Capítulo 25
El depósito ocupaba la parte superior de la torre.
Ya no contenía agua. Dentro de la estructura circular había filas de servidores, luces azules y conductos de refrigeración. En el centro, una consola mostraba la cuenta atrás:
Julián estaba junto al panel eléctrico con una lata de combustible.
—Un paso más y todo desaparece.
Sara levantó la unidad de memoria.
—Hay copias.
—No de los testimonios originales.
—¿Cuántas personas murieron para protegerlos? -preguntó Clara.
—Nadie murió por un archivo. Murieron por decisiones equivocadas.
Lucía avanzó.
—Yo tomé una decisión. Confié en que alguien leería los nombres.
—Y convertiste a tu hija en una huérfana.
—Tú la convertiste en un experimento.
Julián abrió la lata.
Daniel apareció en la puerta, presionándose la herida. Sofía caminaba detrás de él, preparada para sostenerlo si caía.
—No lo hagas -dijo Daniel.
Su padre lo miró como si acabara de recordar que existía.
—Has confesado.
—No importa.
—Lo importa todo.
—Déjalas conectar la unidad. Negociaremos.
Julián sonrió.
—Por eso nunca debí permitir que te acercaras a ella. Confundiste vigilancia con amor.
Clara vio la herida que aquellas palabras causaron y odió la parte de sí misma que aún podía reconocer el dolor de Daniel.
La cuenta marcó dos minutos.
Sara se movió hacia la consola.
Julián derramó combustible sobre el primer servidor.
Lucía tomó el reloj de mirlo que había recogido del suelo y lo lanzó. El objeto golpeó la lata. Sara la atrapó antes de que cayera.
Daniel se abalanzó sobre su padre.
Chocaron contra el panel eléctrico. Las luces se apagaron y regresaron en rojo.
Clara corrió hasta la consola. Introdujo la unidad.
La pantalla pidió una última frase:
¿Dónde vive la verdad cuando nadie recuerda?
Clara pensó en los papeles ocultos, las cintas, las mujeres que habían prestado su rostro a una persona inexistente. Pensó en Inés enseñándole a reparar una página sin ocultar la grieta.
—En quien decide conservarla -dijo.
Lucía colocó una mano sobre su hombro.
—Y en quien vuelve para contarla.
La pantalla reconoció ambas voces.
TRANSMISIÓN INICIADA.
Sara conectó un cable al sistema de emergencia. Las carpetas comenzaron a copiarse.
Julián apartó a Daniel y buscó un encendedor.
Sofía pateó la lata. El combustible se extendió lejos de los servidores.
Clara agarró el extintor.
Julián levantó el encendedor.
—Si publicas esos nombres, destruirás familias.
—No -dijo Clara-. Les devolveré la elección de saber quiénes son.
Descargó el extintor sobre él.
Una nube blanca llenó la sala. Julián cayó, tosiendo. Lucía le quitó el encendedor.
A lo lejos se oyeron sirenas.
Sara había conseguido enviar una llamada y las coordenadas en cuanto se abrió la conexión.
La barra alcanzó el cien por cien.
TRANSMISIÓN COMPLETA.
Julián permaneció de rodillas, cubierto de polvo.
—No sabéis lo que habéis hecho.
Lucía lo miró desde arriba.
—Lo mismo que tú me enseñaste. Hemos cambiado el recuerdo.
Daniel se desplomó junto a la puerta.
Clara corrió hacia él. Presionó la herida con ambas manos mientras Sofía pedía una ambulancia.
Daniel abrió los ojos.
—¿Por qué? -susurró.
—Porque no voy a convertirme en ti.
Las puertas de la torre se abrieron. Agentes portugueses entraron con las armas levantadas.
Clara no apartó las manos hasta que un sanitario ocupó su lugar.
Solo entonces comprendió que el olor a naranja había desaparecido.