La Inscripción Oculta (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo I) BLOQUE 2
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Laura llegó poco después.

Se quedó inmóvil al ver el piso convertido en una escena de investigación.

Elena le recordó que no tenía obligación de entrar.

Laura quiso hacerlo.

Pidió además que Clara permaneciera con ella.

En el despacho, Elena señaló las cajas de la estantería.

Laura las reconoció.

Había cinco.

Se las había regalado ella misma hacía unos años y Pablo las numeró después.

Eso confirmaba la ausencia de la número cuatro.

Laura no sabía qué guardaba específicamente en cada una.

Sí recordaba una conversación en la que Pablo comentó que aquellas cajas servían para mover documentación importante sin llamar la atención.

Creía que estaban hablando de la Catedral.

Elena hizo traer varias reproducciones encontradas en el despacho.

Laura no reconoció las primeras.

Se detuvo ante una vinculada al patronato.

No entendía el texto.

Reconocía el sello.

Adrián lo examinó.

No pertenecía a ninguno de los fondos que ellos habían utilizado.

Solo se distinguía parcialmente:

Colección V...

Podía corresponder a muchos nombres.

Nadie intentó completar lo que no estaba visible.

Laura recordó entonces que Pablo había mencionado una vez a un abogado.

No sabía su nombre.

Solo que conocía bien cuestiones de patrimonio.

Tampoco podía asegurar si aquel hombre le había mostrado documentos o si mantenían alguna relación profesional.

Elena anotó la información sin convertirla en más de lo que era.

Después preguntó por las carpetas donde Pablo guardaba fotografías de la tumba.

Laura señaló un armario.

Usaba una carpeta gris.

Clara sintió que algo se tensaba.

La persona que había consultado documentación con una identidad falsa había salido del archivo con una carpeta gris oscura bajo el brazo.

La grabación mostraba además una banda clara en uno de los bordes.

Laura recordó que la carpeta de Pablo tenía una etiqueta blanca en el lomo.

Eso no demostraba que fuera la misma.

Pero justificaba compararlas.

El armario fue fotografiado y revisado.

Había carpetas de varios colores.

Ninguna gris.

Laura estaba segura de haberla visto aproximadamente dos semanas antes.

Dentro había fotografías y documentación relacionada con la sepultura.

Elena resumió el único hecho demostrable:

La carpeta existía recientemente y ahora no estaba.

No sabían quién la había retirado.

Santiago llegó con una copia ampliada de la grabación del archivo.

El visitante entraba con una bolsa cruzada y sin ninguna carpeta visible.

Al salir llevaba una bajo el brazo.

La banda clara seguía distinguiéndose, aunque la ampliación degradaba mucho la imagen.

Laura creyó que podía corresponder a la etiqueta.

No estaba segura.

Adrián formuló entonces la pregunta necesaria.

—Si fuera la carpeta de Pablo, ¿cómo llegó al archivo?

Nadie tenía respuesta.

Pablo podía haberla dejado o depositado por alguna razón desconocida.

También podía tratarse simplemente de otra carpeta parecida.

Revisaron cuadro por cuadro la entrada.

La bolsa parecía demasiado estrecha para ocultar una carpeta rígida de aquel tamaño.

Si ambas fueran la misma, el visitante habría tenido que obtenerla durante la consulta.

Los registros no mostraban a Pablo en aquel archivo ese día ni en las jornadas inmediatamente anteriores.

Tampoco existía constancia de que una carpeta suya hubiera sido depositada allí.

Elena pidió reconstruir con precisión con quién habló el visitante y qué documentación tuvo físicamente delante.

Si aquella carpeta pertenecía realmente a Pablo, significaría que otra persona había tenido acceso a material suyo cuatro meses antes de la muerte.

Pero ese vínculo todavía debía demostrarse.

Clara comprendió que ya no bastaba con saber qué faltaba.

Necesitaban saber cuándo había desaparecido cada objeto.