La inquilina Capítulo 61
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Capítulo 61

A manda va a salir antes del trabajo y me dice que llegará a casa sobre las siete, así que me presento allí una hora antes para darme margen.

Esta mañana le he dado a Blake una bolsa de galletas mezcladas con tetrodotoxina.

No está claro con qué rapidez actuará el veneno, pero no lo matará de inmediato.

He reducido la dosis lo suficiente como para calcular que sobrevivirá al menos entre cuatro y seis horas después de comerse las galletas.

Pero podría ser muy bien que no se las haya comido de inmediato.

La secuencia temporal es crucial. Cuando Amanda llegue a casa, Blake tiene que estar vivo o haber expirado poco antes.

Porque, si ya estuviera muerto, la policía no podrá pensar que él la ha matado a puñaladas.

Y es necesario que crean que él la ha asesinado y después se ha suicidado.

Dejaré el resto de la botellita de veneno en el cajón de la habitación.

La tetrodotoxina suele producir una muerte por fallo respiratorio.

A lo largo de varias horas, Blake tendrá cada vez más dificultades para hablar y tragar, y sentirá una confusión considerable, convulsiones y arritmias.

Por supuesto, cabe la posibilidad de que vaya al hospital, pero, dado que no tiene seguro médico, solo lo hará como último recurso.

Confío en que lo atribuya todo a una afección gripal y que trate de dormir para recobrarse.

Espero encontrarlo tendido en el sofá o en la cama, o tal vez muerto o con graves problemas respiratorios.

Todo esto es el desenlace previsto, pero, cuando abro la puerta de mi antiguo hogar, siento una inesperada oleada de tristeza.

Blake podría estar muerto.

No me sentí mal por matar a Elijah. Tenía una vida tan patética que fue casi como si lo estuviera liberando de su sufrimiento.

Tampoco me sentí mal en el caso de Stacie, que era una maldita zorra.

Ni en el caso del señor Zimmerly, que era un viejo infeliz.

Incluso con Jordan la sensación no fue igual.

Yo quería a Jordan, pero de un modo adolescente e inmaduro.

Con Blake es distinto. A él lo amaba con toda mi alma. Me había imaginado una vida a su lado de un modo muy concreto. Llevaba su anillo. Me veía formando una familia juntos. Y creía que él sentía lo mismo.

Y ahora…

Será duro verlo en nuestra cama, muerto o inconsciente, y saber con certeza que el futuro con el que soñamos se ha evaporado para siempre.

«¿Por qué me engañaste, Blake? ¿Por qué no podías haber sido un buen tipo, como yo creía que eras? ¿Por qué no podías haber hablado en serio cuando decías que me amabas a mí y solo a mí?».

El corazón me palpita mientras entro en la casa. Me voy directa al sofá, preparándome para lo que quizá me encuentre. Pero no. No está ahí. Debe de estar arriba, en la cama.

Subo por la escalera al primer piso, sabiendo que todo ha terminado. Estará en la cama, probablemente tan muerto como Elijah. Camino lo más despacio posible, resistiéndome a verlo. Pero entonces entro en la habitación…

Y tampoco está aquí.

Maldita sea. ¿Dónde se ha metido?

Tal vez se ha ido a urgencias, después de todo.

Yo contaba con que no haría tal cosa, pero quizá he calculado mal.

Y en ese caso se descubrirá el pastel. Los médicos de urgencias verán sin duda que ha sido envenenado y no les resultará difícil sumar dos y dos.

Sobre todo cuando encuentren esa nota que le he deslizado a Blake en el bolsillo.

Saco el teléfono del bolso, tratando de pensar cuál debe ser mi siguiente paso. Entonces veo que tengo una llamada perdida de él, así como un mensaje de texto. Lo leo y luego escucho el mensaje de voz.

Vale. Interesante .

A lo mejor esto acaba saliendo bien después de todo.