CAPÍTULO 11 Manos que buscaron una carpeta
BLOQUE 1
Elena Salcedo volvió a mirar la grabación a velocidad reducida.
Había repetido varias veces el momento de la entrada y detenido la imagen allí donde la carpeta ofrecía algún detalle útil. La definición empeoraba al ampliar demasiado, pero una característica seguía apareciendo con suficiente claridad.
Una banda blanca.
Estaba situada aproximadamente donde Laura Mena había dicho que Pablo acostumbraba colocar las etiquetas.
Eso no convertía la carpeta del vídeo en la de Pablo.
Pero justificaba seguir comparándolas.
—Otra vez desde que entra.
Santiago reinició la grabación.
A las 10:14, el hombre cruzó el acceso con una bolsa estrecha al hombro. Entregó la documentación correspondiente y habló con alguien situado fuera del ángulo de cámara.
La mujer que estaba en recepción había sido entrevistada esa mañana.
Recordaba poco.
El visitante parecía tranquilo, tenía una cita documental normal y sabía exactamente qué referencias quería consultar.
También había preguntado si podía dejar su bolsa en una taquilla.
Lo hizo.
Eso reducía la posibilidad de que hubiera introducido la carpeta oculta dentro de ella.
Elena pidió entonces la grabación del corredor interior.
La cámara ofrecía un ángulo peor.
A las 11:41, el hombre salió de la sala documental.
Ya no llevaba la bolsa.
Pero tenía la carpeta gris bajo el brazo.
Clara se acercó a la pantalla.
—Entonces la obtiene dentro.
Elena no fue tan lejos.
Podía haberla recibido antes de salir de la sala.
La diferencia era mínima en apariencia.
Para ella no lo era.
Necesitaba reconstruir una cadena concreta: quién había tenido la carpeta y en qué momento había cambiado de manos.
La sala documental tenía una zona que no quedaba cubierta por cámaras porque las mesas de consulta no se filmaban directamente.
Dos técnicos trabajaban allí aquel día.
Elena anotó sus nombres.
Adrián preguntó si la carpeta podía haber quedado previamente depositada por Pablo.
No existía constancia de ello.
Por tanto, seguía siendo una posibilidad sin respaldo documental.
Clara planteó otra.
Pablo podía habérsela entregado antes a alguien.
Elena la aceptó como posibilidad, pero no como línea útil mientras no existiera una persona o un hecho concreto que la sostuviera.
Santiago encontró entonces algo más.
El visitante había solicitado exactamente el mismo legajo físico del patronato que Pablo consultó años antes.
No una serie parecida.
El mismo legajo.
Aquello sí importaba.
Podía significar que alguien estaba siguiendo el recorrido documental de Pablo.
Si conocía sus registros de consulta, podía reconstruirlo.
Si disponía de sus notas, aún más.
Laura fue llamada de nuevo.
Confirmó que Pablo acostumbraba a escribir signaturas y referencias de archivo en las etiquetas de sus carpetas.
La gris tenía una.
No recordaba qué decía.
Desde lejos tampoco podía leerse.
Elena guardó silencio.
La carpeta podía contener mucho más que fotografías.
Podía condensar años de trabajo y permitir que otra persona recorriera en días lo que a Pablo le había llevado años reconstruir.
Clara volvió a la grabación.
Si aquella era realmente la carpeta de Pablo, quien la había tenido en el archivo habría accedido a su investigación meses antes de la muerte.
Eso no convertía al visitante en responsable del homicidio.
Elena se lo recordó antes de que Clara llegara más lejos.
Adrián intervino.
—Pero identificarlo sí es prioritario.
—Ya lo es —respondió Elena.
La diferencia entre ellos seguía siendo la misma.
Clara tendía a avanzar hasta el borde de lo razonable.
Elena necesitaba saber exactamente dónde estaba ese borde.
Adrián parecía sentirse cómodo permaneciendo entre ambas.