La Inscripción Oculta (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo I) BLOQUE 3
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El primer indicio para fechar la intervención no apareció en las letras.

Estaba en el marco de piedra.

Clara detectó una discontinuidad junto a una moldura lateral.

El mortero no conservaba la misma relación en ambos lados.

Además, una pequeña marca de herramienta era compatible con una extracción o una recolocación.

—Esta pieza fue desmontada.

Adrián preguntó si podían saber cuándo.

No mirando únicamente la superficie.

Santiago comenzó a buscar referencias a reorganizaciones antiguas de aquella zona.

Encontró una transcripción posterior que mencionaba trabajos sobre elementos funerarios durante el siglo XVI.

No describía cada sepultura, pero podía explicar una intervención general.

El documento original debía conservarse dentro de otra serie.

Santiago anotó la signatura.

Clara encontró en el resumen una expresión:

“Composición y asiento de las piedras de memoria.”

Adrián explicó que podía referirse a elementos funerarios desmontados o recolocados durante la reforma.

Si la sepultura había sido intervenida entonces, ya tenían una ventana cronológica.

Santiago solicitó la reproducción del documento completo.

Clara insistió en recibirla aquel mismo día.

Cuando llegó, Adrián comenzó a leerla.

Encontró una referencia a la necesidad de “componer las letras gastadas” de una sepultura.

No aparecía un nombre.

Sí figuraba una autoridad responsable de la obra y un pago realizado a un cantero que había trabajado sobre varias piedras funerarias.

Aquello no demostraba ninguna modificación de identidad.

Pero reducía el campo de búsqueda de siglos a un período concreto y a un profesional determinado.

Adrián volvió a la primera página.

Una anotación marginal no había sido incluida en la transcripción moderna.

La leyó lentamente.

“No se toque la piedra antigua hasta recibir razón del patrono.”

Clara se acercó.

Aquella frase indicaba que el trabajo había quedado suspendido hasta recibir una autorización vinculada al patronato de la fundación.

Entre la orden de detenerse y la ejecución posterior había existido una decisión que todavía no tenían.

—Entonces busquemos al patrono —dijo Clara.

La puerta se abrió.

Ignacio entró con el teléfono en la mano.

La empresa de 2017 había recuperado el correo del investigador desconocido.

—Preguntó si alguna fotografía permitía distinguir una palabra debajo del relleno.

Clara sintió que algo cambiaba.

—¿Qué palabra?

Ignacio negó.

No la había escrito.

Leyó la formulación exacta.

El remitente quería saber si antes de la reintegración podía distinguirse “alguna parte legible del nombre anterior”.

Nadie habló.

Hasta ese momento podían creer que aquella persona seguía una anomalía material.

La expresión cambiaba por completo el alcance de la búsqueda.

No estaba intentando descubrir si existía una marca.

Ya suponía que detrás había un nombre.

Clara miró hacia la sepultura.

—Entonces llegó antes que nosotros.

Adrián negó ligeramente.

—Llegó antes a una pista documental.

La diferencia importaba.

Ellos habían encontrado la anomalía materialmente durante una restauración.

La otra persona llevaba meses intentando comprobarla por medio de documentos.

Bajo la inscripción visible, una curva antigua seguía apareciendo apenas bajo la superficie.

No conocían todavía el nombre.

Tampoco sabían quién había autorizado su modificación ni por qué.

Pero una conclusión empezaba a sostenerse con suficiente fuerza.

Antes de que comenzara aquella restauración, alguien ya sabía que existía una inscripción anterior.

Y no estaba buscando únicamente una alteración de la piedra.

Estaba buscando la identidad que había desaparecido con ella.