La Intérprete ROJO
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ROJO

Descubría los hombros y abrazaba mi cuerpo con la seguridad de quien ya no pedía permiso. Los tacones, junto a la cama: altos, finos, precisos.

Pensé en Thiago. En su sonrisa. En lo que despertaba en mí sin esfuerzo.

Y me incomodó lo mucho que me gustaba.

Negocios y placer no debían mezclarse. Lo sabía. Las emociones eran grietas. Y las grietas, debilidades.

Pero también había aprendido algo: el mañana no estaba garantizado. Sobrevivir no siempre era vivir.

La desconfianza había echado raíces tras las palabras del Cubano y, aun así, algo dentro de mí seguía empujándome hacia Thiago.

Alcé la mirada de nuevo.

Ya no era la mujer que había sido en Madrid, ni la que llegó a Cancún sin entender en qué se metía. Había pasado por demasiadas pérdidas, demasiadas decisiones imposibles.

Ahora me respetaban. Me temían.

Tenía casas que no habitaba, aviones privados, nombres que abrían puertas… y, aun así, la sombra del Halcón seguía ahí, constante.

—Esta noche no —me dije—. Esta noche no.

Era una noche importante. Me jugaba demasiado.

Respiré hondo, cogí el teléfono y marqué.

—Sophie… —la voz de Santini arrastraba sueño—. ¿Sabes qué hora es aquí?

—Lo sé —sonreí—. Perdón.

—No he dormido —respondió—. Ya sabes… San Valentín…

Sonreí.

—Esta noche voy a estar en uno de sus clubes. Supervisando.

Hubo una pausa breve, cargada de ironía.

—Ya… supervisando…

Rodé los ojos.

—Te llamo por eso. No es de negocios.

—Ah… —rió—. Entonces sí que es serio.

—Me ha invitado a acompañarle…como pareja…

—¿Thiago?

—Obvio. ¿Quién si no? —me reí—. No juego a quinientas bandas como tú.

— Touché —rió—. Me parece bien. Disfruta.

Dudé un segundo.

—Creo que necesitaba oír eso.

—Y te lo digo como amigo —añadió, más serio—: vive el presente. No te castigues. El pasado no está en tu cama, Sophie. Métetelo en la cabeza.

—Julien, hay algo más… —dudé—. Al parecer, ve a otras mujeres.

—Los rumores siempre existen. Lo importante es que tú tengas claras tus prioridades.

—¿Y si son ciertos?

—Entonces vive el presente —respondió—. No construyas expectativas donde no hay garantías.

Me quedé unos segundos en silencio.

—Fuego caliente —bromeó—. Y bebe todo el alcohol que quieras.

—Ni hablar —reí—. No vuelvo a beber en mi vida.

Reímos los dos.

—¿Y tú? —pregunté—. ¿Cómo fue tu San Valentín?

Pude imaginar su sonrisa.

—Digamos que no fue en pareja. Hubo… más de una.

—No entres en detalles —lo corté, divertida—. Prefiero no saber.

Ambos reímos.

—Suerte esta noche —dijo—. En la operación no tengo dudas. En lo personal… ahí ya no mando.

—Te mantendré al tanto.

Colgué.

Volví a mirarme en el espejo una última vez.

El rojo de mis labios. La firmeza de mi mirada.

No sabía cómo acabaría la noche.

Pero, esta vez, estaba dispuesta a vivirla.