La Intérprete INQUIETOS
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INQUIETOS

El teléfono vibró sobre el escritorio.

Santini.

—Sophie, tenemos un problema.

Levanté la vista.

—Dime.

—Los socios del Este… están inquietos.

Fruncí el ceño.

—¿Hasta qué punto?

Silencio.

—Valoran otras opciones.

Me recliné despacio.

—Entiendo.

—No lo dicen abiertamente —añadió—. Pero dudan.

—De mí.

Otra pausa.

—De que el Halcón ya no esté.

Asentí, aunque no pudiera verme.

—Tiene sentido.

—No es personal, Sophie. Es miedo.

—Perfecto.

Silencio breve.

—Entonces lo arreglamos.

—¿Cómo?

—En persona.

Noté su sonrisa al otro lado.

—Eso los tranquiliza… o los coloca.

—Ambas cosas.

—¿Cuándo?

—Mañana. Esta noche tengo un asunto que resolver.

—¿Salimos desde aquí?

Negué para mí.

—Paso a recogerte. Paramos en Marsella.

—Perfecto. Preparo números.

—Quiero todo atado.

Pausa. Su tono cambió.

—Ese “asunto por resolver” suena interesante.

Sonreí.

—Trabajo.

Rió.

—No sé si creerte.

—Prepárate. Volamos.

— À demain .

Colgué.

El despacho volvió al silencio.

Todo se movía.

Todo avanzaba.

Y yo no pensaba frenar.