La Intérprete LA REVELACIÓN
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LA REVELACIÓN

La sala segura volvió a sellarse con ese zumbido casi imperceptible que siempre me erizaba la piel.

La imagen de Park apareció nítida, sin fondo reconocible.

—La línea es limpia. Hablad.

Elías fue directo.

—Es Khan.

Park no reaccionó de inmediato. Sus ojos se endurecieron apenas.

—¿Estáis seguros?

Me adelanté.

—Sí. Fotos, encuentros, patrones. No es una suposición.

Sostuve su mirada.

—Es el sapo. Lleva tiempo pasando información a Ríos.

Park bajó la vista un segundo.

—Eso explicaría Jeju… y otras cosas.

—Exactamente —dijo Elías—. Ahora todo encaja.

Park levantó la vista.

—Entonces me ocuparé de él.

—No —intervine.

Sin brusquedad. Sin margen.

Park ladeó la cabeza.

—¿No?

—No todavía. Si lo tocamos ahora, hacemos ruido. Y el ruido nos expone.

Sentí la mirada de Elías sobre mí. No de duda. De cálculo.

Él apoyó el peso contra la mesa.

—Hay una opción mejor.

Park nos observó.

—Seguid.

Hablé despacio.

—Khan cree que controla la información. Vamos a dejarle creerlo.

—Le daremos datos incompletos —añadió Elías—. Movimientos calculados.

—Ríos actuará en base a eso —continué—. Y cuando una operación caiga…

Park terminó por nosotros:

—Buscará al responsable.

Asentí.

—Y Khan será el único que sabía.

Silencio.

—Ríos no perdona errores.

La tensión se asentó.

Park se recostó ligeramente.

—Así no nos manchamos.

—Ese es el punto —dijo Elías.

Park asintió.

—¿Qué necesitáis de mí?

—Escucharlo —dijo Elías—. Intervenir su teléfono.

—Puedo hacerlo. Tengo la infraestructura.

—¿Es seguro? —pregunté.

—No existe lo seguro. Pero es viable.

Intercambié una mirada con Elías.

—Necesitamos fechas, lugares, palabras exactas.

—Lo tendréis.

—Mantennos informados.

—Cada paso.

La pantalla empezó a oscurecerse.

—Y una cosa más —dijo antes de cortar—. Si esto sale como decís… Khan no verá venir el final.

La conexión se cerró.

El silencio volvió al ático.

Me apoyé en la mesa, dejando que la adrenalina se asentara.

No íbamos a disparar.

Íbamos a dejar que otro lo hiciera por nosotros.

La trampa estaba tendida.

No sentí miedo. Sentí paciencia. Ahora solo quedaba esperar.

En ese tablero, los errores no se corregían. Se eliminaban.