La Inscripción Oculta (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo I) CAPÍTULO 20 El documento que faltaba
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CAPÍTULO 20 El documento que faltaba

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El problema dejó de ser encontrar más documentos.

Ahora necesitaban localizar uno.

Adrián lo comprendió mientras observaba la mesa cubierta de copias, inventarios, testamentos y fotografías que durante días habían parecido avanzar en direcciones distintas.

Fernando existía.

Había sido reconocido como hijo y heredero, se había casado con Inés de Castañeda y había tenido descendencia.

Su rama continuó durante generaciones. El pleito entre ambas líneas familiares había existido.

Diego recibió una administración provisional del patronato.

Después, la capilla fue reorganizada, la sepultura adquirió otra identidad visible y las genealogías posteriores redujeron progresivamente la presencia de Fernando y de sus descendientes.

Todo aquello podía demostrarse.

Aun así, faltaba el centro.

Clara entró con dos cafés y dejó uno delante de Adrián.

—Tienes cara de no haber dormido.

—Dormí.

—Eso no responde.

Adrián señaló los documentos.

—Tenemos demasiadas piezas que dependen del mismo vacío.

Clara se sentó.

—La decisión.

—Sí.

Cuando Santiago llegó, Adrián cambió el método.

Ya no quería buscar por apellidos.

Quería buscar por función.

Tomó una hoja y escribió:

¿QUÉ TENÍA QUE HABER OCURRIDO PARA QUE TODO LO POSTERIOR FUERA POSIBLE?

No sabían qué forma documental podía tener la respuesta.

Podía tratarse de una sentencia, de un acuerdo entre las partes o de una confirmación emitida por alguna autoridad competente. También podía sobrevivir únicamente como traslado de una decisión cuyo original se hubiese perdido.

La forma importaba menos que la función.

Necesitaban el acto que transformó una disputa en una situación capaz de producir consecuencias administrativas.

El memorial, por lo que sabían, formaba parte de las alegaciones o antecedentes.

La carta procedente de la Colección Velasco hablaba de adaptar la memoria a una sucesión que el redactor consideraba ya determinada.

Por tanto, tenía que existir algo anterior.

Santiago empezó a buscar por términos.

Durante casi una hora aparecieron referencias secundarias.

Ninguna bastaba.

Hasta que se detuvo.

—Aquí.

Era un asiento de archivo fechado dentro del período crítico:

“Recibida la determinación sobre la sucesión de la casa y guardada con las probanzas y memorial.”

Clara levantó la vista.

La palabra estaba allí.

Determinación.

La pieza tenía una numeración antigua.

El número inmediatamente anterior figuraba en el inventario.

También el posterior.

El correspondiente a aquella determinación no.

En el margen aparecía:

“Con las escrituras de la memoria.”

La conexión con la documentación que había salido de la capilla era evidente como posibilidad.

La determinación podía haber seguido una ruta semejante.

O alguna copia de ella.

Por primera vez tenían una huella archivística de una pieza cuya función coincidía exactamente con el vacío que llevaban días intentando explicar.

No conocían el contenido.

Tampoco sabían quién la había emitido ni si resolvía toda la disputa.

Pero había existido un acto documental descrito expresamente como determinación sobre la sucesión y había sido archivado junto con probanzas y memorial.

Clara habló casi en voz baja.

—Entonces hubo una decisión.

Adrián precisó:

—Hubo al menos un acto documental descrito como determinación.

No podían llamarlo todavía sentencia.

Sí decisión.

La pregunta cambiaba.

Ya no era si había existido algo entre el conflicto y la reforma.

Era qué había decidido realmente.

Si la determinación solo confirmaba una administración provisional, la modificación posterior de la memoria necesitaba más explicación.

Si consolidaba definitivamente la posición de Diego, la historia podía ser jurídicamente comprensible dentro de su tiempo.

Y si preservaba derechos de los descendientes de Fernando, la reforma de la sepultura exigiría todavía otra justificación.

Sin el texto, no podían decidirlo.