BLOQUE 2
La respuesta procedente de la empresa que había participado en la inspección de 2017 llegó poco antes del mediodía.
Ignacio consiguió acceso a una copia de los partes de trabajo conservados en el archivo interno de la firma.
Clara revisó las jornadas en que había personal trabajando cerca del monumento.
Una de ellas incluía una anotación:
“Consolidación puntual de pérdidas menores en superficies pétreas.”
El código de ubicación correspondía a la sepultura.
El parte describía la aplicación de un mortero de reintegración.
—Eso explica el relleno —dijo Clara.
Dos iniciales identificaban a los técnicos.
Ignacio reconoció la primera.
Pablo Mena.
La segunda pertenecía a Marcos Villalba.
Clara pidió las fotografías tomadas durante aquella jornada.
Había doce.
Una de ellas mostraba con claridad la pequeña pérdida antes de ser rellenada.
Dentro del hueco aparecía una incisión auténtica.
No una sombra.
No una irregularidad de la iluminación.
Una línea grabada.
Adrián examinó la imagen.
—Esto es más importante por la documentación que por la forma de la letra.
El parte correspondiente confirmaba que quien había intervenido allí había visto la marca.
La descripción decía:
“Pérdida superficial con presencia de línea incisa previa.”
Clara leyó la frase dos veces.
La observación siguiente interpretaba aquella marca como un posible trazo decorativo o una señal antigua aparentemente ajena al texto visible.
La intervención de 2017 dejaba de ser sospechosa en sí misma.
Había sido registrada.
Quien aplicó el relleno había visto la incisión y la había interpretado de otro modo.
No existía evidencia de que pretendiera ocultar una inscripción.
A la luz del hallazgo actual, la decisión de cubrirla podía discutirse.
Eso era distinto de atribuirle una intención que los documentos no demostraban.
Adrián lo formuló con claridad.
—Una parte del problema acaba de desaparecer.
Ignacio señaló el registro de la consulta reciente.
—Pero quien vino hace cuatro meses pidió precisamente este informe.
Ahí seguía la anomalía.
El visitante había visto una fotografía de 2015 donde la pérdida permanecía abierta.
Después había solicitado la inspección de 2017.
Si había conseguido además las imágenes de la empresa, podía comparar el estado anterior con el posterior a la reintegración.
Adrián preguntó si aquellas fotografías formaban parte del archivo consultado.
Santiago negó.
Solo se conservaba allí el informe resumido.
Las imágenes completas permanecían en la empresa.
Eso significaba que el visitante tuvo que seguir otra pista.
Ignacio llamó de nuevo.
La respuesta llegó casi veinte minutos después.
La empresa había recibido, cuatro meses atrás, una consulta por correo electrónico.
El remitente utilizaba un nombre diferente.
Había pedido fotografías antiguas de intervenciones relacionadas con inscripciones funerarias y, de manera especial, imágenes tomadas antes de realizar reintegraciones.
La secuencia empezaba a poder reconstruirse.
Primero, el hombre había visitado el archivo.
Allí localizó el informe de 2017.
Después contactó con la empresa responsable.
Finalmente obtuvo imágenes donde el trazo era visible antes de ser cubierto.
Por primera vez disponían de un recorrido documental comprobable.
Clara observó la fotografía.
La incisión era pequeña.
Aislada, difícilmente justificaba una investigación de meses.
—Esto no alcanza para sospechar una segunda inscripción.
Adrián asintió.
Incluso un historiador podía haberla considerado una marca antigua sin demasiado interés.
Clara giró hacia él.
—Entonces ¿por qué siguió?
Adrián observó la imagen.
—Porque probablemente esperaba encontrar algo.
Por la tarde realizaron una inspección más precisa sin retirar material.
Utilizaron variaciones controladas de iluminación para estudiar el microrelieve expuesto en las zonas desgastadas.
El resultado apareció poco a poco.
Sobre distintos sectores sobrevivían fragmentos de incisiones.
Por separado no permitían leer nada.
Al colocarlos dentro de una reconstrucción aproximada del campo antiguo, empezaban a sugerir que la inscripción inferior podía haber ocupado una extensión semejante a la posterior.
Adrián imprimió un esquema.
Existían dos explicaciones principales.
La piedra podía haber sido reutilizada por completo.
O el texto anterior podía haber sido modificado selectivamente.
La diferencia dependería de la relación entre ambas fases.
Si la inscripción nueva ignoraba totalmente la anterior, la reutilización seguiría siendo plausible.
Si determinadas partes habían sido conservadas mientras otras eran eliminadas, se trataría de una intervención de naturaleza distinta.
Clara encontró una de las zonas centrales donde sobrevivía parte de una incisión.
La posición coincidía con un sector que había sido rebajado antes de grabar el texto posterior.
Adrián midió la distancia.
El espacio aparentemente irregular entre dos palabras podía existir precisamente porque allí se había retirado material.
Por primera vez la distribución del texto visible empezaba a relacionarse con la intervención física anterior.
Clara miró el esquema.
—Necesitamos saber qué decía antes.
Adrián asintió.
La piedra quizá no pudiera devolverlo completo.
Necesitaban documentación anterior a la modificación.
Pero antes debían determinar cuándo había ocurrido.
El problema dejaba de ser únicamente material.
Empezaba a convertirse en una cronología.