BLOQUE 3
La continuidad de Leonor apareció en un manuscrito del siglo siguiente.
No era una genealogía oficial ni estaba completa.
Pero bastaba para demostrar que se había casado y había tenido hijos.
La rama de Fernando sobrevivía otra generación más.
La expresión “Único continuador de la casa” quedaba definitivamente separada de cualquier idea de extinción biológica.
La línea existía.
Había quedado fuera de la continuidad reconocida.
Un inventario de rentas posterior mostró el resultado patrimonial.
Los bienes discutidos durante el pleito estaban ya integrados en la casa administrada por los descendientes de Diego.
Las fuentes tardías trataban esa situación como normal.
Lo que seguía faltando era el mecanismo jurídico completo que explicara cómo se había llegado hasta allí.
Para Adrián, la genealogía incompleta empezaba a parecer menos una causa que un síntoma.
Cuando aquellas copias se confeccionaron, alguna decisión ya se consideraba tomada.
Podía estar contenida en una resolución.
O repartida entre distintas piezas que, en conjunto, justificaran la reorganización.
El memorial seguía siendo una candidata importante.
No la única.
Poco antes del cierre, Elena llamó.
Raúl había encontrado la fotografía de la ficha antigua.
La imagen mostraba un registro mecanografiado de la Colección Velasco.
La descripción decía:
“Memorial de la sucesión y memoria de la fundación. Copia.”
Debajo, añadida a mano, aparecía una palabra:
“segunda”.
Clara llamó a Adrián con un gesto.
Los tres se quedaron mirando la fotografía.
Era la primera vez que la palabra aparecía fuera de las notas de Pablo.
Ya no dependía de una interpretación suya.
Una ficha antigua había utilizado aquella indicación para describir una pieza documental concreta.
Eso no permitía construir todavía toda su historia.
Pero sí demostraba que la expresión existía antes de la investigación de Pablo.
Elena preguntó qué significaba exactamente.
Adrián respondió con cautela.
La ficha registraba una copia de un documento titulado “Memorial de la sucesión y memoria de la fundación”, y alguien había anotado que esa copia era la segunda.
Eso sugería que existía al menos otra referencia o ejemplar con el que se establecía aquella numeración.
No podían saber aún si ambas copias eran idénticas, contemporáneas o derivadas una de otra.
Velasco decía no recordar la ficha.
Raúl afirmaba haberla mostrado años atrás.
Podía existir un error de memoria.
También podía haber una mentira.
La ficha tenía signatura.
Cuando Santiago la buscó en el inventario, encontró un salto exactamente en ese número.
La pieza ya no figuraba como activa.
Tampoco sabían cuándo había desaparecido.
Elena añadió un dato más.
En la copia de seguridad de Pablo había aparecido una fotografía parcial del mismo código catalográfico.
Eso permitía interpretar con mucha más precisión su nota:
“Segunda copia no está aquí.”
Pablo había visto la referencia.
Había buscado la pieza.
No la encontró.
Seguían sin saber dónde creía que estaba la otra copia.
Podía haber pertenecido al patronato.
Podía haber quedado con la rama de Fernando.
También podía haberse incorporado al pleito o seguir una ruta completamente distinta.
La documentación histórica ofrecía varias posibilidades reales y ninguna podía fijarse todavía como definitiva.
Pero el memorial ya no era una abstracción.
Había dejado rastro catalográfico.
Tenía un título.
Estaba relacionado con sucesión y memoria.
Y existía una anotación que hablaba de una segunda copia.
Eso permitía comprender mejor qué estaba intentando reconstruir Pablo cuando dejó de perseguir un único documento y empezó a seguir procedencias y duplicados.
La genealogía tardía seguía mostrando a Diego como único continuador.
A su lado, los documentos demostraban que Fernando había tenido descendencia durante varias generaciones.
Una genealogía selectiva podía explicar la versión posterior.
El memorial desaparecido podía explicar el cambio que la precedió.
Y la segunda copia quizá permitiera comprobar qué decía realmente aquella decisión.
Todavía no sabían si ese documento demostraría que la rama de Fernando conservó sus derechos.
Tampoco podía invalidar automáticamente la administración posterior de Diego.
Pero sí podía llenar el vacío que atravesaba toda la investigación.
Explicar cómo una familia documentada y activa terminó fuera de la continuidad reconocida.
Y por qué, siglos después, Pablo Mena había considerado tan importante encontrar una copia que ya no estaba donde debía.