CAPÍTULO 8 Antes de que llegara la policía
BLOQUE 1
El mensaje recibido por Clara cambió el tono de la mañana antes de que nadie tuviera tiempo de discutirlo.
No respondió ni eliminó nada.
Adrián le había insistido por teléfono en conservarlo exactamente como había llegado y, cuando se encontraron poco después de las ocho, fue lo primero que revisó.
El número era visible.
Clara no lo había buscado ni había intentado contestar.
Adrián volvió a leer la frase:
“Dejen la intervención de 2017 donde está.”
No contenía una amenaza explícita.
Pero el remitente conocía la fecha y sabía que estaban revisando precisamente aquella fase del trabajo.
Eso era suficiente para tomárselo en serio.
Ignacio y Santiago llegaron poco después. Teresa y Álvaro fueron informados apenas entraron.
Álvaro propuso comunicar el mensaje a seguridad.
La posibilidad de informar también a la policía quedó sobre la mesa, aunque nadie podía sostener todavía que existiera una amenaza directa.
Adrián señaló lo más preocupante.
—La fecha de 2017 es consultable. Lo que no debería saberse con facilidad es que nosotros estamos revisándola ahora.
Santiago recordó que esa información podía haber circulado dentro del entorno del proyecto.
También era posible que alguien los hubiera visto el día anterior cuando intentaron localizar a Pablo.
Clara repasó mentalmente cuántas personas sabían ya que estaban siguiendo esa pista.
No eran demasiadas.
Pero sí suficientes para que una filtración casual siguiera siendo posible.
Álvaro pidió que el mensaje quedara registrado fuera del expediente técnico de restauración y que se revisaran los accesos recientes a la documentación interna.
Clara estuvo de acuerdo.
Teresa miró la sepultura.
—Mientras tanto, seguimos.
La piedra continuaba siendo el centro del trabajo.
Al menos por unas horas.
Adrián retomó el estudio de las fases materiales, Teresa continuó con el relieve y Santiago volvió a los documentos del patronato.
Clara intentó mantener el ritmo habitual.
No lo consiguió del todo.
El sonido de una puerta o la vibración de un teléfono empezaban a llamar su atención más de lo normal.
A media mañana, Santiago encontró una nueva referencia.
No era la autorización que buscaban.
Era un asiento posterior al trabajo del siglo XVI.
El pago al cantero aparecía descrito como una intervención destinada a:
“enmendar y poner conforme la memoria de piedra.”
Clara frunció el ceño.
La expresión podía significar una simple corrección.
También podía indicar que la inscripción había sido adaptada a algún criterio documental previo.
El asiento mencionaba además al patrono que autorizaba el trabajo.
Adrián comprobó la genealogía.
Pertenecía a la rama asociada con Diego.
La relación era significativa.
La administración de la fundación estaba en manos de aquella rama cuando se intervino la piedra.
El texto visible posterior terminaba representándola.
Aun así, faltaba el documento que explicara qué se había ordenado exactamente.
Clara pensó en Pablo.
Quizá esa autorización fuera precisamente lo que él había intentado encontrar.
Y tal vez quien había enviado el mensaje anónimo estuviera siguiendo la misma pista.
Teresa llamó desde el equipo de registro.
Una zona vinculada al parentesco conservaba mejor parte del texto antiguo.
Había trazos débiles que podían corresponder a una fórmula familiar.
Adrián se negó a leerlos de manera forzada.
Después de cambiar el ángulo de iluminación, una de las formas empezó a parecer compatible con una expresión antigua equivalente a hijo.
La lectura seguía siendo provisional.
Pero encajaba con Fernando mucho mejor que con Diego, cuya relación documental era la de sobrino.
Clara observó las marcas.
Si llegaban a confirmar aquella lectura, la explicación basada en una reutilización casual perdería todavía más fuerza.
Adrián aceptó una formulación más precisa.
La modificación afectaba a la identidad expresada por la inscripción.
El motivo seguía sin conocerse.
Pero la naturaleza del cambio empezaba a definirse mejor.