Capítulo 60
E strictamente hablando, no puede decirse que haya engañado a Blake.
Blake y yo estamos en un paréntesis y, mañana por la mañana, Malcolm le devolverá mi anillo. Además, él me engañó primero, así que yo tengo permitida al menos una pequeña licencia. Además, esto ha sido más que nada sexo por compasión, de manera que no creo que cuente siquiera.
Y ha sido una experiencia extremadamente mediocre, incluso un poco peor que mediocre, para ser totalmente sincera. Elijah no sabía muy bien qué hacer y ni siquiera ha habido preliminares, pero había entusiasmo y ha resultado más o menos como esperaba. A él le ha encantado; algo es algo.
Ya ha transcurrido una hora y tengo que marcharme.
Vuelvo a ponerme ese vestido corto ceñido de color verde que a Blake solía arrancarle siempre un cumplido.
Recuerdo que me deslizaba los dedos por la parte baja de la espalda y me decía lo sexy que estaba.
Siempre le encantaba que me pusiera de punta en blanco.
Una vez vestida, me echo un vistazo en el espejo del baño.
Se me ve cansada, pero todavía con buen aspecto.
Me quedan un montón de años decentes por delante, antes de que empiece a parecer mayor.
Tengo una mancha de color rojo oscuro en la barbilla y la restriego con jabón hasta que desaparece.
Me suelto el moño y me recojo el pelo en lo alto de la cabeza, de manera que, en vez de parecer desaliñado, tenga un aire alborotado pero estiloso, tal como le gusta a Blake.
Cuando me quedo satisfecha, salgo del baño y vuelvo al dormitorio para decirle adiós a Elijah.
Está tendido en la cama, con el atisbo de una sonrisa satisfecha en los labios. Para mí esto ha sido mediocre, pero para él ha sido una locura. Me ha dado las gracias al terminar, lo cual me ha parecido adorable de su parte. Tiene los brazos extendidos a cada lado, totalmente inmóviles.
Y también la garganta abierta por un tajo ensangrentado.
Me ha sabido mal hacerlo. De verdad. Pero Elijah sabía demasiado sobre mí, y su encaprichamiento conmigo era casi enfermizo. Es mejor así.
En todo caso, no soy tan mala persona. Le he hecho pasar un buen rato antes de cortarle la garganta.
Se ha marchado de este mundo en plena explosión.
Y he esperado a que estuviera adormilado y satisfecho para hacerlo.
Ha sido cosa de una fracción de segundo; él apenas se ha enterado de que se estaba muriendo.
Mañana va a ser un día muy ajetreado y no me habría gustado que Elijah estuviera sufriendo por mí como una mamá clueca. Ya tengo todo lo que necesitaba de él.
—Adiós, Elijah —le digo.
Él no responde.
No me marcho de inmediato. Voy a limpiar todo lo que he tocado en el apartamento. Y, antes de salir, debo esperar a que no haya moros en la costa y no pueda reconocerme nadie del edificio. Por lo demás, me da la sensación de que Elijah no tenía muchos amigos. No hay nada que pueda conectarnos.
Resulta gratificante ir tachando tareas de la lista. Primero el señor Zimmerly, luego Stacie y ahora Elijah. Solo me quedan dos más. Mañana lo habré arreglado todo.