BLOQUE 3
Elena regresó cerca de las ocho.
Parecía más seria.
Clara comprendió que la grabación de la carretera había aportado algo.
El coche de Pablo había pasado por la cámara a las 22:18.
Un minuto y treinta y seis segundos más tarde apareció otro vehículo.
Eso no demostraba que lo estuviera siguiendo.
La cámara no permitía ver con claridad cuántas personas viajaban dentro ni identificaba por completo la matrícula.
El segundo vehículo regresó por el mismo punto cuarenta y nueve minutos después.
El coche de Pablo no.
La secuencia era relevante.
Todavía no suficiente.
Clara preguntó finalmente si podían hablar de homicidio.
Elena miró a Laura antes de responder.
La autopsia preliminar indicaba que Pablo había sufrido una lesión incompatible con un accidente casual.
Esta vez no hubo matices.
—Estamos investigando un homicidio.
El silencio posterior fue distinto.
Hasta ese momento Pablo había muerto en circunstancias sospechosas.
Ahora sabían que alguien lo había matado.
Seguían sin conocer a esa persona ni el motivo.
Elena esperó a que Laura pudiera asimilarlo antes de continuar.
Habían encontrado una llave entre la ropa de Pablo.
No correspondía a su casa ni al coche.
Era pequeña y moderna.
Una etiqueta plástica llevaba un único número:
4
Clara miró instintivamente hacia el hueco de la estantería.
Elena advirtió la asociación.
No sabían si el número tenía alguna relación con la caja desaparecida.
Podía pertenecer a una taquilla, un depósito o cualquier otra cerradura numerada.
La etiqueta era genérica.
Solo podía afirmarse que Pablo llevaba aquella llave en un bolsillo interior cuando murió.
Quien lo mató no se la llevó.
Quizá ignoraba que existía.
Si Pablo había separado deliberadamente su documentación, la caja ausente podía contener solo material de trabajo.
Lo verdaderamente importante podía encontrarse en otro lugar.
Elena esperaba que así fuera.
No únicamente por la historia de Fernando.
También porque allí podía haber información relacionada con las personas que se habían interesado por la investigación de Pablo.
Antes de marcharse, prometió avisarlos si aparecía algo que requiriera interpretación histórica.
Cuando salió, Adrián volvió hacia el despacho.
Había algo que no debían asumir.
No existía ninguna prueba de que todas las ausencias se hubieran producido al mismo tiempo.
La carpeta gris podía haber desaparecido en un momento y la caja cuatro en otro.
La página de la libreta podía haberla retirado Pablo.
El portátil y el teléfono podían tener una historia diferente.
Incluso las personas involucradas podían no ser las mismas.
El desconocido de las consultas, quien llamó a Pablo y quien envió el mensaje a Clara podían ser una sola persona.
O varias.
El vehículo registrado en la carretera podía estar relacionado con el homicidio.
O no.
Clara observó el despacho.
Eso complicaba la investigación.
Adrián lo veía de otro modo.
La volvía más real.
Quien hubiera revisado aquella habitación no había destruido una vida entera.
Había dejado casi todo en su sitio.
Precisamente por eso cada ausencia tenía más peso.
No sabían todavía si una sola mano había retirado todo lo que faltaba.
Pero alguien había buscado partes concretas de la investigación de Pablo.
Y seguían sin saber cuánto había conseguido.