CAPÍTULO 2
LORENA
¿A alguien más le pasa?
Recojo a las niñas del colegio a las cinco en punto y la ansiedad que estaba creciendo tras mi pecho me da un respiro. Abrazar a mis hijas se ha convertido con mucho en lo que único que consigue abstraerme de todas mis preocupaciones.
⸺¿Qué tal ha ido hoy en el cole?
⸺Martina se ha dejado toda la comida ⸺dice Natalia, que es la mayor y, a pesar de que solo tiene ocho años, tiene reflexiones y pensamientos de alguien con una maduración cerebral mucho mayor. Parece una mujer adulta en el cuerpo de una niña.
⸺¿Por qué te has dejado la comida, Martina? ¿Te duele la barriga?
Martina arruga los labios y contrae la mayoría de los músculos de la cara. Mira a su hermana con la expresión de “eres una chivata”.
⸺No me gustaba.
⸺Pues es lo que hay ⸺replica Natalia.
⸺Estaba asquerosa. La comida del comedor es lo peor.
⸺Pues vete acostumbrándote, canija, porque es la única opción.
⸺No me gusta que me llames canija.
⸺Canija.
⸺Chicas, ya está bien, ¿vale? No empecemos, por favor, mamá no se encuentra hoy muy bien y lo último que necesito es discutir.
Martina me mira con cara de pena, se abraza a mis piernas. En cambio, Natalia se cruza de brazos.
⸺¿No te encuentras bien? ¿Qué te pasa?
Lo malo de educar a tus hijas para que tengan una personalidad propia y no tengan miedo a expresar lo que sienten, es que te contradicen y te desafían mucho antes de lo que lo haría la mayoría.
⸺Mamá no ha tenido muy buen día en el trabajo.
⸺¿No? ¿Por qué?
Eso. ¿Por qué?
⸺Nada, cosas del trabajo, simplemente.
⸺¿Simplemente?
⸺Sí, simplemente.
⸺¿Y papá?
⸺Se ha tenido que quedar en el trabajo. Le ha salido una urgencia de última hora.
⸺Jo, últimamente siempre le salen cosas.
⸺Bueno, no siempre.
⸺Es verdad, mamá, papá siempre llega tarde, ¿quién nos va a llevar hoy a ballet? ⸺pregunta Martina, que tiene a copiar gran parte de las cosas que dice, piensa y hace su hermana mayor.
⸺Yo, ¿quién va a ser?
⸺Últimamente siempre nos recoges tú.
⸺¿Y qué tiene eso de malo?
⸺Nada, pero a veces nos podría recoger también papá.
Entrecierro los ojos y prefiero no decir nada. Estoy demasiado cansada. Su padre, generalmente, les trae chuches, con eso las tiene ganadas.
Cuando las dejo en el polideportivo donde entrenarán ballet durante las próximas dos horas, me pregunto cómo es posible que esté siempre tan cansada. Que esté cansada permanentemente.
⸺Adiós, mamá, no vengas tarde a recogernos ⸺dice Martina con cara de pena. Una vez que llegué tarde, solo una, y no lo ha olvidado.
⸺No, hija, claro que no, no te preocupes, estaré aquí a las siete y cuarto.
⸺Vale, mamá, te quiero.
⸺Y yo a vosotros, pasadlo bien en ballet.
Lo primero que hago al sentarme en el coche es mirar mi teléfono móvil para ver si me ha escrito Javier. No hay noticias de él. Le mando un mensaje para ver qué tal está, para preguntarle si le falta mucho para llegar. Pero los mensajes no le entran, debe haberse quedado sin batería.
Al llegar a casa, aparte de encontrarme con el desorden de siempre, me pregunto lo mismo que me pregunto últimamente. Si debería terminar ya con toda esta farsa. Y contarle a todo el mundo la verdad.