A TU NOMBRE
Claire llegó puntual.
Gesto sereno, mirada afilada.
Entró en mi ático, observándolo todo con una atención que me incomodó.
—Es bonito —dijo—. Demasiado silencioso para alguien que apenas duerme aquí.
No respondí.
Se sentó frente a mí y abrió su carpeta.
—El nombre de Elías Montoya está saliendo en demasiados sitios.
Levanté la mirada.
—Estáis generando demasiado dinero. Demasiado rápido. A Sebastián le está costando diluirlo sin dejar rastro.
Deslizó un documento.
—Cuando el dinero corre más rápido que las coartadas, alguien empieza a hacer preguntas.
—Explícate —dije.
—Elías Montoya está apareciendo donde no debería. Nosotros somos los que tenemos que taparlo. Y no me gusta ir un paso por detrás.
Cerró la carpeta.
—Así que hemos tomado una decisión.
—¿Quiénes?
—Sebastián y yo.
Sacó otro dossier.
—A partir de ahora, parte de las estructuras pasan a tu nombre.
Tardé en reaccionar.
—No te pongas nerviosa. Ya está hecho.
Pasó las páginas.
—Dos yates. Bahamas y Malta. Una casa en Bermudas. Propiedades en Miami, Panamá y Lisboa. Una sociedad en Estonia. Y una fundación a tu nombre.
Tardé un segundo en reaccionar.
—Claire…
—Esto no es un regalo. Es una pantalla.
Se inclinó hacia mí.
—Si el foco se reparte, la presión baja. Tu nombre es limpio. Aún.
—¿Elías lo sabe?
—Es él quien lo ha autorizado.
—¿Y qué hago yo?
—Nada. Vive. No hagas ruido. No firmes nada sin mí.
Guardó los papeles.
—Ahora tienes más que perder de lo que crees.
Me apoyé en el respaldo.
—¿Y si algo sale mal?
—Para eso están las estructuras separadas. Yo no mezclo mi situación con la de Sebastián. No deberías hacerlo tú tampoco.
Miró el ático.
—Este lugar está demasiado vacío.
—Ya no vivo aquí.
Alzó una ceja.
—Vivo con Elías.
No dijo nada durante unos segundos.
—Mezclar lo personal con el trabajo nunca es buena idea —dijo al fin—. Te lo digo por experiencia.
Se levantó.
—Amo a Sebastián. Pero tengo salidas. Seguros. Líneas rojas.
Se detuvo en la puerta.
—Cuídate las espaldas, Sofía. En este mundo, el amor no protege. La previsión, sí.
La puerta se cerró.
Me quedé sola en el ático, rodeada de cosas que no había elegido.
Y de una vida que ya no podía deshacer.