CAPÍTULO 3 Tras la inscripción visible
BLOQUE 1
A la mañana siguiente, Clara llegó a la Catedral antes que el resto del equipo.
Había dormido poco.
Durante la noche intentó convencerse de que todo seguía perteneciendo al ámbito de una restauración patrimonial con incidencias inesperadas.
Nada extraordinario en un edificio atravesado por siglos de reformas y cambios de criterio.
La identidad falsa utilizada para consultar documentación podía pertenecer a otra historia, y la reparación realizada entre 2015 y 2018 todavía podía explicarse como una actuación menor mal registrada.
Unir demasiado pronto ambos hechos sería convertir una coincidencia en una teoría.
Aun así, la incomodidad persistía.
Estaba en la piedra.
Clara encendió únicamente las luces necesarias y se acercó al sepulcro.
Bajo iluminación frontal, la inscripción recuperaba su apariencia conocida. Las anomalías se volvían casi invisibles y el texto leído durante generaciones parecía otra vez indiscutible.
Bastaba inclinar la luz para que esa certeza se debilitara.
Reaparecían las zonas abrasadas, las diferencias de profundidad y los trazos que no correspondían a la inscripción visible.
Escuchó pasos.
Adrián llegó con dos carpetas y una bolsa de papel.
—Supuse que estarías aquí.
—¿Por qué?
—Porque yo también vine antes.
Dejó la bolsa sobre una mesa.
—Café.
Clara aceptó uno de los vasos.
Adrián había pasado parte de la noche revisando las fotografías.
Sacó una impresión de alta resolución.
—Mira la línea de base.
Clara observó.
Las letras no descansaban exactamente sobre una misma referencia.
Eso podía ocurrir en una inscripción antigua, pero Adrián había marcado algo más.
Las desviaciones coincidían con las zonas donde la piedra parecía haber sido rebajada.
—¿Crees que el grabador tuvo que evitar restos del texto anterior?
—No necesariamente evitarlos. Puede haber trabajado sobre una superficie ya modificada de manera irregular.
Aquello explicaría parte de las diferencias de profundidad y de la distribución anómala entre palabras.
Clara dejó el café.
—Entonces podemos comparar la irregularidad material con la epigráfica.
—Eso quería hacer.
Ignacio llegó poco después y preparó el equipo fotográfico.
Santiago había escrito cerca de medianoche para avisar que iría directamente al archivo donde se conservaban las grabaciones relacionadas con el incidente de seguridad ocurrido el día de la consulta falsa.
Clara prefirió concentrarse en aquello que podía medir.
La piedra no tenía intención.
Solo conservaba las consecuencias de lo que alguien había hecho sobre ella.
Trabajaron durante casi una hora variando mínimamente la dirección de la luz.
La primera coincidencia apareció cerca del extremo derecho.
Una zona abrasada terminaba justo donde comenzaba una palabra de la inscripción posterior.
Otra apareció cerca del centro, donde el fondo de una letra se encontraba ligeramente más bajo que la superficie contigua.
Clara acercó un instrumento de medición.
—Aquí retiraron material.
La diferencia era pequeña.
Milímetros.
Pero podía haber sido suficiente para eliminar un grabado poco profundo.
Ignacio observó la superficie.
—Entonces pudieron borrar el texto anterior.
Clara negó.
—No todo.
Adrián explicó que eliminar una inscripción completa habría requerido un rebaje mucho más uniforme y habría dejado una evidencia diferente.
Las marcas indicaban una intervención localizada.
Ignacio miró el nombre visible.
—¿Cambiar un nombre?
Clara y Adrián se miraron.
Era la hipótesis evidente.
También demasiado temprana.
—Todavía no sabemos qué modificaron —dijo Adrián.
Clara tomó una transparencia de registro técnico y señaló sobre ella las zonas abrasadas.
Después la colocaron sobre una fotografía frontal.
Los rebajes no estaban distribuidos al azar.
Se concentraban en sectores específicos del campo escrito.
No podían saber qué había existido en aquellos lugares, pero el patrón parecía responder al texto mucho más que a una necesidad estructural de la piedra.
Adrián señaló una de las áreas.
—No afecta a toda la línea.
Clara observó otra.
Tampoco allí.
Ignacio se acercó.
—Entonces no estaban reparando la piedra.
Clara contempló la superposición.
—Trabajaron sobre lo que estaba escrito.
En ese momento apareció Santiago.
Entró deprisa, todavía con el abrigo puesto, y dejó una memoria externa sobre la mesa.
—Encontraron la grabación.
Clara preguntó si podía verse al visitante.
Santiago tardó en responder.
La cámara mostraba a un hombre que había entrado utilizando la acreditación registrada bajo la identidad del fallecido.
El rostro aparecía solo parcialmente.
Pero Santiago había visto algo más.
—Salió con una carpeta que no llevaba cuando entró.
El comentario cambió el tono de la conversación.
Aquello ya no era únicamente una consulta realizada con identidad falsa.
Existía un objeto cuya aparición durante la visita debía explicarse.
Adrián preguntó si podía afirmarse que perteneciera al archivo.
Santiago negó.
La carpeta era gris oscura y no tenía ninguna marca visible.
El control documental indicaba que todos los materiales entregados habían sido devueltos.
Podía tratarse de una carpeta propia que no hubiera quedado registrada por la cámara al entrar.
O podía haber salido con material que nunca figuró como préstamo.
La grabación no permitía resolverlo.
Clara pidió verla.
A las 10:14, el hombre entraba con una pequeña bolsa cruzada.
A las 11:52 salía con la misma bolsa y una carpeta bajo el brazo.
Nada más podía asegurarse.
Adrián regresó a la piedra.
—Seguimos teniendo dos problemas distintos.
Ignacio soltó una respiración.
—¿Otra vez vas a separarlos?
—Hasta que podamos unirlos con evidencia, sí.
Adrián señaló el sepulcro.
Allí tenían una modificación histórica.
En los registros, una consulta contemporánea realizada bajo identidad falsa.
Que ambas cosas estuvieran relacionadas resultaba cada vez más probable.
Todavía no estaba demostrado.
Clara miró las marcas de abrasión.
—Todavía.
Adrián sostuvo su mirada.
—Todavía.