Capítulo 13
Marcos quería solicitar una orden.
Sofía calculó que tardarían al menos un día, quizá tres si el juez exigía más indicios. Clara pensó en Daniel descubriendo la tarjeta ausente y en Julián vaciando la sala antes del amanecer.
A las dos de la madrugada, ella y Sofía estaban frente a la residencia Santa Elena.
—Esto es allanamiento -dijo Sofía mientras examinaba la valla.
—Puedes esperar en el coche.
—Y perderme la oportunidad de ser inhabilitada personalmente.
La tarjeta abrió una puerta lateral. Dentro, los pasillos habían sido renovados con paredes blancas, plantas artificiales y fotografías de ancianos sonrientes. Olía a desinfectante.
Clara se detuvo.
El olor despertó una imagen: luces rectangulares en el techo, una muñeca sin un ojo, una voz masculina pidiéndole que contara hacia atrás.
—¿Estás bien? -susurró Sofía.
—He estado aquí.
Bajaron por la escalera de servicio. El sótano conservaba azulejos verdes de la antigua clínica. Las luces se encendían por sensores y se apagaban detrás de ellas.
La numeración llegaba hasta el almacén doce.
Más allá había una pared.
Clara sacó el colgante de la golondrina. El mosaico de la entrada no era el único. En una esquina del zócalo distinguió la silueta de otro pájaro, casi borrada por la pintura.
Presionó.
Una sección de la pared se abrió unos centímetros.
Al otro lado, un corredor estrecho descendía en pendiente. En la puerta final había una placa oxidada: 17B.
La tarjeta de Daniel no funcionó.
Clara introdujo la golondrina en una ranura situada bajo el lector. El mecanismo emitió un chasquido.
La sala era más grande de lo esperado. Filas de archivadores ocupaban las paredes. En el centro había una mesa, una pantalla antigua y varias cajas etiquetadas con años.
2001. 2002. 2003. 2004. 2005.
Sofía abrió un cajón.
—Aquí están los nombres de la libreta.
Clara buscó la letra M. Encontró una carpeta marrón con la etiqueta MONTES, ELENA.
Dentro había dibujos infantiles, transcripciones de sesiones y fotografías suyas dormida. Un formulario detallaba las técnicas utilizadas: privación sensorial, repetición dirigida, asociación olfativa.
Estímulo de interrupción: esencia cítrica quemada.
Por eso el olor aparecía cada vez que el recuerdo intentaba abrirse paso.
En una transcripción, Julián preguntaba:
¿Quién entró en el apartamento?
La respuesta de la niña estaba tachada.
En otra página:
La paciente insiste en que el joven de la puerta llevaba un reloj con un mirlo. Se sustituye la figura por "hombre desconocido".
Clara sintió un latido en la garganta.
—Daniel llevaba el reloj.
Sofía levantó la vista.
—Aurelio dijo que oíste un reloj.
—El mirlo no escondía solo la llave. Era el recuerdo.
Buscaron en las cajas de 2005 hasta encontrar una cinta de vídeo con la fecha del 16 de septiembre. Sofía conectó el reproductor a la pantalla.
La imagen mostró una habitación blanca. Clara, niña, estaba sentada frente a Julián. Tenía las muñecas vendadas.
"Elena, vamos a intentarlo otra vez", decía él. "Daniel no estaba en la casa."
"Sí estaba."
"Daniel te llevó después para ayudarte."
"Daniel empujó a mamá."
La Clara adulta se aferró a la mesa.
En el vídeo, una figura entró en plano. Daniel, con veintidós años, se agachó frente a la niña.
"Tu mamá se fue", dijo. "Si sigues diciendo esas cosas, Inés también se irá."
La niña empezó a llorar.
Sofía detuvo la cinta.
—Tenemos que salir.
Una alarma roja se encendió sobre la puerta.
El lector magnético pasó de verde a negro.
Alguien había bloqueado la sala desde fuera.