BLOQUE 3
La reconstrucción cronológica ocupó el resto de la tarde.
Elena permitió que Clara, Adrián y Santiago trabajaran en el comedor utilizando copias ya registradas por la policía.
La escena resultaba extraña.
La investigación histórica avanzaba dentro del mismo piso donde la policía intentaba reconstruir las últimas decisiones de Pablo.
La secuencia conocida era cada vez más amplia.
En 2017, Pablo había detectado la incisión y empezó a interesarse por ella.
Después consultó documentación relacionada con la fundación y llegó a una colección privada que terminó convenciéndolo de que la piedra había sido modificada.
Tiempo más tarde recibió una llamada de alguien que sabía de la F.
A partir de entonces se volvió más cauteloso.
Años después aparecieron las consultas realizadas con identidades falsas y, cuatro meses antes de su muerte, uno de aquellos visitantes preguntó específicamente por él.
Lo que seguía sin explicación era cómo esa persona había sabido tanto.
Clara señaló la reproducción con el sello incompleto.
Si Pablo había accedido a una colección privada, alguien tuvo que permitirle hacerlo.
Por tanto, otra persona conocía al menos parte de su búsqueda.
Elena pidió identificar el origen de Colección V...
Ya estaban trabajando en ello.
Adrián volvió a la anotación sobre la segunda copia.
No debían asumir que se refería a la autorización del patronato.
Podía tratarse de otro documento.
Pero una cosa era segura.
Pablo sabía que existía algo que él llamaba segunda copia y sabía que no se encontraba en el lugar al que aludía con aquí.
Nada más podía afirmarse.
Clara preguntó qué ocurriría si Pablo hubiera llegado a encontrarla.
Elena respondió que entonces debían comprobar si formaba parte del material ahora ausente.
La posibilidad encajaba.
Seguía siendo una posibilidad.
La puerta del piso no presentaba signos de fuerza ni una manipulación evidente de la cerradura.
Eso tampoco demostraba que Pablo hubiera dejado entrar a alguien.
Había otras explicaciones posibles.
Elena pudo precisar un poco más la cronología de la muerte.
La estimación inicial la situaba durante la noche anterior a la visita de Clara y Adrián al domicilio.
Eso significaba que Pablo llevaba muerto casi un día cuando Clara recibió el mensaje anónimo.
El despacho podía haber sido revisado durante aquel intervalo.
No sabían si efectivamente ocurrió así.
Pero quien hubiera accedido a la documentación de Pablo habría podido obtener también datos de contacto relacionados con la intervención.
Clara nunca había hablado con él.
Su número, sin embargo, podía encontrarse en la documentación actual del proyecto o en registros de la empresa.
No era necesario imaginar que alguien la hubiera seguido físicamente.
A las siete de la tarde, uno de los técnicos apareció en la puerta.
Habían conseguido recuperar parcialmente las marcas de presión de la hoja situada detrás de la página retirada.
No era posible reconstruir el contenido completo.
Sí algunas palabras.
...carpeta...
Más abajo:
...fotografías originales...
Y después:
...no entregar...
Quedaba otro fragmento en el extremo inferior.
Las marcas eran débiles.
El técnico consideró posible leer “gris”.
Elena evitó convertirlo inmediatamente en una frase completa.
La combinación, sin embargo, coincidía con elementos ya documentados.
Una carpeta gris.
Fotografías originales.
Una indicación de no entregarlas.
Pablo parecía haber tomado una decisión concreta respecto de ese material.
No sabían a quién se refería.
Santiago comprobó la fecha de la página anterior.
La anotación había sido escrita tres días antes de la segunda consulta realizada con identidad falsa.
La proximidad temporal no demostraba una conexión directa.
Pero impedía seguir estudiando ambas cosas como si fueran independientes.
Elena hizo guardar la libreta como evidencia.
Hasta entonces sabían que en el despacho faltaban varios objetos.
Ahora tenían algo distinto.
Pablo había identificado un conjunto de material que no quería entregar.
Y parte de ese material podía coincidir con lo que ya no estaba allí.
La caja cuatro seguía ausente.
También el ordenador y el teléfono.
La carpeta gris tampoco aparecía.
Pero la pregunta importante ya no era cuántos objetos faltaban.
Era qué contenía aquel material y quién había intentado conseguirlo.