BLOQUE 2
Santiago Llorente llegó veintisiete minutos después con el abrigo todavía puesto y una carpeta bajo el brazo.
—Ignacio me dijo que habías detenido los trabajos.
—En una parte.
—También dijo que encontraste letras.
Clara miró a Ignacio.
Él levantó las manos.
—Dije que había marcas que podían parecer letras.
Santiago dejó la carpeta sobre una mesa auxiliar y se acercó al sepulcro.
A diferencia de Clara, que necesitaba comprender primero la materia, Santiago tendía a mirar cualquier hallazgo desde su contexto documental.
Había pasado buena parte de su carrera trabajando con archivos vinculados al patrimonio religioso y conocía bien los problemas de interpretar objetos atravesados por reformas sucesivas y decisiones administrativas mal documentadas.
Clara colocó otra vez la luz.
Santiago observó durante varios segundos.
Preguntó hasta dónde llegaban las marcas y si habían retirado algún material.
Clara le explicó que únicamente habían eliminado depósitos superficiales sueltos.
Santiago se agachó.
—¿Puede tratarse de marcas de montaje?
—No me convence por la forma.
—¿Una decoración anterior?
—Es posible.
Clara cambió la inclinación de la lámpara.
—Pero mira esto.
La incisión curva apareció junto al trazo vertical.
Santiago frunció el ceño.
—Eso parece una letra.
—Parece.
—¿Cuál?
—No voy a intentar leerla todavía.
Santiago la miró.
Clara explicó que, en cuanto alguien creía reconocer un carácter, empezaba a buscar los siguientes y corría el riesgo de completar mentalmente aquello que la piedra ya no conservaba.
Ignacio sonrió.
—Por eso dirige ella la intervención.
Santiago siguió observando.
Clara abrió en una tableta las imágenes realizadas antes de comenzar los trabajos. Bajo iluminación general, la anomalía apenas podía distinguirse.
—Estaba ahí —dijo Santiago.
—Sí. Nadie tenía motivos para iluminar lateralmente este punto.
Santiago tomó una fotografía impresa.
—¿Qué sabemos exactamente de la inscripción visible?
Clara dejó que respondiera él.
—Tenemos las atribuciones tradicionales y documentación sobre algunas intervenciones. Lo que no existe es un registro continuo desde su colocación hasta el estado actual.
Clara preguntó cuándo aparecía por primera vez transcrita tal como ellos la veían.
Santiago tardó demasiado en contestar.
—Tengo que comprobarlo.
—Pensé que lo sabías.
—Sé cuándo empieza a describirse la sepultura. No recuerdo cuándo se transcribe íntegramente el texto.
Clara cruzó los brazos.
La diferencia era importante.
Pidió todas las fotografías antiguas disponibles.
Santiago, antes de convertir el hallazgo en algo mayor, quiso recordar la explicación más sencilla: la piedra podía haber sido reutilizada o recolocada durante una reforma sin que la inscripción inferior tuviera relación con la sepultura actual.
Clara estuvo de acuerdo.
—Todo eso sigue siendo posible. Pero tenemos una escritura no documentada debajo de otra.
Santiago cerró la carpeta.
—Necesitamos a alguien que estudie la epigrafía.
—¿A quién?
—Adrián Valcárcel.
Clara conocía el nombre. Medievalista especializado en documentación e inscripciones funerarias.
—¿Está en Burgos?
—No.
—Necesito una valoración preliminar hoy.
Santiago advirtió que Valcárcel no identificaría una inscripción por fotografías.
—No quiero que la identifique. Solo que me diga si estas formas pueden corresponder a escritura.
Durante la hora siguiente registraron nuevamente la superficie sin retirar ningún material adicional.
Poco a poco apareció un patrón.
No una palabra.
Una sucesión de incisiones que parecía continuar por debajo de la inscripción conocida.
En una de las imágenes, Clara detectó una pequeña pérdida antigua de la capa superficial. Bajo ella aparecía piedra de tonalidad ligeramente distinta.
Amplió la fotografía.
Había un trazo oblicuo y el comienzo de otra incisión.
Santiago se acercó.
—Eso sí parece escritura.
Clara se incorporó.
—Llama a Valcárcel.
Adrián pidió los archivos originales sin compresión y evitó pronunciarse hasta verlos.
También solicitó una fotografía con escala y luz dirigida desde el lado contrario.
Minutos después llegó una segunda indicación.
Que no tocaran nada.
Ignacio soltó una breve risa.
—Ya me cae bien.
Santiago no sonrió.
Seguía mirando la sepultura.
—Si realmente hay otra inscripción, tendremos que revisar quién podía saber que estaba ahí.
Clara giró hacia él.
—¿Por qué alguien iba a saberlo?
Santiago dudó.
—Porque hace unos meses alguien pidió consultar documentación sobre esta sepultura.
La expresión de Clara cambió.
Santiago explicó que no había gestionado personalmente la solicitud, pero recordaba que incluía planos antiguos e informes de intervención.
Clara preguntó si también habían pedido documentación relacionada con la inscripción.
Santiago guardó silencio.
Aquello bastó como respuesta.