CAPÍTULO 5
JAVIER
Feliz Aniversario
⸺Feliz aniversario, Lorena ⸺digo tendiéndole a mi mujer los tres libros que compré en la librería París Valencia en cuanto entro por la puerta. Al final, no tuve tiempo de comprar otro regalo.
Lorena mira el reloj que lleva en su muñeca izquierda. Es una sutil forma de decirme qué horas son estas. Razón no le falta para estar enfadada. Son las diez y media de la noche.
⸺¿Qué es lo que ha pasado, Javier? ¿Estás bien?
Lorena debe estar pensando que para haber tenido un accidente y haber estado en urgencias, no tengo ni un solo rasguño. Normal que desconfíe, yo también lo haría.
—Sí, sí, Lorena, afortunadamente estoy bien, he ido a urgencias más que nada por precaución.
⸺Pero, ¿qué ha pasado?
Cabeceo mientras reordeno los hechos ficticios en mi cerebro. Jamás pensé que aprendería a mentir así de bien, como jamás pensé que le gritaría al personal a mi cargo, como le he gritado esta mañana a Cristina.
⸺Un coche, que ha salido de la nada me ha sacado de la calzada.
⸺Pero, ¿cómo? ¿Y el conductor de ese otro vehículo está bien?
⸺Sí, sí, está bien, lo que pasa es que ha sido todo un poco aparatoso, como estábamos en el centro ha venido la policía, ya sabes, para organizar el tráfico más que nada.
⸺¿Estábamos? ¿Quiénes estabais?
⸺Pues yo y el otro conductor, ¿quién va a ser?
⸺¿Y dices que ha sido en el centro? ¿No estabas trabajando?
Normalmente Lorena no pregunta tanto. Que haya aprendido a mentir no significa que sea un mentiroso profesional. Si me sigue presionando al final cometeré un error.
⸺Sí, claro, estaba trabajando, pero he ido al centro para comprarte esto ⸺digo volviéndole a tender la bolsa de libros que aún no ha cogido. La expresión de Lorena se relaja un poco. Coge la bolsa.
⸺Muchas gracias, Javier.
⸺De nada, cariño, feliz aniversario.
Me acerco y le doy un abrazo que resulta casi forzado porque ella pone muy poco de su parte. Me fijo en lo desastrado que está todo. La consola del recibidor llena de llaves, monedas, panfletos publicitarios. En el suelo hay pelusas por todas partes. Zapatillas desparejadas.
⸺¿Y por qué no me has llamado antes?
Insiste Lorena.
⸺Ha sido todo un poco estresante, y entre hacer papeles, hablar con la policía, ir a urgencias, todo ha pasado muy deprisa. Claro que he pensado en llamarte muchas veces, pero no quería asustaros a ti y a las niñas.
⸺Nos asustamos cuando no sabemos nada de ti. No lo hagas más, por favor, la próxima vez me llamas o me escribes enseguida.
Noto un halo triste en Lorena. Últimamente siempre es así. Ella triste, yo estresado.
⸺Por supuesto, cariño, y perdón si os he preocupado. ¿Las niñas bien?
Cuando pregunto por las niñas la expresión de Lorena se ladea y decae hacia la derecha.
⸺Sí, se han dormido hacen un rato, han estado toda la tarde discutiendo, ha sido agotador.
Sonrío mientras acaricio el contorno de la cara de Lorena, ahora sí, al contrario que con el abrazo, se deja querer.
⸺¿Te he dicho que eres una madre maravillosa?
Alza sus ojos color vainilla y sonríe fugazmente. Se encoge de hombros.
⸺¿Y te he dicho que estoy súper orgulloso de todo lo que estás consiguiendo tú sola? ¿De que eres admirable?
⸺¿De verdad? ¿No piensas que soy una madre horrible?
⸺¿Horrible? ¿Qué dices? Eres una madre increíble, un ejemplo, más si cabe teniendo en cuenta todo por lo que has pasado. Créeme, no conozco a ninguna mujer que haya conseguido lo que has conseguido tú. Sola.
Lorena permite que una sonrisa se sacuda el velo de cansancio que tiene encima.
⸺Sola no, estás tú.
⸺Lorena, no te quites mérito, eres maravillosa, y cuando todo ese cansancio que acumulas desaparezca, te darás cuenta, y disfrutarás como te mereces.
Vuelve a mirarme de esa forma que tanto me tranquiliza, que tanta paz me da y tanto bien me hace.
⸺Te he dejado algo de cena en la nevera, si quiere te la caliento.
⸺Ya lo hago yo, cariño, muchas gracias, con que me acompañes con una copa de vino es suficiente, todavía estamos de aniversario, ¿no?
⸺Sí ⸺Mira la bolsa con los libros que le he comprado⸺. Gracias, yo no te he comprado ningún regalo.
⸺Cariño, por favor, me regalas tu compañía todos los días, tú eres el regalo.
Ahora sí, Lorena se deja llevar y se acerca a mí para darme un beso.
Cuando pega su cuerpo junto al mío me doy cuenta de lo que mucho que me sigue atrayendo.
El beso da paso a las caricias, y las caricias al roce intenso.
Nos dejamos llevar hasta la cama y tenemos el mejor sexo de los últimos meses.
Ella deja caer su cabeza sobre mi pecho y yo me permito unos instantes de relajación y paz interior, después me pregunto qué demonios estoy haciendo.
Luego pienso en Cristina. Después en Verónica.
Por último, en la chica que he atropellado esta tarde.
Abro los ojos y me quedo mirando el techo de la habitación durante unos minutos.
Lorena se queda dormida a mi lado y yo me levanto a cenar un poco. Me tomo solo esa copa de vino mientras repaso mentalmente todas esas cosas de mi vida que no están bajo mi control y podrían acabar en catástrofe. Son tantas y tan complicadas que es imposible que esto acabe bien.