La Intérprete MOVER FRONTERAS
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MOVER FRONTERAS

El despacho de Álvaro olía a café y a aire acondicionado frío. Cuando me vio, sonrió antes de levantarse.

—Mírate —dijo—. Si lo sé, saco una botella. ¿Cuánto tiempo llevábamos sin vernos?

—Demasiado.

Me señaló la silla frente a él.

—Si has venido hasta aquí, no es para ponerte al día.

—Nunca lo es contigo.

Sonrió.

—Dispara.

Apoyé los codos en la mesa y bajé la voz.

—Necesito mover fronteras sin moverlas.

Su gesto cambió.

—Eso ya no suena a nostalgia.

—Necesito que ciertas rutas se vuelvan imposibles… y otras invisibles.

Se recostó en la silla.

—¿Quién?

—Ríos.

Asintió.

—Eso complica las cosas.

—Lo sé. Por eso estoy aquí.

Tomó un bolígrafo y empezó a girarlo entre los dedos.

—Dime qué necesitas.

—Que se bloqueen entradas en Manzanillo, Lázaro Cárdenas y Veracruz. Inspecciones “aleatorias”. Nada burdo. Solo retrasos constantes.

—Son puertos grandes. Eso implica aduanas, sanidad, transportes…

—Lo sé.

—¿Algo más?

—Aeropuertos. Cancún y Ciudad de México. Cargas secundarias que no pasen.

—¿Y las otras rutas?

—Las nuestras tienen que fluir limpias. Sin preguntas.

Álvaro guardó silencio.

Cálculo.

—Mover todo esto no es imposible —dijo—, pero quema capital político.

—Por eso no te estoy pidiendo un favor.

Me miró, ya sabiendo por dónde iba.

—Un porcentaje estable mientras dure. Y más: contactos, protección cruzada. Cuando tú necesites algo, yo estaré al otro lado del teléfono.

Sonrió despacio.

—Sigues sabiendo negociar.

Suspiró, se levantó y caminó hasta la ventana.

—Ríos va a pensar que el mundo se le ha puesto en contra.

—Eso es exactamente lo que quiero.

Se giró hacia mí.

—De acuerdo. Empiezo a mover fichas. Pero una cosa.

—Dime.

—Cuando esto funcione, nadie debe poder trazar el patrón hasta mí.

—No podrán. Para entonces solo serás ruido de fondo.

Asintió.

—Siempre fuiste peligrosa cuando parecías tranquila.

Me levanté.

—Por eso sigo viva.

Había conseguido cerrar rutas para Ríos. Y abrir las nuestras.

Estaba aprendiendo rápido. Más de la cuenta. Y eso era lo más peligroso.