Capítulo 53
A manda lleva una semana viviendo con nosotros.
Ya he sorprendido a Blake y Amanda sentados en el sofá en mitad de la noche, un poquito demasiado cerca, mirando juntos la televisión. Si los dejara solos, sería solo una cuestión de tiempo que sucediera algo entre ambos: infiel una vez, infiel para siempre.
Pero esa posibilidad está descartada. Porque, a partir de mañana, Blake y Amanda se odiarán mutuamente.
Esta mañana me levanto muy temprano, cuando Blake todavía está profundamente dormido en la cama.
Quería asegurarme de que dormía toda la noche, así que ayer le preparé unas galletas mezcladas con un sedante.
Lo conseguí la semana pasada, cuando convencí a mi médico para que me lo recetara inventándome que tenía problemas de insomnio.
Tampoco me resultó difícil fingir; de hecho, estoy durmiendo menos horas desde que descubrí que estaba prometida a un hombre infiel.
Probé una de esas galletas y, a decir verdad, si prestabas atención, tenía un regusto amargo, pero era algo casi imperceptible.
Blake no lo notó cuando se comió tres anoche.
Quería asegurarme de que estaba dormido, porque tengo que hacer un montón de cosas.
Oí que le decía a Amanda que podían compartir sus Frosties.
Por supuesto, era previsible que se mostrase amable con una chica guapa.
Pero resulta que Amanda está a punto de abusar de su amabilidad.
Cojo la caja de Frosties de la encimera, que está casi a la mitad, y la vacío toda en el triturador de basura.
Mi siguiente paso es coger dos manzanas del cuenco de la fruta y meterlas en una bolsita de papel.
Me subo a la encimera y dejo la bolsa en el estante superior del armario.
Llevará un poco de tiempo, pero estas manzanas acabarán pudriéndose.
Ya solemos tener mosquitas de la fruta aquí, así que, con un poco de estímulo y una fuente de alimento, aparecerán por todas partes.
Blake es un obseso de la limpieza y esto lo sacará de quicio.
La siguiente parada la hago en el baño, donde vacío a conciencia su gel y su champú, así como la mayor parte de su dentífrico. Mis productos no los toco. Puede usarlos si quiere, aunque alguna vez ha comentado que le revienta «oler como una chica».
Por último, saco una botella de detergente para la ropa que compré y dejé escondida en el armario del pasillo.
Blake es muy alérgico a cualquier detergente aromatizado, sobre todo a los que contienen un producto químico llamado limoneno.
Eso lo descubrí al principio de nuestra relación, cuando decidí lavar algunas de sus prendas para actuar como una buena novia y él se alarmó porque yo usaba detergente con limoneno.
«Me sale una erupción terrible incluso con una pequeña cantidad».
Ese dato ha resultado ser muy útil ahora.
Vierto con cuidado una cucharada de mi detergente en el hipoalergénico de Blake.
Cierro la botella y la agito bien para que se disuelva el limoneno.
Vuelvo a abrirla y acerco la nariz. No percibo el aroma cítrico, pero todas sus prendas quedarán impregnadas de esta sustancia la próxima vez que él haga la colada.
Blake no sospechará de mí. Al fin y al cabo, llevamos meses viviendo juntos. Amanda es el único factor nuevo en la ecuación.
Muy pronto dejarán de coquetear entre ellos. Van a odiarse.
Y esto solo es el principio.