelto.
Entre ellos hay accidentes de trabajo, evaluaciones de riesgos o adaptaciones de puestos de trabajo.
Mantener el orden a mi alrededor hace que mi interior también se reordene un poco.
Lorena solo ha venido un par de veces a mi trabajo, y las dos me ha echado en cara que no tenga fotos familiares junto a la pantalla.
No me gusta mezclar lo personal con lo profesional, solo es eso.
⸺¿De verdad es solo eso?
⸺Por supuesto, Lorena, ¿qué insinúas?
⸺No, nada, es que todo el mundo tiene fotos de su familia en su mesa de trabajo, solo eso.
Mientras termino de preparar las tareas que he de resolver hoy, un mensaje de móvil me saca de mi fútil paz interior. Es Cristina, la administrativa que ayer salió llorando de mi despacho y cuya silla está hoy vacía.
“Acabo de salir del médico de cabecera y me ha dado un permiso de reposo domiciliario de 72 horas. Buenos días”.
El mensaje se ensarta en mi pecho como una lanza en mitad de una batalla.
Noto un pinchazo en el corazón. Me pregunto si debería responder.
Repaso mentalmente la conversación que tuvimos ayer.
Qué le dije exactamente. ¿Es realmente esto el paso previo a la denuncia con la que me amenazó ayer?
Por supuesto que debería responder a su mensaje, y por supuesto que esto es un paso previo a una denuncia.
Recuerdo los ojos con los que me miraba ayer Lorena, mientras hacíamos el amor.
No había solo tristeza en ellos. Había algo más que no supe interpretar bien pero que tampoco tengo bajo control.
«Buenos días, Cristina, de acuerdo. Espero que no sea nada. Si necesitas cualquier cosa me avisas. Nos vemos en tres días».
Envío el mensaje y en el mismo momento me arrepiento de haber escrito la última frase.
Me planteo eliminar el envío del mensaje, pero si lo hago Cristina verá el mensajito de “mensaje eliminado”, y con lo susceptible que es seguro que al final es peor el remedio que la enfermedad.
Se estará horas preguntándose por qué le he enviado un mensaje que después he eliminado.
Así que decido editar el mensaje que le he enviado para borrar lo de “nos vemos en tres días”, porque es precisamente eso lo que va a interpretar como acoso.
Pero antes de que tenga tiempo de editar nada, las dos aspas de mi mensaje se tiñen de azul.
Cristina ya lo ha leído. Ya no hay tiempo de corregir nada. Ahora solo queda esperar su reacción.
Y su reacción es nada. No responde. Veo cómo aparecen en suspensión los tres puntitos que indican que está escribiendo, pero rápidamente desaparecen sin haber enviado nada. Me pregunto si debería preocuparme. Reme, la otra de las administrativas del servicio, entra en mi despacho.
⸺Javier, tienes una llamada, ¿te la paso?
⸺¿Quién es?
⸺No lo ha dicho, solo que quería hablar conmigo.
Me pregunto si debería seguir pensando en Cristina y el resto de cosas que no tengo bajo control, que no son pocas, como esa mirada de Lorena que por alguna razón me ha empezado a preocupar hace unos instantes o afrontar aquellas otras que todavía puede que tengan solución.
⸺Pásame esa llamada, Reme, gracias.
⸺Enseguida, Javier.
Reme desaparece de mi vista y la pantalla de mi teléfono fijo empieza a parpadear. Es un teléfono móvil que me resulta familiar pero que no tengo grabado. Descuelgo. El teléfono móvil de mi trabajo también empieza a sonar, como es habitual.
⸺¿Dígame?
⸺Javier, soy yo, perdona que te llame por aquí.
⸺¿Verónica?
⸺Sí, perdona…
⸺¿Por qué me llamas al trabajo?
⸺Perdona, Javier, pero es que creo que tu mujer sabe algo, y se me ha pasado por la cabeza si te ha clonado el móvil o te ha metido una aplicación con la que tener acceso tus conversaciones. Por eso he optado por llamarte por aquí.
⸺Pero ¿qué dices?
⸺Joder, Javier, lo que estás oyendo, hace un rato me ha dicho que vaya con cuidado, que sabe lo que estoy haciendo, ¿a qué crees que puede deberse eso?
Durante unos instantes todo me da vueltas y solo puedo escuchar mi respiración y los latidos de mi corazón.
⸺¿Javier? ¿Sigues ahí?
⸺Sí, Verónica, claro que sigo aquí.
⸺¿Qué vamos a hacer?
Vuelvo a quedarme sin palabras. Si Lorena se ha enterado, estoy muerto.
⸺¿Qué es exactamente lo que te ha dicho?
⸺Que sabía lo que estaba haciendo, y que fuese con cuidado, porque no sabía quién era ella.
⸺Entonces no te ha hecho alusiones directas, ¿no?
⸺No, Javier, pero, ¿a qué más podría referirse?
⸺Pues no lo sé, Verónica, trabajáis juntas, a lo mejor se refería a otra cosa. ¿Habéis discutido últimamente por alguna cuestión de trabajo?
⸺Qué va, si precisamente hace tiempo que la estoy evitando.
Pienso de nuevo en términos de riesgos, de probabilidades y consecuencias.
⸺De momento vamos a estar tranquilos, ¿vale? Creo que no sabe nada, o al menos no mucho. Creo que si lo supiera yo habría notado algo, o me lo habría dicho directamente, Lorena no es de las que se caya…
⸺Ya, pero ¿no te extraña?
⸺Claro que me extraña, por eso voy a ver si averiguo algo, ¿de acuerdo?
⸺Vale, Javier, de acuerdo.
⸺Te tengo que dejar, Verónica.
⸺Javier.
⸺Qué.
⸺¿Podemos vernos hoy un rato?