La inquilina que nunca existió Capítulo 10
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Capítulo 10

Marcos fotografió la libreta y guardó los originales en una bolsa de pruebas.

—Esto podría ser un registro de adopciones ilegales -dijo.

—O una lista inventada -respondió Sofía-. Necesitamos verificar nombres.

Clara examinó las pulseras. Algunas llevaban el logotipo de la Clínica Santa Elena; otras procedían de hospitales públicos.

—Mi madre trabajaba como restauradora de archivos -dijo Marcos.

Clara lo miró, sorprendida.

—Yo también.

—Sofía me lo contó. Entonces sabes que el papel guarda más de lo que dice. Impresoras, tintas, fibras, huellas. Si estos documentos son auténticos, podremos fecharlos.

—¿Y mientras tanto?

—Mientras tanto, no vuelves a tu casa ni al 4B.

El teléfono de Marcos sonó. Contestó, escuchó y se apartó hacia la ventana.

Cuando regresó, su expresión había cambiado.

—Aurelio León ha muerto.

Clara se sentó.

—¿Por el humo?

—Un paro cardíaco en la ambulancia.

—Tomás estaba allí.

—La policía no encontró a nadie.

—Yo lo oí.

—Tu testimonio cuenta, pero necesitamos identificarlo formalmente.

Marcos tomó su abrigo.

—Han registrado el 4B. No había grabadora, cintas ni caja. Solo un piso vacío cubierto de polvo.

Sofía soltó una maldición.

—Entramos hace menos de una hora.

—¿Los agentes vieron a Julián y Daniel?

—El edificio estaba vacío cuando llegaron.

Clara recordó la placa metálica dentro de la pared.

—Hay un paso entre el 4B y el 4A.

—La vecina no abrió la puerta.

—Alma.

—Según el administrador, la 4A está desocupada desde 2012.

Clara sintió que la habitación se alejaba.

—He estado dentro. Hay muebles, pájaros de cristal...

Marcos la observó con cautela.

—El equipo no encontró señales de que viva nadie.

—Está mintiendo Tomás.

—Es posible.

—No me mire así.

—¿Así cómo?

—Como si Daniel tuviera razón.

Marcos sostuvo su mirada.

—No conozco a Daniel. Solo conozco el tipo de caso en el que cada prueba desaparece cinco minutos antes de que llegue la policía. Eso significa una de dos cosas: que alguien poderoso controla el escenario o que el escenario se ha construido para que una sola persona lo vea.

—Yo también lo vi -dijo Sofía.

—Por eso sigo aquí.

Cuando Marcos se fue, Clara cerró la puerta con llave. Sofía colocó una silla bajo el picaporte.

—¿Qué significa "supervisión: D. Soria"? -preguntó.

—Daniel.

—En 2005 tenía veintidós años.

—Suficiente para obedecer a su padre.

Clara sacó de su bolsillo el colgante. Al tocar la golondrina, notó un relieve en el reverso. Lo examinó bajo la lámpara.

Había una inscripción diminuta:

17-B.

—La clínica tenía un archivo en el sótano -dijo Sofía-. Podría ser una referencia.

Clara abrió el portátil del hotel y buscó planos antiguos de Santa Elena. El edificio cerró en 2009 y fue convertido en una residencia privada. En una fotografía de la entrada aparecía un mosaico con una golondrina.

Descargó los planos disponibles en el archivo municipal. La numeración de las salas terminaba en doce.

Pero en el sótano figuraba un espacio sin descripción, marcado solo con dos caracteres:

17B.

Un correo entró en la cuenta de Clara.

El remitente era Inés Varela.

La fecha de envío estaba programada para cinco días después de su muerte.

Asunto: SI AURELIO HA MUERTO.

Clara abrió el mensaje.

Hija:

Si has llegado hasta aquí, Daniel ya sabe que recuerdas.

No busques a Vera.

Vera te está buscando a ti.