La Inscripción Oculta (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo I) CAPÍTULO 2 Señales de una restauración antigua
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CAPÍTULO 2 Señales de una restauración antigua

BLOQUE 1

Adrián Valcárcel llegó a Burgos poco después de las cinco de la tarde.

Llevaba una mochila oscura, una carpeta rígida y un abrigo demasiado liviano para el frío que empezaba a extenderse sobre la ciudad. Durante buena parte del viaje había evitado ampliar en el teléfono las fotografías que Clara le había enviado.

Sabía por experiencia que observar demasiado tiempo una imagen antes de enfrentarse al objeto podía convertirse en una forma involuntaria de prejuicio.

Prefería que la piedra hablara antes que las hipótesis.

Clara lo esperaba cerca del acceso destinado al personal.

Lo reconoció enseguida por la fotografía que Santiago le había enviado. Adrián era alto, delgado, con el cabello oscuro comenzando a encanecer en las sienes. Miraba el entorno con una atención demasiado concentrada para confundirse con curiosidad turística.

—Adrián Valcárcel.

—Clara Montalvo.

Se estrecharon la mano.

—Gracias por venir tan rápido.

—Las fotografías justificaban el viaje.

Clara lo condujo hacia el sector de trabajo.

El horario de visitas estaba terminando y el interior de la Catedral recuperaba poco a poco una quietud distinta de la de la mañana. Adrián reconocía elementos arquitectónicos mientras caminaba, pero no se detenía.

Había viajado por una piedra.

Ignacio Valdés estaba ordenando material cuando llegaron.

—Nos hemos escrito alguna vez —dijo Adrián.

Ignacio sonrió.

—Siempre por problemas.

—Los archivos suelen empezar así.

Clara levantó la lona que aislaba parcialmente el área.

—No hemos tocado nada desde las fotografías.

Adrián dejó la mochila.

—¿Ni limpieza adicional?

—Nada.

Se colocó los guantes.

No pidió que le explicaran el hallazgo.

Primero observó el sepulcro desde cierta distancia. Después se acercó, atendiendo al contacto entre la piedra y las superficies contiguas, a las diferencias de color y a la forma en que el desgaste variaba dentro del conjunto.

Solo entonces dirigió la linterna hacia la inscripción.

—Aquí —dijo Clara.

—Lo veo.

—¿Las letras?

Adrián tardó unos segundos.

—Veo incisiones.

Clara no insistió.

Adrián revisó las fotografías antiguas.

En las imágenes de 2009, 2012 y 2015 la pérdida superficial seguía abierta. En 2018 aparecía rellena.

Preguntó si existía documentación específica de aquella actuación.

Ignacio explicó que había registros de mantenimiento general, aunque todavía no habían localizado una intervención individualizada sobre aquel punto.

Adrián amplió la fotografía.

—Puede ser una reparación menor no descrita por separado.

Clara asintió.

—Pero el relleno coincide con la zona donde aparecen los trazos.

Adrián levantó la mirada.

—Coincidir no demuestra que se hiciera para ocultarlos.

Clara sostuvo su mirada.

—No he dicho que lo demuestre.

Adrián asintió.

Aquella respuesta bastó para que Clara entendiera el método del historiador.

No descartaba posibilidades inquietantes.

Simplemente se negaba a utilizarlas antes de tiempo.

Adrián quiso saber si podía determinarse sin extracción de muestra que el relleno pertenecía a una fase distinta de la inscripción visible.

Clara observó la superficie.

—La textura y el envejecimiento son diferentes. La reintegración parece mucho más reciente.

Adrián tomó una libreta.

—Entonces tenemos una secuencia material, aunque todavía no fechas exactas.

La piedra original había recibido una intervención sobre el campo escrito y, mucho después, una reparación superficial.

Ignacio señaló las marcas inferiores.

—¿Y eso?

Adrián permaneció varios segundos en silencio.

—Son letras.

Clara lo miró.

—¿Seguro?

—Lo bastante como para descartar marcas aleatorias de herramienta.

—¿Puedes leerlas?

—Todavía no.

Adrián señaló una de las incisiones.

Una letra dependía de su época y del modo en que había sido ejecutada. Intentar completar visualmente lo que faltaba podía terminar convirtiendo una expectativa en lectura.

Ignacio cruzó los brazos.

—Exactamente lo que Clara nos prohibió hacer esta mañana.

Adrián la miró.

—Hizo bien.

Clara sintió una satisfacción breve y la dejó pasar.

Había algo más importante.

Le explicó la consulta previa y la llamada interrumpida de Santiago.

Adrián dejó de escribir.

—¿Quién la presentó?

—Santiago está buscando el registro.

—¿Hace cuánto?

—Unos meses. Y hace varias horas que no responde.

Adrián no mostró alarma.

Podía seguir dentro de una zona sin cobertura.

Pero cuando Clara explicó que la consulta incluía modificaciones de inscripciones funerarias realizadas durante el siglo XVI, su expresión cambió.

Muy poco.

Lo suficiente.

—Eso es específico.

Clara asintió.

Adrián volvió a la piedra.

Preguntó por la cronología tradicional de la sepultura y por la fecha atribuida al texto visible.

Clara explicó que la atribución general era antigua, pero la fase actual de la inscripción parecía posterior y todavía no podían precisar cuánto.

Adrián dirigió la luz hacia uno de los laterales.

—¿Habéis mirado aquí desde arriba?

Clara negó.

La nueva iluminación reveló pequeñas zonas suavizadas.

No tenían forma de letras.

Eran compatibles con abrasión.

Clara pasó la luz en sentido contrario.

—Alguien rebajó esta superficie.

Adrián no respondió inmediatamente.

El trabajo había sido poco profundo, pero suficiente para eliminar relieve sin cambiar por completo el perfil de la piedra.

—Esto no parece una reparación —dijo Clara.

—No.

—¿Pudieron borrar algo?

Adrián observó la inscripción visible.

—Es posible. También pudieron preparar sectores concretos para grabar encima.

La diferencia era importante.

Ya no estaban mirando simplemente una inscripción posterior colocada sobre una piedra intacta.

Podía haber existido una intervención destinada a modificar físicamente parte de lo que ya estaba escrito.

Ignacio bajó la voz.

—Entonces quizá no cubrieron unas letras. Quizá trabajaron sobre ellas.

Adrián mantuvo la vista en la superficie.

—Todavía no sabemos exactamente qué hicieron.

Pero la lápida había dejado de parecer un objeto transformado únicamente por el paso del tiempo.

Había empezado a mostrar la huella de una intervención deliberada.