La inquilina Capítulo 58
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Capítulo 58

S tacie Parker sigue los mismos horarios cada sábado por la noche. La he estado vigilando, así que lo sé con certeza.

No puedo creer que a Blake le gustara esa mujer. No puedo creer que tirase por la borda todo lo que teníamos por ella.

Una cosa que debo reconocerle es que no se da por vencido con facilidad.

Desde que me marché, me ha estado llamando y enviando mensajes sin parar.

Becky ha tratado de convencerme para que lo bloqueara, pero a mí me gusta verlo sufrir.

Me gustaron sobre todo los mensajes que me mandó al descubrir que el señor Zimmerly estaba muerto.

Eso debió de suponer toda una conmoción para él.

El señor Zimmerly también se quedó conmocionado cuando lo golpeé en la cabeza.

No sabía muy bien qué usar, pero acabé decantándome por ese reloj antiguo que compramos en un mercadillo.

Las huellas de Blake estarán sin duda en él, así que me pareció una buena forma de decir adiós a nuestra vida juntos.

Es solo cuestión de tiempo que la policía acabe sacando conclusiones.

Ahora mismo, estoy sentada en el coche de Malcolm frente al edificio de Stacie. No he pedido permiso para cogerlo prestado, pero sabía que ellos no iban a salir y no lo echarían de menos. Necesito un vehículo para lo que tengo que hacer a continuación.

Poco después de las ocho, Stacie sale de su edificio tambaleante, con aspecto de estar ya un poco borracha. Mejor. Eso facilitará mucho las cosas.

Ni siquiera lleva una chaqueta encima, y está temblando de frío con este aire de las noches de noviembre.

Seguro que ya ha pedido un Uber, así que tengo que darme prisa.

Me detengo frente a su edificio y bajo la ventanilla antes de que ella pueda comprobar la matrícula, aunque no parece el tipo de persona precavida que haría tal cosa.

—¿Stacie? ¿Ha pedido un Uber?

Ella me sonríe.

—Sí, gracias.

Y sube al coche, cerrando la puerta. Hay otro coche que está entrando en la calle, pero yo me alejo deprisa antes de que llegue.

—Tengo botellas de agua detrás, si quiere —le digo.

—¡Ah, gracias! —contesta Stacie—. ¡Las conductoras de Uber son mucho más consideradas! ¡Seguro que le voy a dar cinco estrellas!

El agua de detrás está pensada para dos cosas. En primer lugar, la distraerá de su teléfono, de manera que no se dará cuenta de que el Uber que ha pedido no es el mismo que el que la ha recogido. En segundo lugar, he inyectado algo en las botellas con una aguja muy fina.

—Bueno —digo con un tono jovial—, ¿algún plan divertido para esta noche?

—Eso siempre. —Stacie suelta una risita—. Aunque esta noche solo voy a salir con las chicas.

—¿Ningún novio?

—No. Ahora mismo no, es una lástima.

Miro por el retrovisor y veo que está bebiendo agua de una botella. Bien. No tardará en sentirse soñolienta. Le he puesto más cantidad de sedante que la que usé en las galletas que tumbaron a Blake antes de cogerle el teléfono y esconderlo en la habitación de Amanda.

Blake tenía una foto mía en su escritorio de la oficina, así que me preocupaba un poco que Stacie fuera a reconocerme.

Por eso me compré una peluca barata y me he maquillado de un modo creativo.

Pero no debería haberme preocupado. Stacie no parece interesada en mí en lo más mínimo y, además, solo me ve por detrás.

También he puesto una emisora de música pop con el volumen alto, por si se diera la remota posibilidad de que reconociera mi voz.

—Resulta difícil creer que está soltera —comento—. O sea, si usted no tiene novio, ¿qué esperanza nos queda a las demás?

Stacie se echa a reír.

—Se sorprendería. Es más difícil de lo que cree, incluso para mí. Todos los buenos ya están adjudicados.

Aprieto la mandíbula.

—Ah, ¿sí?

—Sí, créame.

—¿Y en su trabajo? He oído decir que es un buen sitio para conocer gente. Bueno, qué voy a saber yo. —Me río con ganas.

—Oh, no. —Veo por el retrovisor que menea la cabeza con energía—. Lo intenté una vez y no funcionó.

—Parece una historia interesante…

Tengo la esperanza de que Stacie sea el tipo de persona que disfruta hablando de sí misma. Desde luego lo parece.

—No tan interesante —dice—. Había un tipo… que no era exactamente mi jefe, pero estaba justo por debajo de mi jefe. En fin, era supersexy. A mí me gustaba mucho.

—Cuesta imaginar que usted no le gustara a él.

—Oh, sí, ya lo creo que le gustaba —me asegura, y a mí me entran ganas de estrangularla ahora mismo.

Pero no, aún no. Esperemos a que el sedante surta efecto—.

Pero resulta que ya estaba prometido con otra chica, una de esas novias perfectas, al parecer.

Creí que podría seducirlo y alejarlo de ella. Y me faltó poco para conseguirlo.

—Ah, ¿sí? ¿Se lio con él?

—Una vez. En su despacho. —Suelta otra vez su risita—. Fue la bomba.

Ahí está. La confirmación de que Blake me engañó con Stacie. Estaba segura al noventa y nueve por ciento de que era cierto, pero ahora lo estoy al cien por cien.

Ese hijo de puta me engañó de verdad. Yo lo amaba con toda mi alma y creía que él me amaba igualmente. Se suponía que íbamos a pasar juntos el resto de nuestra vida. Lo ha arruinado todo .

Así que no debo sentirme mal por lo que está a punto de suceder.

—¿Y qué falló? —pregunto—. ¿Por qué no dejó a su prometida?

Vuelvo a mirar por el retrovisor, justo a tiempo para sorprenderla poniendo los ojos en blanco.

—Después de liarnos, él se puso bastante idiota. No paraba de decir que había sido un error enorme, que no podía volver a suceder nunca más, que quería muchísimo a su prometida y bla, bla, bla. Fue pero que muy patético. Le perdí completamente el respeto después de aquello.

Yo también.

Stacie suelta un ruidoso bostezo y apoya la cabeza en la ventanilla.

—Por Dios, ¿por qué estoy tan cansada? Solo son las ocho. Me estoy haciendo vieja.

—Si quiere cerrar los ojos, la despertaré cuando lleguemos allí.

Ella sonríe con aire adormilado.

—Gracias. Es usted un cielo.

Al cabo de unos minutos, se ha quedado inconsciente en el asiento trasero. Mejor así, porque a estas alturas habría notado que no vamos ni mucho menos al sitio donde ha quedado con sus amigas para tomar unas copas.

Pero el sedante no durará eternamente. Por eso tengo a mi lado también una botella de cloroformo.

Con esto quedará noqueada el tiempo suficiente para poder atarle las muñecas y los tobillos con cinta adhesiva cuando lleguemos a nuestro destino final, que es una zona boscosa no muy lejos de Telmont, donde yo vivía, en New Jersey.

Y entonces Stacie Parker y yo vamos a divertirnos un poco. Bueno, al menos yo. Y, cuando se acabe la diversión, voy a llevarle a Blake un pequeño souvenir para la cocina. Creo que le va a gustar de verdad.