BLOQUE 3
El correo de Adrián Valcárcel llegó a las once y treinta y ocho.
Era breve.
No contenía ninguna conclusión sobre identidades ni fechas. Solo indicaba que las incisiones visibles en varias fotografías eran compatibles con caracteres grabados y que no parecían relacionarse con las letras de la inscripción superficial.
Pedía examinar personalmente la pieza.
Clara preparó la nueva fotografía solicitada mientras Santiago intentaba localizar el registro de la consulta anterior.
—¿Cuándo fue? —preguntó.
—Hace unos meses, si recuerdo bien.
—¿Presencial?
—Creo que sí.
Clara lo miró.
Santiago reconoció que no gestionaba personalmente todas las solicitudes, aunque aquella le había llamado la atención por su especificidad.
Preguntaron por intervenciones antiguas de la sepultura.
Clara quiso saber el nombre.
Todavía no aparecía en el sistema que Santiago estaba consultando.
La solicitud podía no significar nada.
Investigadores y genealogistas pedían documentación con frecuencia. Relacionar automáticamente aquella consulta con lo que acababan de encontrar sería exactamente el tipo de salto que Clara intentaba evitar.
Aun así, resultaba incómodo.
Ignacio terminó de preparar la iluminación.
Clara volvió al sepulcro.
Una variación mínima en el ángulo de la luz reveló dos grupos de incisiones consecutivas.
Realizó las fotografías y se las envió a Adrián.
La respuesta llegó seis minutos después.
No retiren material. Voy a Burgos.
Ignacio interpretó que Adrián había visto algo.
Clara corrigió:
—Ha visto suficiente para querer examinarlo personalmente.
Santiago cerró el portátil.
—Voy al archivo. Quiero localizar esa solicitud antes de que llegue.
Antes de marcharse pidió que nadie comentara todavía la existencia de otra inscripción fuera del equipo.
Clara no tenía intención de hacerlo.
Ni siquiera podían afirmar que existiera un texto completo.
Cuando Santiago desapareció detrás de la estructura provisional, Ignacio esperó unos segundos.
—Está nervioso.
—Está preocupado.
Ignacio la observó.
—Cambió la cara cuando hablamos de aquella consulta.
Clara guardó la cámara.
No quería construir sospechas a partir de gestos.
Primero necesitaban determinar qué había bajo la inscripción.
Después podrían preguntarse quién había intentado averiguarlo antes.
El resto de la mañana transcurrió sin nuevas intervenciones.
Revisaron fotografías anteriores y compararon las zonas de desgaste. Clara anotó cada observación evitando incorporar conclusiones que todavía no pudieran sostener.
Poco antes de las dos, Ignacio encontró una imagen tomada años atrás durante una revisión general.
La fotografía no estaba centrada en el sepulcro.
Al ampliarla, pudieron ver la pequeña pérdida superficial que aquella mañana había permitido observar parte de la incisión.
Solo que en la imagen antigua el hueco parecía mayor.
Clara comparó la fotografía con el estado actual.
La zona estaba ahora parcialmente cubierta por un material de tonalidad semejante a la piedra.
Ignacio revisó la fecha.
Buscaron imágenes posteriores.
La pérdida seguía abierta en 2012 y también en 2015.
En una fotografía de 2018 había desaparecido.
El hueco estaba relleno.
Clara pidió el registro de intervenciones realizadas durante esos años.
No encontraron ninguna actuación específica sobre aquella zona.
Podía tratarse de una reparación menor mal registrada.
Era una explicación plausible.
El problema era otro.
La reintegración cubría precisamente el punto donde ahora aparecía una de las incisiones inferiores.
Ignacio preguntó si Clara creía que alguien había visto el trazo antes de cubrirlo.
Ella todavía no respondió.
Su teléfono comenzó a vibrar.
Santiago.
—¿Encontraste la solicitud?
Hubo una pausa.
—Sí.
—¿Quién la presentó?
Santiago dijo que no podía explicarlo todavía.
Clara insistió.
Él estaba en el archivo.
Había descubierto que la solicitud no se limitaba a esa sepultura.
La persona había pedido cualquier documento relacionado con modificaciones de inscripciones funerarias realizadas durante el siglo XVI.
—¿Quién hizo la consulta?
Santiago respiró al otro lado de la línea.
—Déjame comprobar algo antes.
La comunicación se cortó.
Clara intentó llamarlo.
El teléfono aparecía fuera de cobertura.
Ignacio se acercó.
—¿Qué pasa?
Clara no respondió enseguida.
Frente a ellos, la sepultura permanecía exactamente igual que aquella mañana.
La inscripción visible seguía allí, aceptada durante generaciones.
Clara volvió a dirigir la luz hacia el pequeño sector descubierto.
Los trazos antiguos emergieron bajo la superficie posterior.
Hasta entonces los había tratado como lo que eran: evidencia material cuya naturaleza debía demostrarse antes de atribuirle significado.
Ahora sabía algo más.
Aquellas incisiones habían sido grabadas antes de la inscripción que todos conocían.
En algún momento habían dejado de estar visibles.
Y mucho antes de que Clara descubriera su existencia, otra persona ya había buscado documentación relacionada con ese mismo tipo de modificación.