CAPÍTULO 3
JAVIER
Un accidente
No debería haberle dicho a Verónica que iba a la librería París Valencia, porque en el fondo sabía que se apuntaría. La cuestión es, ¿quería que se apuntase?
Últimamente he escuchado bastantes veces y en distintas partes una cosa muy curiosa pero que, bajo mi punto de vista, es completamente real: atraes a tu vida un tipo concreto y diferente de personas y de cosas en función de cómo te encuentres anímica y emocionalmente.
Si estás triste, atraes cosas tristes, si estás necesitado, atraes a personas necesitadas, y si estás estresado, como es mi caso, atraes más fuentes de estrés a tu vida.
En mi caso, no debería haberle dicho a Verónica que iba a ir a la librería París, tampoco debería haber ido a su casa, incluso no debería haber leído sus mensajes.
⸺¿Qué te parece este de aquí?
¿Y si no debería haber tomado semejantes decisiones? ¿Por qué las he tomado?
⸺Creo que ese ya lo ha leído, si hay algo que ha permanecido inalterable en Lorena a lo largo de los años es su amor por los libros. Le encanta leer, sobre todo novelas de intriga y de misterio. Es difícil sorprenderla.
Verónica asiente mientras lee la cubierta posterior del par de novelas que sostiene en la mano.
⸺Mira este, yo te digo que este no se lo ha leído.
Verónica me tiende un libro cuya portada es bastante insinuante.
A mi anterior pregunta, supongo que hablo y quedo con Verónica porque le da algo distinto a mi vida, tal vez una vía de escape, un entretenimiento.
Quedar con ella es como salir durante un rato de la sala de cine en el que están proyectando continuamente la película de tu vida para entrar en otra sala cuya proyección es completamente diferente.
Durante un rato te sales de tu película, tu proyección, y entras en otra.
⸺Creo que ahora sí que has acertado, no creo que ese lo haya leído.
Verónica sonríe y en su rostro se expanden la diferencia de edad que hay entre ella y yo. Supongo que, en el ejercicio de entrar en otra película, también influye que en esa película la protagonista es alguien bastante más joven, alguien que, de algún modo, te hace volver al pasado.
De camino a la caja cojo un par de libros más.
Cuando la cajera me dice cuánto se debe noto cómo la respiración de Verónica se acelera.
Gastarse sesenta y siete euros en unos libros no debe entrar en su lista de prioridades diarias.
Supongo que, dentro de las grandes diferencias entre ella y yo, también está la gran diferencia de sueldo.
Por lo que me ha contado, su sueldo es una cinco veces menor que el mío.
Para mí gastarme sesenta y siete euros en libros no supone gran cosa, incluso me temo que a Lorena puede que le parezca poco.
Habitualmente me gasto mucho más en sus regalos.
⸺Te noto algo callado, ¿estás bien? ⸺pregunta Verónica de camino al coche.
⸺Sí, estaba pensando que tal vez debería comprarle algo más a Lorena.
⸺¿Algo más? ¿Te parecen poco tres libros?
⸺Es nuestro aniversario.
Ella se cruza de brazos y disiente.
⸺¿Te has preguntado alguna vez para qué necesitas gastarte tanto dinero en seguir fingiendo?
⸺¿Qué quieres decir?
Verónica niega con la cabeza.
⸺Nada, da igual, déjalo. ¿Te importa dejarme en casa?
Voy a decirle que vive a solo unos pocos minutos de allí andando, en la calle Jesús, que, si realmente hace falta que la lleve, pero no me apetece que se enfade.
⸺Claro, por supuesto.
Cuando nos sentamos en el MG me siento un poco mal al fijarme en las tersas y esbeltas piernas de Verónica. Los rizos de su cabello rebotan contra sus menudos y redondos pechos. Nota que la estoy mirando y tarda unos segundos en devolverme la mirada. Me regala una sonrisa contenida.
⸺No te preocupes, estoy bien, es solo que para mí todo esto no es fácil. Ya se me pasará, tranquilo.
Asiento sin añadir nada más mientras a mi cabeza vuelven las palabras de Cristina de esta mañana. Dijo que me iba a denunciar por acoso. ¿Lo dijo en serio? ¿Debería buscarme un abogado?
Arranco.
No he avanzado ni veinte metros cuando escucho cómo a mi teléfono entran unos cuantos mensajes.
No me gusta cogerlo mientras conduzco, pero intuyo que debe ser Lorena.
Que debe estar preocupada. No puedo retener el impulso de ver qué quiere.
Cuando termino de leer el cuarto mensaje escucho cómo Verónica se tensa por completo a mi lado, después grita:
⸺¡Cuidado!
Tardo un segundo en alzar la vista. No puedo evitar atropellar a la mujer que tengo delante, que sale volando por los aires.