La Inscripción Oculta (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo I) BLOQUE 2
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La respuesta de Laura llegó una hora después.

No era un recuerdo.

Era una fotografía.

La había tomado durante una comida en casa de Pablo. El protagonista era un gato encaramado en una silla.

Al fondo, desenfocada, aparecía la estantería.

Se distinguían las cinco cajas.

Sobre la número cuatro descansaba una carpeta gris.

La imagen tenía fecha.

Diez días antes de que Pablo desapareciera.

Elena amplió la fotografía.

La etiqueta blanca era visible.

No legible.

Clara se acercó.

—Entonces la carpeta estaba aquí diez días antes.

Adrián señaló el problema.

La consulta con identidad falsa había ocurrido cuatro meses atrás.

Por tanto, no podían asumir que la carpeta del vídeo fuera la misma.

Podían ser dos objetos parecidos.

También era posible que se tratara de la misma carpeta y hubiera vuelto después a manos de Pablo.

Eso tendría que demostrarse.

La fotografía doméstica ofrecía otra pista.

La carpeta estaba apoyada sobre la caja cuatro.

Laura confirmó que las cajas casi nunca cambiaban de lugar.

No sabía qué guardaba Pablo en aquella.

Pidieron ampliar el lateral.

La imagen era borrosa, pero una palabra resultaba visible:

BURGOS

Clara sintió una presión en el pecho.

La caja ausente estaba vinculada directamente con la investigación.

Y la carpeta gris había estado colocada sobre ella diez días antes de la desaparición.

Elena pidió revisar el contenido de las cajas restantes.

La primera reunía fotografías de antiguas restauraciones sin relación con la Catedral.

La segunda contenía documentación laboral.

La tercera estaba dedicada a patrimonio funerario de otros lugares.

La quinta guardaba publicaciones y material docente.

La cuarta era la única ausente.

Y llevaba la etiqueta BURGOS.

Eso permitía afirmar algo preciso.

No faltaba una caja cualquiera.

Faltaba material relacionado con el trabajo de Pablo en Burgos.

La naturaleza exacta del contenido seguía sin conocerse.

Santiago recordó el viejo mensaje:

“No la guardo aquí. Mejor así.”

La frase volvía a abrir el problema.

Años atrás, Pablo había dicho que determinada documentación no permanecía en su casa.

Sin embargo, poco antes de morir tenía allí una caja dedicada a Burgos y una carpeta relacionada con la sepultura.

Podía haber cambiado de criterio.

O aquella frase podía referirse a otro material.

También era posible que conservara copias en casa y hubiese dejado los originales en otro lugar.

Elena consideró plausible esa última posibilidad.

Quien teme perder información suele duplicarla.

Eso no explicaba aún la expresión segunda copia.

Pero sugería que parte de la investigación podía continuar fuera del piso.

La policía encontró además una marca de polvo en la balda donde Laura recordaba la carpeta gris.

La zona indicaba que allí había habido otra carpeta hasta hacía relativamente poco.

No podía fecharse con precisión.

Eso solo acercaba temporalmente su desaparición.

Para Laura, cada detalle resultaba más difícil.

Lo que para ellos era evidencia había sido parte de la vida diaria de su hermano.

Clara le ofreció salir.

Laura se negó.

Quería saber.

A media tarde, Elena recibió una llamada.

Habían localizado una cámara privada cerca de la carretera donde apareció el coche de Pablo.

La grabación cubría parcialmente la vía durante la noche de la muerte.

Elena tomó el abrigo.

A partir de ese momento, aquella evidencia pertenecía directamente a la investigación criminal.

Clara y los demás permanecerían con la documentación.

Antes de salir, Elena insistió en algo que ya había dicho.

No debían contactar por su cuenta con nadie relacionado con las identidades falsas.

Clara no discutió.

Cuando Elena se marchó, Adrián volvió a las notas de Pablo.

Necesitaban reconstruir qué podía haber contenido la caja cuatro.

La mejor forma era seguir las consultas documentales.

Las fotografías de 2017 y los materiales del patronato probablemente habían formado parte de ese conjunto.

Fernando y Diego aparecían de manera recurrente.

La llamada decisión seguía sin localizarse.

Y permanecía abierta la expresión:

segunda copia.

Santiago encontró otra nota que habían pasado por alto.

En el margen superior de la página anterior a la hoja retirada, Pablo había escrito:

“Primer nombre.”

Aquello cambiaba el valor de la página desaparecida.

Podía haber registrado allí la primera fuente que lo condujo desde una incisión sin lectura hasta Fernando.

Si era así, quien hubiese retirado esa hoja quizá estuviera interesado precisamente en el origen de aquella identificación.

Seguía siendo una hipótesis.

Pero otra vez la búsqueda contemporánea parecía concentrarse sobre partes muy concretas del trabajo de Pablo, no sobre toda su biblioteca.