Capítulo 65. Krista
KRISTA
E ste apartamento podría ser perfecto —dice Amanda.
Me muero de aburrimiento. Estoy harta de mirar apartamentos en internet con Amanda y de fingir que me entusiasmo al verlos cuando sé perfectamente que no voy a vivir en ninguno de ellos. Ya comprendo que ella no lo sabe, pero me tiene sin cuidado.
¿Dónde está Blake? ¿Por qué no ha llegado a casa? ¿Se habrá muerto en el trayecto de vuelta?
—Es un edificio sin ascensor, pero el apartamento está en el primer piso —dice ella—. Y queda cerca del metro.
—Pongámoslo en la lista de posibles.
—¿Te gusta más que el de Park Slope?
Ya no recuerdo el otro apartamento, pero ella me mira expectante, así que respondo:
—Sí. Este sin duda es mejor.
—De acuerdo —asiente, pensativa—. Por cierto, me alegra mucho que estemos haciendo esto juntas, Krista. No creo que yo fuera capaz de encontrar un sitio por mi propia cuenta.
Bajo la vista a mi reloj y luego vuelvo a mirarla.
—Me alegro de poder ayudarte, Amanda.
Ella me lanza una sonrisa incómoda.
—No deberías llamarme así.
—¿Por qué no? —Estoy tratando de disimular mi irritación, pero no lo consigo—. Es tu nombre, ¿no?
—Sí, pero… —Se remueve en el sofá—. Si alguien descubriera mi verdadero nombre, sería fatal. Realmente fatal.
Eso ya lo sé, claro. No soy idiota.
—Tampoco te culpo. Whitney es un nombre bonito.
—¿Tú crees? —Hace una mueca—. Yo lo detesto, de hecho. Me parece el nombre de la típica chica popular del instituto con mala baba, esa que atormenta a las que no son tan guapas como ella. Sabes de qué tipo hablo, ¿no?
¿Qué significa eso ?
—Supongo que sí…
—En todo caso, no tengo la sensación de ser yo.
Como si no fuera suficiente que me haya robado el nombre, ¿encima resulta que ni le gusta ? ¡Qué caradura, esta chica! Me encantaría tomarme mi tiempo para hacer lo que quisiera con ella, tal como hice con Stacie, pero no puedo. Tiene que ser rápido, justo cuando Blake llegue a casa.
¿Dónde se ha metido, por cierto?
—Haría cualquier cosa para recuperar mi antigua identidad —dice, suspirando mientras se arrellana sobre los cojines.
—¿Y si pudieras escoger?
Ella deja su teléfono y me mira con curiosidad.
—¿Escoger?
—Sí. O sea, ¿y si te dijeran que puedes escoger entre recuperar tu antigua identidad y volver a tener a tu madre, viva y con salud?
Amanda me mira de una forma extraña.
—Querría volver a tener a mi madre. Obviamente.
No es esa la decisión que yo tomaría. Si pudiera escoger entre volver a ser Whitney y no ver nunca más a mi madre, me resultaría fácil elegir.
Cuando hay una elección, yo siempre opto por mí misma.
Me da igual volver a ver a mi madre, de todos modos.
Nunca nos hemos llevado bien, sobre todo después de que Joey se rompiera el brazo. Ella me odió desde entonces.
—Suena un poco ingrato, en conjunto —digo.
Ella frunce el ceño.
—¿Ingrato?
—Sí. Mírate, estás usando el nombre de otra persona y ni siquiera te gusta. Es una molestia para ti. —La miro de un modo penetrante—. Hay un montón de gente que estaría encantada con lo que se te ha concedido, ¿sabes?
Amanda se remueve de nuevo.
—Escucha —dice—, estoy pensando… que nos está costando mucho ponernos de acuerdo para elegir apartamento… Quizá no sea tan buena idea que vivamos juntas.
—Ah, ¿no?
—Quiero decir, me caes bien y tal… —se apresura a añadir.
Sí, ya.
—Pero dada toda la historia con Blake, quizá no sea buena idea.
¿La historia con Blake? ¿De qué habla? Se me acelera el corazón.
—¿Te has acostado con él? —le suelto a bocajarro. Como lo haya hecho, me lanzo a por ella sin más. Me da igual que no encaje la secuencia temporal.
—¿Qué? ¡No! —Abre de golpe los ojos como platos, pero no sé si es porque la he pillado o solo porque la he sorprendido—. Solo quería decir que él y yo no nos llevábamos bien. Yo jamás… —Recoge su bolso del suelo y vuelve a meter el teléfono dentro—. Mira, quizá sea mejor que me vaya.
Se levanta del sofá y yo me pongo de pie también. Quiere marcharse, pero no puedo permitírselo. Es ahora o nunca. Extiendo el brazo hacia las revistas de la mesita y rodeo con los dedos el mango del cuchillo.
Y es entonces cuando suena el timbre.
Amanda se despista un momento con el sonido de la campana, lo cual hace que me resulte mucho más fácil hundirle hasta el fondo el cuchillo en el vientre.