14 DE FEBRERO
Elegí el catorce de febrero con la misma frialdad con la que otros elegían un arma: por eficacia.
San Valentín. La noche perfecta para esconderlo todo tras flores caras, champán francés y promesas al oído. Los clubes de Thiago estarían llenos de eventos privados, reservados a clientes con demasiado dinero y poco control.
Justo ahí iba a entrar, por primera vez, la mercancía.
El sol de Miami caía sin prisa cuando subí al yate del Cubano.
Ahí estaba, como siempre: gafas de sol incluso a la sombra, un puro encendido entre los dedos, los pies descalzos sobre la mesa baja, envuelto en un albornoz blanco que parecía no haber conocido nunca la prisa.
—Menuda vida te gastas —dije, quitándome las gafas—. Tú sí que sabes cuidarte.
Sonrió sin moverse.
—Hay que disfrutar mientras se puede, Intérprete.
—Hoy es el día —dije, sentándome frente a él—. Todo está como previsto. Esta noche no quiero errores. Ni uno.
El Cubano soltó una carcajada lenta.
—Catorce de febrero. Qué romántica te ha salido la operación. San Valentín, rosas, corazones… y mercancía de primera entrando por la puerta grande.
—Concéntrate —le corté, aunque se me escapó una sonrisa—. Nos jugamos mucho. Si sale bien, nos enganchamos de verdad con Thiago y empezamos a construir algo serio aquí.
Se inclinó hacia delante, apagó el puro con calma y asintió.
—Voy a supervisarlo todo personalmente. Cada entrega, cada club, cada movimiento. No habrá sorpresas.
Asentí.
—Bien. ¿Y los clubes paralelos?
—Siguen igual. No voy a poner todos los huevos en la misma cesta. Seguirán surtidos.
—Eres astuta, Intérprete.
—Mantén la cabeza fría esta noche.
—Siempre —respondió—. Y hablando de eso… con todo el respeto, hay algo que no te va a gustar.
—Habla.
—Hay rumores de que Thiago anda ocupado cuando tú no estás.
—¿Ocupado cómo?
—Con mujeres.
El silencio se tensó entre nosotros.
—Rumores siempre hay —respondí, sin parpadear.
—Sí. Pero estos no vienen de cualquiera.
—¿Lo has visto tú?
—No. Pero sé quién entra… y quién sale.
—¿Desde cuándo?
—Desde siempre. Thiago no cambia.
Respiré hondo, sosteniéndole la mirada.
—Gracias. Lo tendré en cuenta.
Asintió, sin añadir nada más.
Me fui del yate con una desconfianza nueva, incómoda, imposible de ignorar.
Minutos después, ya en el coche, marqué el número que conocía de memoria.
—¿Sofía? —la voz de Thiago sonó al otro lado con esa cadencia lenta, casi provocadora—. Dime que me llamas para decirme que piensas en mí.
—Ahórrate las zalamerías —respondí—. Todo está bajo control. Esta noche empieza lo bueno.
Se rió bajo, satisfecho.
—Lo sabía. Elegiste una noche perfecta. Me fascina cómo piensas.
—Todos los clubes estarán abastecidos como acordamos —continué—. Sin retrasos. Sin improvisaciones.
—Confío en ti —dijo—. Más de lo que confío en nadie.
Hubo un breve silencio, cargado de algo que no tenía nada que ver con negocios.
—Dime una cosa —añadió—. ¿Tienes planes esta noche?
—¿Por qué debería tenerlos?
—No lo sé… —sonrió; podía escucharlo—. Es la noche de las parejas, de las cenas románticas, de fingir que el mundo es sencillo.
—Hasta ahora nadie me ha propuesto nada —respondí, divertida.
—Entonces déjame ser el primero. Esta noche estaré en Élysium —dijo—. Evento privado. Quiero que vengas conmigo.
—¿Contigo… cómo? —pregunté—. ¿Como socia? ¿Como qué?
—Como pareja —respondió, sin rodeos—. ¿Por qué no?
—Vas muy rápido —me reí—. Recuerda que no soy una mujer fácil.
—Lo sé —replicó—. Pero he pasado del aperitivo a tu nombre… y ahora tengo un contrato contigo. Quizá también me gane la noche más romántica del año a tu lado.
Guardé silencio unos segundos, dejándolo sostener la duda.
—Me lo pensaré.
—Eso ya es una victoria —respondió—. Te espero.
Colgué.
El día apenas empezaba.
Y San Valentín prometía ser cualquier cosa menos romántico.