La inquilina que nunca existió Capítulo 19
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Capítulo 19

El tren salió de Madrid a las seis y media.

Clara ocupó un asiento junto a la ventana. Sofía se sentó frente a ella y Sara dos filas más atrás, fingiendo no conocerlas. Habían comprado billetes separados y cambiado de vagón dos veces antes de la salida.

El paisaje se volvió gris bajo la lluvia.

Clara no podía apartar la mirada de la fotografía. La mujer del cartel tenía los ojos de la niña que ella había sido. O quizá necesitaba encontrarlos.

—Puede estar generada -dijo Sofía-. O ser otra paciente.

—Daniel aparece en el espejo.

—Eso solo demuestra que estuvo junto a esa mujer.

Clara amplió la imagen. En la pared había una placa con un logotipo: Fundação Horizonte Claro.

Sara se acercó cuando el revisor abandonó el vagón.

—La fundación administra tres residencias —dijo—. Dos en Lisboa y una en Sintra. Inés marcó Sintra en sus notas.

—¿Cómo entraremos?

—Tengo una cita.

Sofía frunció el ceño.

—¿Con quién?

—Con Julián.

Sara explicó que llevaba meses haciéndose pasar por intermediaria de una familia dispuesta a pagar por la desaparición de un historial. Julián aceptó reunirse después de la muerte de Inés, convencido de que Vera quería negociar.

—¿Pensabas ir sola? -preguntó Clara.

—Pensaba conseguir acceso al servidor.

—Me utilizaste para obligarlo a mostrar a Lucía.

—No sabía que Daniel enviaría la foto.

—Pero sabías que aparecería.

Sara bajó la voz.

—Julián teme dos cosas: perder el archivo y que tú recuerdes. Eres la única testigo que nunca pudo controlar por completo.

—Me controló durante veinte años.

—Y aun así encontraste la puerta.

En la frontera, tres agentes subieron al tren. Revisaron documentos y avanzaron hacia ellas.

Sara regresó a su asiento.

Uno de los agentes comparó el pasaporte falso de Clara con su rostro.

—Elena Montes?

—Sí.

Él sostuvo la mirada un segundo demasiado largo. Después le devolvió el documento.

Cuando el tren reanudó la marcha, Clara encontró una nota doblada dentro del pasaporte:

BAJA EN CÁCERES SI QUIERES QUE TU AMIGA VIVA.

Levantó la cabeza.

Sofía ya no estaba.

Su bolso permanecía en el asiento. La puerta del vagón se cerraba al fondo.

Clara corrió. Atravesó dos coches y vio al agente arrastrando a Sofía hacia un compartimento de servicio. Sara apareció detrás y le golpeó la muñeca con un extintor. El arma del hombre cayó al suelo.

Sofía le clavó el tacón en la rodilla.

El agente perdió el equilibrio. Clara recogió la pistola sin saber cómo sostenerla.

—¡Suéltala! -gritó una voz.

Los otros dos policías apuntaban desde el extremo del pasillo.

Sara levantó las manos.

—Ese hombre no es policía.

El primero arrancó la placa del uniforme del agresor. Era falsa.

El hombre sonrió pese a la sangre en la boca.

—Llegaréis tarde -dijo en español-. La paciente del 17B será trasladada esta noche.

—¿Adónde? -preguntó Clara.

—Al lugar donde nunca podrá recordar su nombre.

Se oyó un chasquido.

El hombre convulsionó y cayó.

Había mordido una cápsula escondida entre los dientes.

Clara se arrodilló, pero ya no respiraba.

En su bolsillo encontraron una tarjeta de acceso de Horizonte Claro y una fotografía impresa.

Mostraba a Lucía en la misma habitación blanca. Esta vez no sostenía un cartel.

En el reverso alguien había escrito:

Paciente: Alma Ruiz.