BLOQUE 3
Santiago regresó cuando ya había oscurecido.
Llevaba una carpeta azul y una expresión que hizo desaparecer cualquier posibilidad de comentario ligero.
Había hecho copias de los registros permitidos.
La primera hoja contenía los datos habituales de una solicitud presencial.
Todo parecía normal hasta que Santiago señaló el nombre.
—Este hombre está muerto.
Adrián comprobó el número de documento.
Coincidía con el fallecido.
No tenían todavía una firma auténtica con la que comparar la que figuraba en el formulario.
La fotografía de la identificación tampoco permitía reconocer con claridad el rostro del visitante.
Lo único seguro era que alguien había utilizado datos ajenos.
Clara pasó a la relación de materiales consultados.
La selección era demasiado precisa para una curiosidad casual.
Santiago añadió entonces una solicitud complementaria realizada durante la misma visita.
Después de revisar una fotografía de 2015, el visitante había pedido el expediente correspondiente a una inspección de conservación realizada en 2017.
Clara levantó la cabeza.
Esa fecha se encontraba exactamente entre la última imagen donde la pérdida estaba abierta y la primera en la que aparecía rellena.
Santiago mostró el informe.
Describía una inspección general, pero no detallaba ninguna actuación sobre la sepultura.
Dos técnicos de una empresa externa figuraban como responsables.
Clara conocía la firma.
La empresa seguía activa.
Adrián propuso localizar su documentación propia antes de sacar conclusiones.
Podían existir fotografías de obra o partes internos no incorporados al resumen institucional.
Santiago tenía todavía algo más.
La persona desconocida no había solicitado inicialmente el expediente de 2017.
Lo hizo después de observar la fotografía de 2015.
Adrián pidió verla.
La pérdida estaba abierta y el trazo antiguo podía distinguirse apenas.
Solo para alguien que supiera qué buscar.
Según el registro, después de observar esa imagen el visitante pidió la inspección de 2017 y fotografías posteriores.
Clara entendió la secuencia.
—Detectó que la zona había cambiado.
Ignacio fue más lejos.
—Sabía qué estaba buscando.
Adrián volvió a contener la conclusión.
—Sabía que existía una modificación.
Ignacio soltó una risa sin humor.
—Siempre dejas abierta una explicación menos inquietante.
—Mientras sea posible, sí.
Clara examinó el resto de las solicitudes.
No aparecía ningún nombre histórico concreto.
Tampoco había búsquedas dirigidas a una familia determinada.
Eso sugería que, en aquella etapa, el visitante todavía seguía una intervención material más que una identidad.
La pregunta era por qué.
Santiago recordó que existían cámaras en el acceso al archivo.
Las grabaciones ordinarias de cuatro meses atrás ya deberían haberse eliminado.
Sin embargo, aquel mismo día se había producido un incidente de seguridad en otra sala y parte de las imágenes se había conservado.
Todavía no sabían si incluían el acceso utilizado por el visitante.
Podrían comprobarlo a la mañana siguiente.
Clara cerró la carpeta.
Por primera vez desde el comienzo de la restauración sintió que el trabajo había dejado de estar completamente bajo control.
La piedra seguía inmóvil.
Los documentos permanecían donde siempre habían estado.
Pero alrededor de ambos empezaba a hacerse visible una investigación anterior.
Alguien había consultado fotografías, seguido el rastro de una intervención y utilizado para hacerlo la identidad de una persona fallecida.
Después había desaparecido de los registros que tenían delante.
Clara volvió a iluminar la zona rebajada.
Lo que por la mañana había parecido desgaste tenía ahora la forma inequívoca de una actuación sobre la superficie.
Seguían sin conocer su propósito.
Y tampoco podían unir todavía aquella reparación con la consulta reciente.
Eran dos problemas distintos.
Por el momento.
—Mañana quiero toda la documentación de 2017 —dijo Clara—. Y quiero localizar a quienes trabajaron aquí.
Ignacio cerró el ordenador.
—¿Creéis que alguno vio la inscripción?
Clara observó la incisión cubierta por el relleno.
—Alguien tuvo que verla.
Adrián permaneció junto a ella.
—Ver un trazo no significa entenderlo.
Clara asintió.
—No. Pero alguien regresó años después y buscó precisamente las fotografías que demostraban que había estado visible.
Adrián guardó silencio.
Todavía quedaban explicaciones más sencillas.
Pero empezaban a ser menos.